Un día menos de vida
Estuve en diciembre dando vueltas entre las obligaciones del día, los
preparativos de la boda, la cena de navidad y año nuevo, por más que
intentaba desenrollar mis cuentos, anclarme en un tema para escribir, lo único
que encontraba a mi paso era la hoja en blanco.
Para lo único que servían mis dedos era para fregar los platos o desvenar
chiles.
Después de todo, a mis conocidos les dio por casarse en diciembre. Y para
rematar el mismo día, por obvias razones, sólo pude acudir a una ceremonia.
Quizá me apandé con la homilía de la ceremonia religiosa o que la novia al
momento de hacer el ritual del muertito, recargó todo su peso en mí y me dejó
con dolor de cadera.
Es posible que mi hoja en blanco haya quedado así después de que asistí a un
encuentro de poetas, mi oído siempre escucha beldades y me traiciona al
momento de querer exponer mis textos; me sentí en un océano sin salvavidas
con una docena de tiburones a punto de tragarme.
Confieso que leí poco, tres para ser exactos. Fuimos la penúltima mesa; la
noche nos ganó y trayecto de regreso era suficiente para salir corriendo en
compañía del maps. Después de todo sólo era una anónima con una plaquet
de un hombre cualquiera.
Pero este ya es un nuevo año, para algunos es un comienzo, para mi es
retomar lo dejado, volver a trabajar en la hoja en blanco y escribir, escribir todo
lo que pueda, porque cada día es uno menos.

