El amante polaco, prodigio de creación de Elena Poniatowska con visos de realidad

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Insuficientes las primeras 406 páginas del  libro I, al que habilidosamente marcó así la escritora Elena Poniatowska, ya que no es una novela, un ensayo o memorias sino un prodigio de la creación literaria que, con el paso de los años ha adquirido para mostrarnos un texto maduro, tanto por lo que expresa como por los temas que aborda así como el lenguaje que emplea para darle solidez a lo que aborda: un viaje hacia la historia de sus antepasados y un clavado profundo sobre lo qué es ella, para conocerse y dejar salir algo que siempre le ha acompañado desde que cumplió 23 años.

No es el morbo lo que nos impulsa para conocer lo que aparentemente nadie conocía, pero que muchos se enteraron como indica el título de un libro de poesía de José Lezama LimaEnemigo rumor (1941); y que se jactan de que conocen a fondo la vida de los demás. Elena, sólo da un esbozo, al igual que los pintores de acuarela, remoja su pluma, la desliza veloz y da pequeños datos para que los demás confirmen lo que siempre habían sospechado.

Lo que atrae de este libro es el manejo fresco y la presentación de la historia, la de su patria original: Polonia, de sus ascendientes: brillantes, inteligentes, pícaros y por qué no también vividores. Nos enteramos del manejo y designación, por capricho, de gobernantes de un país así como por el manejo de la historia universal que estableció Inglaterra para con las demás naciones.

Poniatowska tiene esa rara habilidad de manejar un lenguaje fresco, puro, detallado, nada farragoso, para dar a conocer los pormenores de los acontecimientos que establecieron sus antecesores, que continúan con la saga que magnificó Juan Goytisolo en su novela Juan sin tierra (1975), ya que si bien establecieron las normas para gobernar su patria no fueron lo suficientemente habilidosos para conservarla como tal y terminar en el exilio, como resultado no de la incapacidad para gobernar sino por el conflicto bélico de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), en la que los países nacientes se atreven a conquistar no el territorio, pero sí el gobierno de los que formaron parte del círculo del socialismo.

El exilio permite a la escritora realizar el cruce de vidas de los que hicieron sus padres el príncipe Jean E. Poniatowski, cuyo nombre kilométrico corresponde a Jean Jose Evremond Sperry Poniatowski y de la mexicana María de los Dolores Amor Escandón, conocida más como Paula Amor. Nació en París Elena como todas las princesas y como todas las historias que siempre nos dijeron acá en México, todos los niños y las niñas vienen de París y si es princesa, mejor.

Para nada escogió este enlace de vidas paralelas sino líneas que se cruzan, entrecruzan, como los tejidos para dar si no una tela, sí una trama perfectamente enlazan sobre su vida y la de sus antepasados. Pasado-presente-pasado, presente, siempre la memoria, aunque ella diga a los cuatro vientos que no posee una, que sea tan amplia y tan consolidada, cuando algo no concuerda en el pasado ahí está el recurso de la ficción para rescatar el hilo narrativo y que no se vea en la tela que el punto se escapó; no!, la trama es uniforme sin que se note las holguras que podría tener.

Europa-América, Polonia-Rusia, París-México sobre todo su ciudad nos va dejando correr el tupido velo para darle transparencia no a la Región sino a su existencia, pero donde el recato recomienda silencio, lo ocupa, para sugerir y no decir directamente lo que vivió a los 23 años. La Ciudad de México la recorremos a ojos de una visitante extranjera, conocemos a los dueños primarios de la Casa de los Azulejos, donde vivió antes de que se convirtiera en Sanborns, era de su tío Francisco Iturbe.

También nos coloca un cuatro al hacer referencia a la hacienda de Pastejé, cercana a Ixtlahuaca para decir, después que está en el estado de Hidalgo; existen dos haciendas con el mismo nombre, diferente propietario, sólo que la ubicación geográfica orilla a pensar en falta de precisión del material que relata, aquí no cabe la ficción sino el manejo real de los hechos, ver página 83 en el primer párrafo después de la separación que indica la vida de Elena, propiamente.

El hecho de intercambiar puntos de vista con autores de otros países al ejercer el periodismo y por consiguiente la lectura, utiliza en forma intercambiada y con perfecta maestría los hechos que estableció Julio Cortázar en su novela Rayuela (1963), Del lado de allá y Del lado de acá. Aquí la historia es lineal e intercambiada, los puntos de derecha y de revés, como en los tejidos, están perfectamente enlazadas en su trama narrativa. Esperamos el libro II.

En la presentación de este libro, El amante polaco, Elena dijo: Tengo una formación de niña de convento de monja, de católica, me siento culpable de todo. Van a decir que yo me puse a provocarlo, a bailar encuerada [desnuda] el chachachá delante de él. ‘Me parece imposible que ahora sea yo a la que sientan en el banquillo de los acusados’.

En las última ediciones de la FIL, Elenita ha sido acompañada de su hijo Emmanuel a quien cariñosamente llama Mane, de apellidos Haro Poniatowski, quien en realidad fue fruto de la relación que tuvo con Juan José Arreola, al respecto dice: Mi hijo ya tiene 64 años. ¡Imagínate, 64 años de silencioPor cierto, para tenerlo viajó a Italia a un convento donde dio a luzNadie me dirigía la palabra, porque era un convento de novicias y de monjas y al llegar una güera con una panza no era bien visto.

Respecto a la carta de los sucesores de Arreola, bajo el título de Fe de erratas dirigida a los lectores del escritor tapatío, Elenita señala:

Me quedé muy asombrada de que hubieran guardado una carta. Me dio ternura la carta, el papel, la máquina. Finalmente es una carta en la que ellos se ponen la soga al cuello, porque ahí le digo a Juan José: cuida mucho de tus hijas, no vengas. No le pido nada a él.

Pienso que la familia cometió un error. En la novela yo lo llamo el maestro (a Arreola), nunca aparece su nombre.

¿Habrá un segundo libro de El amante polaco?

Elena Poniatowska tiene la respuesta. Pronto lo sabremos.