Isla Negra, una de las tres dimensiones en que Pablo Neruda hizo poesía

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El pasado jueves 23 de septiembre, se cumplieron 48 años de la muerte de Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto, mejor conocido como Pablo Neruda, premio Nobel de Literatura en 1971, autor entre otros títulos de Veinte poemas de amor y una canción desesperada.

La distancia entre Santiago de Chile y Valparaíso es de 107 kilómetros, de los cuales hay que pasar por un túnel, quizá uno de los más largos del mundo, de aproximadamente 25 kilómetros, bajo Los Andes, esto no sin admirar o pararse en cada uno de los viñedos que están a lo largo del recorrido. Una vez que se llega a Valparaíso, casi de inmediato está Isla Negra y ahí, la Casa entre las rocas, propiedad de Pablo Neruda, hoy sede de la Fundación que lleva su nombre.

Aseguran que los sabios del Renacimiento tenían sus Wunderkammer, que no eran otra cosa sino sus gabinetes de trabajo, donde reunían colecciones que daban cuenta de la deslumbrante diversidad de los objetos del mundo, desde maravillas anatómicas, caracolas marinas, fósiles y esqueletos de animales extraños, hasta esferas armilares, mapas, libros y catálogos magníficamente ilustrados.

En sus tres casas, Neruda creó sus propias Wunderkammer para así escribir su poesía sobre la naturaleza y el mundo, no en balde en Isla Negra escribió gran parte de su Canto General.

Tras dos horas de un bello recorrido por carretera, casi en línea recta, llega uno, primero a Valparaíso y de inmediato a Isla Negra. En Valparaíso está también una casa del poeta, pero en Isla Negra está la que quizá disfrutó más, por su vista al mar y que ahora le sirve a él y a Matilde Urrutia como lugar de eterno descanso.

Cuando estuve por primera vez frente al océano quedé sobrecogido. Ahí entre dos grandes cerros (el Huilque y el Maule) se desarrollaba la furia del gran mar. No sólo eran las inmensas olas nevadas que se levantaban a muchos metros sobre nuestras cabezas, sino un estruendo de corazón colosal, la palpitación del universo.

Así relata Pablo Neruda, en sus memorias, su primer encuentro con el mar, mismo que se convirtió en uno de los grandes escenarios míticos de su poesía, por eso construyó en Isla Negra la más conocida de sus casas, abierta hacia el tumultuoso movimiento océanico.

Del lado de tierra, está la entrada, de inmediato la recepción en donde hay una fotografía estilizada de Neruda, el siguiente acceso es una sala de espera y hacia interior el paso a la casa, en una esquina tiene un mosaico hecho por Marie Martner, gran amiga de Neruda, quien trabajaba con piedras conservando siempre el color natural de éstas, en ese mosaico, utilizó cuarzo blanco, lapislázuli, ónix, ágatas y carbón.

De inmediato se ven un campanario y un bote. Cada que llegaba Pablo tocaba las campanas para que los vecinos supieran que había regresado y para saludar a los barcos que en ese momento navegaban por el mar. Él decía que era una tradición marinera, un saludo de capitán a capitán.

En 1938, don Eladio Sobrino, marinero español que se quedó a vivir en Chile, vendió a Neruda una cabaña de piedra, al respecto el poeta escribió que la casa fue creciendocomo la gente, como los árboles…

El lugar se llamaba originalmente Las Gaviotas, pero Neruda lo rebautizó como Isla Negra, prácticamente la sede de Canto General.

La ampliación corrió a cargo del arquitecto español Germán Rodríguez Arias, quien terminó la obra en 1945. Otra ampliación la hizo Sergio Soza en 1965, unió los cuerpos de la casa y los Recinos que albergan la sala del caballo y la Covacha, espacio donde además de tener su cama mandó poner una especie de repisa, donde escribía a mano y al momento de la inspiración. Le puso techo de zinc, para escuchar el canto de la lluvia y evocar, nuevamente, las sensaciones de la casa que habitó en su niñez, en el lluvioso sur de Chile.

Al respecto escribió NerudaEl océano Pacífico se salía del mapa. No había donde ponerlo. Era tan grande, desordenado y azul que no cabía en ninguna parte. Por eso lo dejaron frente a mi ventana.

En esta casa de Isla Negra, inserta en el paisaje costero de la comuna de El Quisco,  puede uno encontrar: mascarones de proa, uno de ellos con la efigie de Gabriela Mistral, réplicas de veleros, barcos dentro de botellas, caracolas marinas, dientes de cachalote, botellas de formas extrañas, una en color rojo que simula una pierna (un chamorro, como decimos en México), obsequio de Diego Rivera, máscaras zapatos antiguos y pipas.

Hay mucha historia del poeta chileno, inclusive un vestidor que aún tiene algunos de sus trajes y otra vestimenta menos formal.

Abajo del dormitorio principal, se encuentra una barra que simula una cantina, a donde le gustaba al poeta fungir como barman de sus invitados, hay lugar para 12 personas en distintas mesas.

Cosa curiosa, cuando los invitaba, sacaba la mejor de sus bajillas, con copas de cristal cortado y era un gran anfitrión. Cuando había pasado la noche y se disponía a servir la tornacena, lo hacía en platos y vasos desechables, lo cual era síntoma de que Pablo ya no los quería más y era una forma de hacérselos saber.

En el techo, con vigas de madera, hizo grabar los nombres de amigos y poetas muertos, al respecto Neruda cuenta:

Escribí con tiza los nombres de mis amigos muertos, sobre las vigas de raulí y Rafita fue cortando mi caligrafía en la madera con tanta velocidad como si hubiera ido volando detrás de mí y escribiera otra vez los nombres con la punta de un ala. No los escribí en la techumbre por grandiosos, sino por compañeros.

Los nombres que aparecen son:

Rojas Jiménez, el trashumante, el nocturno, traspasado por los adioses, muero de alegría, palomero, loco de la sombra.

Joaquín Cifuentes, cuyos tercetos rodaban como piedras del río.

Federico, que me hacía reír como nadie y que nos enlutó a todos por un siglo.

Paul Éluard, cuyos ojos de color nomeolvides me parece que siguen celestes y que guardan su fuerza azul bajo la tierra.

Miguel Hernández, silbándome a manera de ruiseñor desde los árboles de la calle Princesa antes de que los presidios atraparan a mi ruiseñor.

Nazim, aeda rumoroso, caballero valiente, compañero.

Rafael Plaza HernándezRafita, es un personaje clave para la casa de Isla Negra, quien dice: Le trabajé mucho a don Pablo en las tres casas. Lo más bonito fue cuando él puso en el bar de la casa los nombres de sus amigos muertos. Él fue escribiendo con tiza las vigas y yo encaramado iba de atrás labrando con el escalpo los nombres que él había escritoDon Pablo tenía la cabeza llena de viruta y yo por lo consiguiente.

Miguel Hernández lo consideraba como un hijo y su muerte en prisiones franquistas lo conmovió profundamente, otros nombres son los del poeta turco Nazim HickmetAlberto Rojas JiménezJoaquín Cifuentes Sepúlveda, ambos poetas de la bohemia nerudiana de los años 20. Federico es Federico García Lorca.

Sus nombres quedaron para siempre en el bar, donde Neruda recibía a sus otros amigos, los que seguían aquí.

La potencia evocadora de los objetos que guarda y la presencia del mar, son una especie de compendio de la historia de este portento de poeta: Pablo Neruda.