Mi rumana de sombrero, chaleco y botines
Otra vez otro poema
Otra vez otra vez, como verás,
Como verás, si puedes
(si se puede) ver tu voz
En el espejo,
Tu voz, esa voz
Que como galaxia diminuta
Se ecualiza sola
En todos los tonos
Graves, agudos, technicolor en clave sol
Como la temperatura de tu voz,
Esa voz que colecciono
Y espero como un niño salido de la cárcel
Que olvidó
Cómo habla una mujer,
Cómo recita,
Cómo juega con las palabras
Cómo murmura
Y cómo derrite cual helado,
Que cualquier niño
Escucharía tiritando de emoción frente
Al espectáculo de tu voz, y si,
Cualquier niño preferiría
Digo nuevamente,
Otra voz,
Si te escucharan
Y dejarían de ver los pasteles
Detrás de la vidriera
Esa voz que escucho a oscuras
Con mis audífonos,
Y también al caminar
Y en el colmo de la pasión real,
Esa que no quema, pero si dora rico,
Escucho tu voz buceando,
Imagínate rumana,
Imagínate
Tienes en otro país,
Un coleccionista
Que aparte de ser sinfonías,
Dicen más
Que fotos o bibliotecas, tu voz
De sintaxis sin traducción
Porque entérate,
Que hasta tu silencio
Lo tengo capturado,
Guardado,
Bajo siete llaves,
En un estuche,
Que sólo yo lo abro y escucho.
Y uno comprueba así,
Que sin una musa,
Respirar, no tiene sentido, y así,
En ese estado, uno, ya se puede ir tranquilo
Con un cómplice: Misión Cumplida,
Pase lo que pase,
Y así es que,
El tener una musa
Es un paraíso sin tiempo ni melancolías,
Más bien,
Es la alegría, ésa,
Que la poesía ignora,
Tu voz.

