Fiebre roja

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Las calles se llenan de camisas rojas de diferentes espacios y tiempos, algunas tienen detalles blancos infernales en las mangas, la mayoría lisas sin decorativos, con Victoria o Banamex en el abdomen; otras con detalles en blanco formando una V, cubriendo el pecho, o conmemorando el centenario; pero todas éstas con una característica en común: el escudo del Deportivo Toluca.

–¿Dónde estará ella?–pregunta Iker, digo A, (esto de destruir personajes es nuevo para mí, perdonen si algunas veces me equivocó). Poco a poco avanza en la cola de espera, está por entrar al inmueble dos veces mundialistas y renovado. Se sale y vuelve a formarse. Toma su teléfono de marca americana y le marca a Pamela, digo, ella si conserva su nombre de su otro personaje, torpe, torpe, torpe [se pega en la cabeza]. Nuevamente una disculpa lector).

En su auto y en presencia de su mamá ella contesta:–Hola, ya estoy a cinco minutos. Sigue formado–. –Está bien, la cola está un poco larga.– miente A quien se acaba de volver a formar. Misma situación, Pamela no llega y el chico vuelve a salir de la fila. La tercera es la vencida, pues antes de pasar puede ver a su mejor amiga.

–Te veo adentro.­–dice ella al ver que él ya estaba por entrar. El chico pasa y entra a una parte del estadio donde nunca había estado, donde los organizadores de la porra local inician. Espera ansiosamente la entrada de Pamela, tiene más de más de dos meses que no la ve. Por fin, la ve pasar por seguridad y se reencuentran detrás de un abrazo.

–La de seguridad me desacomodó el brasier, ¿siempre son así?– pregunta ella. –La verdad es que es la primera vez que estoy en esta parte del Estadio, así que no te puedo contestar M.A  – Se me olvidaba, aquí tienes tu playera para no desentonar.– agrega nerviosamente el chico. Ella se pone la playera roja sobre la blusa que traía puesta. Para él ya había sido una eternidad el tiempo que no se vio con ella.

Se sientan en las gradas de hasta bajo, ante la poca o nula visibilidad, Pamela sugiere cambiar de lugares. Ambos protagonistas suben hasta el tercer nivel. La afición del Toluca llenó casi medio estadio para apoyar a la femenil sin hacer pago, ¿es esto justo? Al menos ya existe liga femenil y se permite que jueguen en los estadios, por algo se inicia. Suena el silbato y comienza el partido de cuartos de final, entre diablas y rayadas.

–Nunca te había visto así– comenta Pamela burlándose un poco al ver los reacciones de A en el medio tiempo. Ojalá pudiera recordar más de lo que sucedió aquel día. Se tomaron una foto y la subieron a la red social amarilla. Pronto el celular de A vibró y en las notificaciones leyó un mensaje de C…: “Ya anden”.  No era como si A no quisiera.

Ojalá pudiera recordar más de ese día, pero la memoria y el recuerdo no son fáciles de recuperar. Tengo pequeñas imágenes de los hechos como que él le enseñó las porras a “La chica futbolista” (apodo con el que él algunas veces la llamaba), hasta la obligó a cantar; el partido finaliza cero a cero y ambos salen a la calle, allí se encuentran con la madre de Pamela. ­–Me avisas cuando llegues– menciona ella antes de irse.

Elegí está anécdota como primer capítulo, no hay una razón en específico o tal vez la haya, depende de ti querido lector deducir los indicios y reconstruir la historia; espero volver a ver tus ojos postrados en mis palabras.

Referencia a La chica futbolista