QUIÉN CONTRA QUIÉN

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Querido y aguzado lector, espero que sigamos tomando las precauciones pertinentes ante la pandemia, recordemos que esto aún no termina.

En anteriores emisiones, hemos planteado brevemente cómo las diferencias de ideología política han sembrado diferencias entre personas, discrepancias entre poblaciones enteras y hasta peleas que llegan a los golpes.

Durante la lectura del libro Adivina o te devoro de Pablo Soler Frost, a cerca del enigma de los símbolos, en el apartado, El símbolo y su función política, retoma la idea de Jacob Murray Edelman quien explica cómo los símbolos en la política, condensan seis emociones políticas orgullo patriótico, ansiedades, memorias, glorias o humillaciones pasadas o promesas de grandeza futura, algunas de éstas o todas1.

Interesante aseveración que claramente podemos identificar en los discursos de aquellos que se envuelven en sus banderas políticas, en aquellos que defienden a capa y espada sus ideales políticos o los actores políticos de su predilección.

Esos que se escudan en el orgullo patriótico y a la primera oportunidad desconocen su propia tierra o discriminan a los compatriotas y los tratan como un suvenir, una artesanía olvidando los derechos y la dignidad.  O como decía Guillermo Bonfil Batalla en su libro México Profundo, Si desde los cuarenta aspiraron a ser cosmopolitas más que mexicanos, su desarraigo se ahonda cuando se saben de un país pobre y empobrecido2.

Un país pobre y empobrecido no sólo por las consecuencias de sus gobiernos sino también por la ausencia de verdadera participación del pueblo.

O qué tal aquellos que con tal de defender sus creencias e ideales políticos dejan al descubierto sus ansiedades: en los temas políticos sacan sus frustraciones o cualquier otra situación que esté mermando su capacidad de diálogo y apertura a la escucha del otro: entonces levantan la voz, se les saltan los ojos, se deshacen en ademanes con tal de imponerse o llegan hasta los golpes. 

Uy, y qué decir de los que insisten en vivir de las memorias y glorias de los antecesores, del pasado, aquellos que se aferran a usar las mismas estrategias y formas de antaño y que no resultaron, no prevalecieron al paso de los años porque los tiempos cambian, las formas de desarrollo van exigiendo otros métodos, nuevas formas de crecimiento como individuos y en colectividad. 

También hay que tener en cuenta aquellos que toman como referencia las humillaciones pasadas o las promesas de grandeza futura para justificar sus acciones en la política de nuestro país o para defender a los actores políticos, pero qué sucede con la realidad, no solamente podemos estar detrás de la crítica de lo que fue, de lo que hicieron otros, hay una realidad que pide a gritos cambios, acciones no sólo discursos.

Querido y aguzado lector, la política visiblemente confiere riqueza, toma vidas, aprisiona y libera gente, y presenta una historia cargada de asociaciones emocionales e ideológicas, sus procesos se convierten en fáciles objetos sobre los cuales pueden desplazarse las emociones privadas y ansiedades más fuertes3, termina concluyendo Murray.

Sin duda que hubo mucho de glorioso en la memoria, en beneficios para la gente pero tampoco podemos olvidar aquellos que perdieron la vida a causa de las ansiedades y emociones de aquellos que no ven más allá de sus propios intereses.

Tampoco hay que ignorar todos los vicios que esto ha traído, y ha dejado en nuestra cultura, como la corrupción, el nepotismo, el crimen organizado, el patricidio, la necropolítica; pues cada quien intentará imponerse sobre los demás y aun cuando se hablase de alguna forma de igualitarismo, pues  cómo algunas vez preguntó  Slavoj Zizek, ¿estamos listos para renunciar a algo para que otros tampoco lo tengan? Una buena interrogante ante estos ambientes de reflexión en cuanto al querer imponer absolutos.

José Ortega y Gasset escribió que: Cada nacional percibe a su nación como un mágico cuerno de la abundancia del cual van a brotar maravillas en algún tiempo por venir…4 Y creo que a partir de ello se pueden lograr grandes cosas, sin llegar a los nacionalismos o abanderamientos políticos, como decía anteriormente, centrarnos en la realidad.

La crítica puede llegar a construir y transformar, pero si no hay referente que predomine no podemos lograr acuerdos, pues cada quien tiene una concepción teórica y práctica de qué es política y eso dificulta bastante el ejercicio de la política. Aunque vale la pena recordar que en nuestro país al menos hay unos fundamentos constitucionales que se supone son los que rigen y deberían dirigir la política en nuestro país y que vale la pena recordar. 

  1. En el Estado Mexicano, la soberanía nacional reside esencial y originalmente en el pueblo.
  2. En el Estado mexicano, todo poder público dimana del pueblo.
  3. En el Estado Mexicano, el pueblo mexicano tiene en todo tiempo tiene el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno.
  4. El Estado Mexicano es un Estado que adopta la forma republicana de gobierno.
  5. El Estado es un Estado federal.
  6. El Estado Mexicano es una democracia constitucional de carácter   representativo.
  7. El Estado Mexicano reconoce los derechos individuales públicos de los hombres y los derechos sociales.
  8. En el Estado Mexicano existen tres poderes, a saber: Legislativo, Ejecutivo y Judicial.
  9. En el Estado Mexicano, el municipio libre es la base de su división territorial y de su organización política y administrativa.5

Bajo todas estas premisas bien se puede hacer una construcción de la nación, libre y soberana que tanto anhelamos miles de mexicanos sin necesidad de ver quién contra quién. Ojalá un día podamos pasar de los argumentos teóricos y hacer una realidad los principios fundamentales de la política en nuestro país. 

Fuentes:

2.-Bonfil B, G. (2005) México profundo.  Una civilización negada. Random House Mondadori, S.A de C.V.

1, 3, 4.-Soler F, P. (2013). Adivina o te devoro. El enigma de los símbolos. FCE. 

  1. López, E. (2005). La lucha por el poder político en México. Universidad Autónoma del Estado de México.