Latinoamérica y sus libros

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La lista de libros que desglosa nuestro autor mexicano Carlos Fuentes, al hacer la revisión Jordi Gracia, escritor español, sobre un curso personal de novela como llama al nuevo libro del mexicano allá en España, refleja lo que debe ser una cosa cierta: cuando se busca dominar todo el panorama de nuestra gran literatura latinoamericana, es lógico que se escapen, como en toda antología, varios autores que son vitales para el estudio de nuestra narrativa o literatura en este continente donde se habla el español y el portugués.

 

Comienzo citando el final del estudio de Gracia, al señalar que en la Historia de la novela latinoamericana de Fuentes faltan autores fundamentales de fin del siglo XX y de éste que vivimos. En todo caso, los análisis que allí comparecen van desde alguien que es poco nuevo y muy bueno, como Ricardo Piglia y Blanco Nocturno, hasta uno que siendo nuevo tiene una obra ya rotunda, como Juan Gabriel Vásquez. De la ficción argentina que es la más rica de Hispanoamérica y pese a ello apenas se menciona de pasada a Ernesto Sábato —como si siguiese descolocado en su infierno— y puede que haya una lógica implícita en la ausencia de un Manuel Puig, o la mucho más llamativa y extraña del chileno Roberto Bolaños.

 

Ya me imagino ahora que tenga en sus manos el libro, y para su lectura y estudio nuestro querido amigo, Ricardo X Garduño, especialista en letras latinoamericanas, que podrá revisar cuáles autores y que profundidad aporta Carlos Fuentes en este libro de 440 páginas, por lo tanto un volumen ya de peso y cuerpo, pero que, en términos de una historia de nuestra novelística, seguramente representa la opinión de un lector, como lo es Fuentes, y que por ese sólo hecho entra en ese tipo de libros que son el Canon que el investigador inglés nos legara con su propuesta de los mejores autores de la humanidad, señalando la presencia principal de escritores anglosajones en su vocación por las letras, y dejando fuera a muchos otros que hoy son los clásicos de las letras humanas en cualquiera de sus idiomas. Así suele y debe pasar y no nos debe sorprender que al revisar la obra de Fuentes estemos pensando encontrar un libro acabado, cuando sólo expresa la visión personal en narrativa que contiene las lecturas y gustos del mexicano.

 

Lo que importa es saber, como lo hizo hace un tiempo, al hablar de la narrativa mexicana, de la cual hace énfasis en la generación del crack, que me parece se hace demasiada relevancia de la misma, cuando en el país existen en estos tiempos mucha movilidad en la búsqueda de nuevas visiones e interpretaciones de nuestra imaginería literaria en el mundo de la novelística: no sólo son los pertenecientes a este generación, sólo 4, Jorge Volpi, Ignacio Padilla, Urroz y Cristina, páginas publicadas en el País que bien merecen una revisión, en cuya idea nos ayuda Carlos Fuentes al citar también en pasadas entrevistas a Cristina Rivera Garza. Tal y como lo hicieran hace unas décadas nuestros poetas Octavio Paz, Alí Chumacero, José Emilio Pacheco y Homero Aridjis, con el libro Poesía en Movimiento, compilación y búsqueda de un resumen imposible. Pero al final un libro que venido de estudiosos como Paz, Chumacero y Pacheco aseguró su presente cuando se publicó y el futuro quedó así con honda huella en los hechos de la página escrita y publicada.

 

Cuando volteemos la vista y revisemos el pasado de los cientos de libros magníficos que se publicaron en el siglo XX, en ese Boom que determinó el universo fantástico de nuestras patrias y de nuestras lenguas que reunidas en el tronco del castellano, teniendo dos raíces, la de los indígenas y la del español, podremos comprobar que nuestro continente latino ha sido patria, múltiples patrias de un espejo que hoy habla de una literatura poderosa, donde Jorge Luis Borges aparece en toda su magnitud, y junto a él, tantos escritores que son orgullo de nuestra raza latina, por el origen del lenguaje, y por las riquezas de todo tipo que están vigorosas por doquier.