UN TROCITO DE AMOR (FRAGMENTO)
Rosita llegó a su casa.
⎯ No le digas a mamá que estuve platicando con ese joven, ya ves como es.
Y la fiel mucama asintió.
En la tarde explotó el petardo de la alegría. Aunque faltaban doce días para la mera fiesta, los rancheros de los pueblitos cercanos bajaban a la feria. David tomó el micrófono y empezó a invitar a la gente:
⎯ Primera tanda, primera, vea a muñecos con vida, en una obra que gustará a chicos y grandes. Venga usted, pase, pase, solo veinte pesitos el boleto. Carpa López y su cuadro de actores lo invitan. ¡Pase usted! ¡Boletos a la venta! ¡Primera tanda!
Esta tarde David estaba especialmente alegre; sabía que lo que decía estaba bien. No haber ocultado a Rosita su profesión de titiritero lo había puesto bien consigo mismo. Dejó el micrófono y reflexionó: Me enorgullece lo que hago: Títeres para adultos. El teatro de títeres no es hacer que dos conejos se disputen una zanahoria. Esas son pendejadas. Por eso los títeres son tan aburridos y cansan a los niños. No, los títeres es un arte más allá, hacerlos “didácticos” los convierten en burócratas. Imaginar, crear.
Para reafirmar su convicción recordó cuando suplió a los conejitos por Shakespeare, cuando dramatizó Diles que no me Maten de Juan Rulfo y como entendían en los pueblos, con abundancia de público campesino la dramatización de La Muerte Tiene Permiso de Edmundo Valadés.
Y luego lo mío, sin necesidad de adaptar, escribir especialmente para títeres y el gusto de darles vida a mis guiones… y creo que gustan, y mucho.
Volvió a tomar el micrófono: Dentro de media hora los invitamos a la primera tanda. Les presentaremos una interesante historia: una historia de amor. Venga, asista, solo veinte pesitos. La compañía de títeres “López” le invita a su función.
David tornó a dejar el micrófono y siguió con su soliloquio:
Estoy en lo correcto. Cada día descubro más potencialidades. Es difícil que este arte muera; casi no se invierte y es más fresco. Lo noto en que la gente que entra una vez, regresa. La cosa es que compren su boleto, ya adentro, yo me encargo de atraparlos.
¿Tendrá el títere más impacto, más fuerza expresiva que los actores de carne y hueso? Solo yo sé que sí. Y David se acordó como en la ciudad de México, en plena colonia Roma, representaron Hamle”. Y así se los decía el viejo Don Antonio: Si de un lado está un actor y del otro lado un títere parlando el monólogo de Hamlet, tengan por seguro que los ojos del público se van con el títere. Y una vez David lo hizo: un títere en un extremo y un actor (él mismo) en el lado contrario representaban a Chejov, el inmortal autor ruso y solo porque lo vivió, lo creyó: la gente se fue con el títere.
¿Por qué esto? porque la fuerza del títere es más grande, te ayuda a entender más la metáfora del teatro” ⎯repetía el viejo⎯ y además, el títere como que tiene un halo mágico; esa magia parte de un hecho fascinante: gracias a la habilidad, a la manipulación de los actores, el títere, que es materia muerta, cobra vida. Un actor puede deslumbrarte por la calidad de su actuación, pero un títere siempre te sorprenderá y te envolverá con su magia.
David tomó otra vez el micrófono y vio su reloj: personas que me escuchan, dentro de diez minutos empezará la primera tanda. Primera llamada. Dejó el micrófono, medio abrió el teloncito y se dio cuenta que ya había algo de público, doce, quince gentes, no mucho, pero como habían estado las cosas en el otro pueblo, estaba súper-bien.
Ya estaba listo el equipo. Otra función iba a empezar en la carpa, en tanto en la casa de Rosita la función no era tan grata:
⎯ Sabías que íbamos a salir Rodolfo, ¡vienes borracho!
⎯So-lo fueron cinco co-ñaquitos Rosi… vente.
⎯ ¿Cómo voy a salir contigo? Mejor componte, o de una vez llénate y mañana nos vemos.
⎯A…an-dale… ah… y cuidado con platicar… ya me dijeron.
⎯ Si hombre, mañana nos vemos.
Rodolfo se fue caminando no muy derecho y la madre conminó a Rosita:
⎯ Muy dura con él, ¿no?
⎯ Velo como viene mamá. ¿Es justo? Y más sabiendo que íbamos a ir a dar una vuelta a la feria.
