Arte huichol de Brandon Rodríguez en piezas de dulce de alfeñique que trascienden fronteras

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Brandon Rodríguez de Paz se siente orgulloso de ostentar el legado familiar como artesano del alfeñique en Toluca, destacándose, con apenas 26 años de edad, por incorporar a algunas de sus piezas detalles del arte huichol, algunas de las cuales ya han trascendido fronteras. Su deseo es, justamente, proyectarse y se reconocidos como artesanos más que comerciantes, con el objetivo de que la gente aprecie esta colorida tradición y su profundo significado, y que con ello, perdure.

Brandon Rodríguez estudió la licenciatura en comunicación, pero el alfeñique ha estado presente en su familia prácticamente toda su vida. Su abuelita, doña Esperanza Mondragón (q.e.p.d.) se dedicó a la elaboración de figuras de alfeñique durante más de 60 años, lo transmitió a sus hijos, y a sus nietos.

En el puesto #39 de la Feria del Alfeñique Toluca 2019, en Los Portales, Brandon Rodríguez expresó que su intención ha sido retomar esta actividad y “solidificar ese sentido, hacer que se dé a conocer un poco más. Que se nos tome en cuenta como lo que somos: artesanos, no como comerciantes, y eso sería para todos, tanto para los compañeros como para las autoridades, porque hay poco interés”.

Y es que a pesar de las muchas actividades de Alfeñique Toluca 2019 Feria y Festival Internacional, Brandon consideró que los visitantes están más enfocados, quizás, en consumir las una golosina y pasear, más que en conocer la tradición del alfeñique y el significado de la celebración del día de muertos.

Brandon Rodríguez lleva apenas unos dos años participando en la elaboración y decoración de piezas de alfeñique y calaveras de azúcar, pero sus creaciones han llamado la atención, pues incorpora el arte huichol y detalles geométricos, con colores muy vivos.

“Me emociona mucho darle un nuevo estilo a este tipo de artesanía, darle un estilo diferente me llena de gratitud, porque es algo que aprendí de mi familia. En este sentido, me siento agradecido de poder darle continuidad a esto, de una manera distinta, pero sin perder la esencia”, declaró.

¿Cómo se te ocurrió fusionar el alfeñique con el arte huichol?

“El arte huichol es algo que siempre me ha gustado; las artesanías en general pero el arte huichol mucho más. Me di cuenta de la textura que puede dejar la pasta se puede manipular de distintas formas, incluso hasta como si fuese un pincel, entonces hace un año implementé el puntillismo en las calaveras. Una de mis piezas ganó el primer lugar de modelado de azúcar y continué con esa línea de puntillismo, para este año trabajé un poco más con el degradado de colores, y espero que tenga un buen resultado”.

Brandon explicó que aunque mucha gente ha admirado y reconocido su trabajo, al grado de que dos de sus piezas tuvieron como destino el extranjero, no ha sido así del todo entre otros artesanos. “A la gente de aquí (de la Feria) no le ha caído muy bien y se sienten tal vez un poco ofendidos, por mi edad, no sé. Se han mostrado un poco renuentes, pero afortunadamente ha salido y en general ha sido bien aceptada”.

Su pieza premiada el año pasado se exhibe en el Museo del Alfeñique, se trata de un borreguito que tiene en los costados dos hikuri (peyote); complementan la decoración líneas y diseños geométricos en color morado, “esa es digamos, la aportación personal. En la parte de enfrente tiene un Quetzal con un juego de yuxtaposiciones geométricas en el pecho”.

Actualmente en su puesto, exhibe una calavera que viene siendo “hermana” del borreguito, por lo parecido del diseño, la cual ofrece por un costo de 1000 pesos.

