Información y periodismo

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Información y periodismo, conceptos recurrentes en tiempos donde los medios de comunicación y las nuevas tecnologías de la información han logrado que su flujo y alcance sea cada vez más rápido y amplio. ¿Pero qué sucede con el contenido?

Ya abordamos un poco respecto al tema en la emisión anterior, cuando hablamos de la nota roja, cómo los contenidos pueden ser bastante violentos y generar efectos insospechados en las audiencias.

Son miles, millones de datos e información que circulan en medios y redes en las nuevas tecnologías, todo a la mano. Al respecto, han surgido diversas controversias acerca de qué se comparte y lo que está circulando, lo que se lee, se escucha, pero principalmente se lee y en especial en las redes que se han convertido en uno de los principales accesos a información y donde también últimamente los contenidos carecen de seriedad o fundamento y donde cualquier opinión o invención, está al alcance de todos, sin filtros.

Aunque eso de sin filtros es relativo, pues existe cierto tipo de información que no es para todos, hay alguna que sólo es para ciertas personas por su cualidades o por su posición en la sociedad y hay otra que sólo se encuentra quien la búsqueda específica, es decir, aquellos que saben dónde buscar por decirlo de alguna manera; existe algo que se denominó la internet profunda, y otra la dark net donde sólo tienen acceso los hackers más hábiles y se encuentran cosas atroces.

Todo esto a propósito de una reunión que tuvo lugar en el Museo Casa Toluca, en el corazón de la ciudad, una charla que forma parte del Word Fest 3.0, que promueve la Secretaría de Cultura. Como su nombre lo dice, son charlas que versan a partir de la palabra, la palabra del lenguaje natural, pero en la red.

Esta vez, la charla tuvo como invitados a Gerardo Lammers, periodista cultural, editor, académico y guionista; Leonardo Tarifeño, cronista, crítico literario, reportero y editor. Ambos con años de experiencia en  contenidos y que coincidían en que hoy las redes y medios están bastante homogeneizados, tan así que el argentino Leonardo Tarifeño llegó a decir que los contenidos están tan medidos y regulados que los clasificó como fascistas, sí, los contenidos giran en torno al nacionalismo y el totalitarismo por ciertos regímenes. Una aseveración fuerte, pero que no nos parece tan ajena si lo pensamos un poco.

Ambos especialistas coincidían en la fuerza que han tomado los intentos de totalizar, no sólo las ideas políticas, sino en el establecimiento de hábitos de consumo en general; de contenidos, de estilos de vida, de productos.

Entonces ambos recordaron el tiempo donde había mayor rigor y ética a la hora de publicar o exponer algún dato o información, pero principalmente señalaron que da la impresión de que las audiencias ya no exigen contenidos de calidad con ese rigor que se mencionaba y que hoy son más solicitados los contenidos chatarra, como diríamos coloquialmente, poco relevantes en el sentido de impacto social. Pero las percepciones de lo importante o no depende de las propias audiencias así que  hay para todos y de todo como mencionaba al principio del texto.

Y aquí permítame hacer una intromisión, querido y aguzado lector, si bien los creadores de contenidos estamos pendientes de las necesidades de las audiencias, también hay una responsabilidad y compromiso por ofrecer lo mejor para usted.

No sólo es responsabilidad del lector ir a encontrar sus contenidos, sino que debe tener variedad de elección, tener al alcance todo, pero desafortunadamente hay algunos espacios que no ofrecen las facilidades ni la remuneración justa a los contenidos culturales o científicos, por ejemplo, mientras que por otro lado existen quienes censuran por intereses de diferentes tipos, dejando así al alcance de todos los contenidos chatarra y lo demás se pierde.

Cada quien tiene libertad de elegir lo que quiere y necesita ver, escuchar, leer, conocer, pero no por eso hay que bajar la guardia como lectores, hay que seguir exigiendo contenidos edificantes y de calidad; y como creadores, no dejar que nos seduzca la facilidad, la emoción visceral y la ignorancia, pues como dijo Umberto Eco en su libro De la estupidez a la locura que se publicó en 2016, en ese libro decía que las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas, una sentencia polémica, pero cierta cuando vemos los miles de datos e imprecisiones que circulan en la red y que se propagan como un virus.

Quien tiene la última palabra es usted, fino y amable lector, está en sus manos hacer de la información y contenidos en redes mejoren o continúen en declive pero consideremos que si dejamos de exigir, ¿qué estaremos consumiendo?

Esta invitación a la reflexión va con la intención de cuestionarnos a qué estamos expuestos y cómo manejar cuanto se nos presenta y direccionarlo de la mejor manera para que nos permita un mayor conocimiento y no sólo en contenido sino que también en forma, me refiero al lenguaje, el uso de las palabras y su estética.

Me parece pertinente considerar esto ya que vivimos tiempos de muchas posturas a la vista, de bombardeos mediáticos y la tensión que se genera por la polarización de opiniones, necesidades sociales e incluso las personales que se desbordan y acaban por dañar el tejido social y la manera en que nos relacionamos y eso es lo menos que necesitamos.

En tiempos de cambio, quienes estén abiertos al aprendizaje se adueñaran del futuro…

Eric Hoffer

 

Fuentes:

Huchin Sosa, Eduardo, (2017). Legión de Idiotas. Letras Libres, Revista. 15 de enero de 207. Consultado en  de marzo de 2020. Disponible en https://www.letraslibres.com/mexico/revista/legiones-idiotas.

Secretaría de Cultura del Estado de México (2020) Word Fest 3.0. 27 de febrero de 2020. Disponible en: cultura.edomex.gob.mx.