⎯Por cierto, ¿qué platicaste con un joven fuereño?
⎯ ¡¿Te dijo Chona?! (por bajo)… ¡pendeja!
⎯ ¿Qué?
⎯ Nada mamá. Si, platiqué con un muchacho que viene con la feria, y qué, ¿tiene algo de malo?
⎯ Hija. Recuerda que estás comprometida.
⎯ Estoy comprometida, no vendida y aunque así fuera, tú ya me conoces como soy.
⎯ Ya, ya. Ahora que piensas hacer. Ya sé, acompáñame a la iglesia.
⎯ No… a ver que hago. Voy a subir a ver la tele. Luego la vemos.
La función resultó buena a secas. David, el viejo Don Antonio, Sabinita y Laura como era su costumbre no pusieron toda la carne en el asador en la primera función, y aun así la entrada fue excelente: 26 gentes se retrataron con su boleto, David, jovial, contento, tomó el micrófono para anunciar la segunda y última tanda del día.
Rosita, desde que lo vio, vive con una como angustia en el corazón. No se puede olvidar de ese mocetón que destila nobleza y en cuyos ojos vio tantas cosas. ¿Cómo dijo que se llamaba?, David y que es titiritero. Titiritero, ja, ja. Y se ve tan formal, tan hombre. Encendió la televisión: un idiota programa de concursos. Cambio de canal: Le encantaban las telenovelas, pero hoy no tenía ganas de ver ninguna. Apagó el aparato, se colocó frente al espejo, se puso un poco de maquillaje, rimel, lápiz labial y bajó volando las escaleras.
⎯ ¡Mamá!, ¡al rato vengo!
⎯ Se fue a misa, niña ¿no quiere que la acompañe?
⎯ No Chona. No me tardo. Ah, y no andes de chismosa.
La casa de Rosita era un caserón, comparada con las demás casas del pueblo; afuera siempre estaba la Charger del padre, que por cierto siempre andaba en la grilla política y en el garaje un Ford Mustang del año que servía para ir a la capital del estado. Rosita salió dando un portazo y se dirigió a la plaza, a darse una vueltecita por la feria. No tenía temor de que algún joven la abordara: en el pueblo era ley no escrita que la novia pedida y dada era intocable y aunque era ⎯todavía⎯ el partido femenino más apetecible del pueblo, los demás jóvenes nomás la saludaban de lejos. Nerviosa, hablantina, coqueta, hacía contraste con Rodolfo, más taciturno, seriote, que cuando bebía se volvía cancionero, roncador y hasta agresivo. Como corroborando lo que decía David: En los pueblos de México muchos chavos se creen “Pedritos Infantes”.
⎯ Quince minutos para la segunda tanda, quince minutos. Venga, acérquese y vea a títeres con vida. Llore y ría con nosotros. Pregunte a quien ya los vio. Veinte pesitos, veinte. Primera llamada, primera. El ruido casi no deja oír la voz de David, los repiques de las campanas de la iglesia, los cohetones que quieren deshacer las nubes, las complacencias musicales del sonido de la rueda de la fortuna: ¡Caballeros y damitas! Del gran compositor José Alfredo Jiménez, en la voz del charro inmortal Jorge Negrete, ELLA… canción dedicada por el joven Lázaro a la simpática señorita Silvia.
Y luego luego el vozarrón salía de las bocinas: Me canseeee de rogarle. Me cansé de decirle que yo sin ella, de pena muerooo. Se revuelve la voz del charro cantor junto con la voz de David: Segunda llamada, segunda, pase usted a la función, pase usted.
⎯ Ésta nos tiene que salir mejor⎯, mientras anuncia, su cerebro reafirma su credo. Pásele, pásele. Sube la voz.
Rosita mira todo. Mira los vestidos de un puesto, la ropa interior en otro. No pregunta. Cuando sube la vista y ve girar a una rueda de la fortuna que ayer no estaba, se acuerda de David. ¿Ahí trabajará? Y curiosa, por ahí va a buscar.
⎯ Pásele, pásele. Conozca a la anaconda, la víbora más grande del mundo capaz de comerse a un león, pásele. Y el carro tráiler, ingeniosamente construido es a la vez muestrario y taquilla. Las láminas del trailer muestran un lujurioso paisaje de hojas enormes, árboles, loros, monos y emergiendo, una enorme víbora.
FIN DEL FRAGMENTO

