Voces de cuarentena

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Hace unos días la página del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM conmemoró el nacimiento del escritor Émile Édouard Charles Antoine Zolá, considerado como el máximo representante del naturalismo y que marcó la literatura. La frase decía: la realidad y la miseria me oprimen y, sin embargo, sueño todavía.

Zolá sabía escribir acerca de la miseria, la realidad y muy ad hoc a los tiempos que enfrentamos donde en muchos países hemos visto la miseria que carcome, que duele y a otros, tan sólo incomoda.

Bastó una enfermedad para recordarnos que aunque parece que tenemos el futuro en las manos, aún un estornudo puede matarnos. Sí, un estornudo nos dejó en la miseria y no sólo en términos de salud, economía o política sino socialmente, esto último ya que no hemos podido comprender la importancia del otro al valorar que, con mis acciones, puedo influir en las demás personas.

La realidad nos alcanzó, esa que vivimos a través de pantallas, a través de las ventanillas de autos, desde la cima de las escaleras eléctricas, desde el asiento del autobús o del avión. Esa realidad que unos sudan, otros lloran y otros tantos se duelen. Esa realidad que algunos enfrentan, otros ocultan y otros evaden. La realidad,  su realidad, la realidad de cada uno.

Una realidad que como dice Zolá, nos oprime, nos oprime en el encierro, nos oprime en la incertidumbre, nos oprime en la distancia, en la ausencia en un tiempo que, como me dijo un amigo, le fue revelado en ensueños como los días de los muertos.  Estar, pero no estar, poder vernos como en recuerdos, pero sin poder tocarnos, probablemente lo estoy extralimitando, pero finalmente usted tiene la última palabra fino y amable lector.

Los días de los muertos donde las muertes se dicen en cantidades y estadísticas, donde las muertes no son de personas sino de números, naciones, donde se hablan de cuerpos en las calles, en camiones o sólo sabe Dios dónde.

Pero también dice Émile Zolá,  y sin embargo, sueño todavía. Sí todavía sueño en el día en que terminen estos días y completaría con una fragmento de Luis Cernuda que dice: mi eterna locura, imaginar dichoso, sueños de futuro, esperanzas de amor, periplos soleados…

Que vengan esos días, que lleguen. Un abrazo querido lector.