La piel del alma (La pasión)

Views: 2007

Si no sale ardiendo

de lo más profundo de ti,

a pesar de todo,

no lo hagas. 

                                                                        Charles Bukowski

Gissele Mosto

Dicen que la piel, es de quien la eriza.

¿Conoces la sensación? ¿La has experimentado, en tu piel? Biológicamente, la adrenalínica reacción de la piloerección, busca protegernos del frío y proveernos de un aspecto que espante a los depredadores. Entre humanos, desnudos de pelaje, este vestigio evolutivo de tiempos más agitados, pareciera no tener  utilidad.

Más allá del horizonte sensorial, sin embargo, el espíritu ha tejido su propia piel y otorgado, a las emociones, –aquel hervor bajo la dermis– el protagónico indiscutible en nuestras vidas. El roce de unos dedos, una mirada, un recuerdo o una serendipia, tocan nervio y la convierten en antesala de intensos fervores. Y si –como todo buen soñador– habitamos en el país de la ucronía, del ¿y si cambiáramos el curso de la historia? será entonces la esperanza quien la haga vibrar, al recorrerla sutilmente: Si has perdido el corazón en una ciudad que cobra realidad sólo en tus sueños, vives con el alma erizada.

¿Recuerdas la saga cinematográfica de Indiana Jones? Quizá hayas oído hablar de quien inspiró el personaje: El valiente coronel Percy Harrison Fawcett, desaparecido en la selva brasileña en 1925, junto a su hijo Jack y Raleigh Rimell mientras buscaba la mítica Z, ciudad de cuya existencia, estaba convencido.

En la última carta que hizo llegar a su familia, el prototipo del explorador romántico del siglo XX, develó que se dirigía a la misteriosa ciudad. Había despedido a los porteadores y falseado sus propias coordenadas, para proteger el secreto de su ubicación exacta. Parte de la inquietante misiva, decía:

… Si no volvemos, no deseo que organicen partidas de salvamento… sea que

salgamos de la selva o dejemos nuestros huesos para secarse en ella… la

respuesta al enigma de la antigua Suramérica… y quizá el del mundo

prehistórico, será hallada cuando se hayan localizado las antiguas ciudades y

queden abiertas a la investigación científica… las ciudades existen, de eso, estoy

seguro …

 

Ese fue el último contacto de Fawcett con el mundo acotado. Las pesquisas ulteriores no sirvieron para aclarar su destino final. ¿Por qué pidió no ser buscado hasta dos años después de una eventual desaparición? ¿Alcanzó la ciudad de  las luces que no se apagan? o, ¿Pereció en pos del sueño al que había  enganchado el alma?

Lo cierto, es que nada habría conseguido abatir la férrea determinación del  inglés. Más de una vez, la prensa puso en duda –y en ridículo– algunos de sus reportes, como su encuentro con una anaconda de 19 metros de largo o, aquel otro, con una tribu de hombres peludos de la sierra de Parecis, en Brasil. Lejos de frustrarlo, estas actitudes espoleaban su curiosidad científica y su apetito de ir más allá. Había demasiada ilusión en él, para atender a la violencia del desánimo y egoísmo ajeno. Los relatos de los viajes paternos, que escuchó embelesado cuando niño, eran la cometa que él asía con firmeza y que, lo remontaba frente a cualquier duda.

Sabía que la historia, olvida la negatividad, la sensación de fracaso, la falta de fe y perenniza en cambio, el camino, la innovación, el logro. El fuego interior de quien se promete a un sueño, es inextinguible. La pasión sin acción, consume el cuerpo; mas, acompañada de la acción, consume el miedo y éste, era el caso de Fawcett.

Los diarios de viaje del coronel, preñados de asombro y detalle, alentaron a su amigo, el médico y escritor  Sir Arthur Conan Doyle, a escribir la novela El Mundo perdido, claramente inspirada en las aventuras del primero. Fue publicada en 1912 y su mayor mérito trasciende la literatura, pues resuelve el más grande misterio del liderazgo:

¿Cómo es el líder ideal?

Si. Doyle –esta vez sin ayuda de Sherlock– encontró al líder ideal en los rasgos de personalidad y valores de los expedicionarios que animan el libro. Los profesores Challenger y Summerlee, Lord Roxton y el periodista Malone,  superan múltiples dificultades y prejuicios personales, combinando sus talentos individuales, energía e instinto: esa memoria de la raza humana.

Aquel grupo, sale en busca de grandes monstruos y halla, en cambio, la mejor versión de sí mismos. ¡Por supuesto! Si es lo que ocurre cuando te enamoras de un ideal: utilizas tu propia pasión para forjar tu carácter. Amén del temperamento con el que llegaste al mundo, nada es capaz de formarte como tus propios sueños.

La novela es ¡un exhaustivo tratado de liderazgo creativo!, de cómo poner en  acción un sueño y merece ser leída con esos ojos, a más de cualquier otro mérito literario. Por si deseas hacerlo, aquí hay un vínculo de dominio  público: http://www2.aytosanfernando.com/biblioteca/files/El-mundo-perdido.pdf

… las puertas permanecen abiertas. Seguirán descubriéndose viejos sitios con nuevos ojos… manteniendo siempre viva la posibilidad de que soñemos con otros universos, con la diferencia; siendo, como el profesor Challenger y su grupo, los primeros en descubrir mundos perdidos …  Sir Arthur Conan Doyle.