Cuatro prosas porosas

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EL GANGOSO

 

Días soleados. A un lado de la alberca… ¡paso! Juegan dominó cuatro circunspectos caballeros. Los daikiris y vodkas con toronja pasan por gaznates con sed. Llega nervioso el gagoso:

 

– AHOGA-SE

 

Tranquilamente uno de los jugadores explica:

 

– Tiene ocho días leyendo. Ya se echó a Salgari, a Poe…

 

– ¡AHOGA-SE!

 

– Ya ya, te entendimos. Sigue leyendo y sabrás más.

 

En el culmen de la desesperación el gangoso soltó toda lo oración:

 

– ¡AHOGA-SE TU HIJO EN LA AGBELCA PENEJO!

 

Y volaron hacia el acuoso lugar los jugadores, aventando fichas y tragos.

 

VEGETARIANO MORBOSO

 

Vio sus naranjas y le gustaron. De ya demostrando tener aguacates, le lanzó los berros y ella le dio el cilantro. Emocionado palpó con trabajos los duraznos del pecho y las setas de unas manos lo contuvieron, pero su sed erótica lo mató: le pidió las acelgas y le fue del nabo: ella, aunque fruta madura, era quintonil.

 

Enchilada como si comiera jícama con chile lo mandó a freír espárragos.

 

Ahora se contenta acariciando en su compañera las papayas de siempre hinchando su plátano dominico.

 

ENTRE BRUMAS

 

Aún con el respirador, no podía aspirar tres gramos de aire. Su visión a través de la escafandra, se circunscribía a sombras en movimiento. Casi intacto su razonar lo torturaba: ¿En dónde fue? O en la fiesta de 15 años de la sobrina o en la feria del Alfeñique… creo que en fut. Y casi llora al acordarse: fue el estornudo de mi compadre junto a mi cheve.

 

Le duele el pulmón, los riñones, ese languidecer en vida, pero más lo mata lo sensible: no ver más a la gente querida y los ojos menos ven entre el vaho del oxígeno y las lágrimas.

 

Ahhj, el aire no quiere entrar y las enfermeras y doctores, sin darse abasto, cierran las válvulas del vecino paciente; otro ciudadano más que se llevó el Covid-19 y sólo esperan lo peor para quien llora su insensatez.

 

VIVAN NUESTROS REPRESENTANTES

 

Después de oír las palabras del C. Presidente de la Republica, el frenesí invadió a los miembros del Congreso y primero fueron cuatro, luego quince y finalmente todos aplaudieron hasta parecer que las manos echaban humo.

 

De pie, la ovación rubricó el decir de Gustavo Días Ordaz… ¿Que palabras fueron?

¿Cómo termino su alocución?:

 

Estoy orgulloso del año 1968 porque me permitió salvar a mi país. No temo al juicio de mis contemporáneos, sé y los mexicanos saben que en mi actuación han habido aciertos y errores, pero que mis errores, han sido involuntarios, que todo lo que he hecho, lo he hecho tratando de servir lo más eficazmente posible a México.

 

Y en este siglo, Felipe del Sagrado Corazón de Jesús Calderón Hinojosa y Enrique Peña Nieto, igual, recibieron estruendosa ovación por privatizar lo que al pueblo correspondía.