La primera de sus creaciones que trascendió fronteras fue una calavera que decoró en los costados con un sol y una luna, y en la parte de atrás representó a Frida Kahlo. El comprador es originario de Houston, Texas y pagó mil 200 pesos el año pasado. Este año, argentinos compraron una de sus calaveras por 40 dólares (unos 800 pesos), con la intención de exhibirla en un restaurante en Panamá. “Considero que es poco pero al final de alguna forma se va dando a conocer el trabajo y es lo importante, que se vayan a otras partes y que sea más valorado el trabajo como tal”, explicó.

“Este es el segundo año, la verdad es que a pesar de haber hecho varias piezas este año, siento que me quede corto, y espero que el próximo año tenga la oportunidad de trabajar un poco más y de llevarlo a otras partes”, dijo.

Reconoció que la elaboración puede ser “muy rápida”, entre una o dos semanas. “Lo que a veces se me complica más es el diseño; puedo estar horas sentado frente a la pieza y no saber qué hacer, eso es lo que me puede llevar más”.

Brandon consideró que parte de valorar las tradiciones, depende mucho de la difusión y el reconocimiento de las propias autoridades, pues este año predominó la parte comercial. “No veo que las autoridades hayan hecho algo para que esto se vea más vivo, más que dar lugares a diestra y siniestra para que la gente venga a tenderse en las plazas y demás. Es la diferencia que puede haber, nosotros no somos comerciantes como tal, somos artesanos que no solamente comercian con calaveritas de azúcar sino con el significado de nuestras tradiciones, entonces eso es lo que nos diferencia”.

Reconoció que él mismo comenzó a apreciar la tradición del alfeñique, en gran parte porque comenzó a trabajarlo, pero también debido al fallecimiento de su abuelita, doña Esperanza Mondragón. “Tengo dos años apenas en esto y creo que me está gustando, me estoy realmente empapando de todo esto; lo hace un poco más significativo el hecho de que hasta hace un año no había perdido a mi abuela y ahora ya cuando falleció como que realmente el Día de Muertos ya tiene un sentido para mí”.

“El significado que compartimos en casa es el hecho de que, de alguna manera con el alfeñique se endulza el trago amargo del duelo, de perder a un familiar, y que con el hecho de poner la ofrenda, de alguna manera se mantienen vivas estas personas, es algo que me llena de mucha alegría”, explicó.

Brandon considera que se puede hacer mucho más para que la gente tome consciencia de la riqueza cultural de la tradición del alfeñique, y darle mayor empuje, pues es algo que se está perdiendo. “Y no lo digo porque las ventas sean más bajas, sino porque es cierto, las costumbres se están perdiendo, se están mezclando con otras cosas. La gente a veces celebra más el halloween que el día  muertos, ya no se van a velar a los panteones, y a lo mejor se pueden modificar las tradiciones, pero que no se pierdan, eso es lo importante”.

LEGADO FAMILIAR

Guadalupe de Paz, mamá de Brandon, lleva 26 años trabajando el alfeñique. Lo aprendió de su suegra, de quien recuerda, fue una de las iniciadoras en la Feria del Alfeñique: “Platicaba que cuando ellos empezaron nada más había dos puestos pequeños”, recordó.

Señaló que la elaboración del alfeñique implica mucho trabajo. Su familia comienza la elaboración del alfeñique entre los meses de marzo y abril, pasando Semana Santa.

Para darnos una idea de lo laborioso y detallado del trabajo, comentó: “En una ocasión me puse a contar los puntitos, y en un solo lado de un borrego mediano, conté 300 puntitos. Yo soy quien decora el punteado y conté 300 puntitos de un solo lado, aproximadamente. A mí me gusta mucho realizarlo, vine a caer como nuera y finalmente para mí está muy bien”.

Sus otros hijos, Diego e Itzel, también trabajan en la elaboración de piezas de chocolate o decoración del alfeñique, con lo que se busca dar continuidad a la tradición familiar.

En su puesto también ofrecen otras piezas tradicionales de chocolate las tradicionales puchas, dulces de pepita, figuras en miniatura y papel picado. Destaca también la figura de una calavera vestida de novia elaborada con papel maché.