Miento, miento
Miento siempre,
a veces con un quizá
por ahí por defensa
o clemencia
y mis mentiras son amarillas
como el sol
son agradables
nunca pérfidas,
al menos eso creo
algunas nacen pequeñas
y mueren gigantes.
Mis mentiras
son necesarias
yo mismo soy la mentira encarnada
con buenos frutos
que nunca son descubiertos,
pero ahora que la memoria mía
empieza a fallar
no hablo en ningún territorio
ni blanco ni negro
y me escondo en una neutralidad
lejos del sí o del no,
amparado en el no me acuerdo,
de descubrirme
me apedrearían
me torturarían.
Jamás podrán entender que lo hice por su felicidad
y ahora que en cualquier momento
me pongo mi pijama de madera,
suspiro y hago un recuento de mis mentiras
y me asombro de tanta urdimbre
de tanta canasta vacía
de tanta boca sin pintar
de tanto amante solitario
de tanta sonrisa sin destinatario
y sólo pido que
alguien me mienta,
para compartir, sin que me dé cuenta,
porque no soy el único, ¿o sí?

