UN NOBEL QUE NO ES NOBEL… NI MERECIDO

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“Tengo la intención de dotar, después de mi muerte, un gran fondo para la promoción de la idea de la paz, pero soy escéptico en cuanto a sus resultado”.

Alfred Nobel

En 1895, Alfred Nobel, químico, ingeniero, fabricante de armas   e inventor de la dinamita, millonario, sobre todo por estas últimas actividades,  dictó su último testamento en que destinó la mayor parte de su fortuna, cuantiosa y, sobre todo, bien administrada, a reconocer a los personajes que más destacaran, a juicio de los miembros de su Fundación (lo que aquí sería un fideicomiso) en las áreas de Física, Química, Fisiología o Medicina, Literatura y Paz, quizá, se deduce, por la carga de conciencia ocasionada por la destrucción que sus inventos bélicos causaron.

En 1901, cinco años después de su fallecimiento, se entregaron por primera vez los galardones y su recompensa económica, no siempre exentos de polémicas opiniones respecto a los personajes reconocidos y a sus aportaciones.

La Real Academia de las Ciencias de Suecia es la encargada de nombrar a los ganadores de los Nobeles de Física y de Química. ​ La Asamblea del Nobel del Instituto Karolinska elige al ganador de Medicina, ​ y la Academia Sueca nombra al ganador del de Literatura. Todos se entregan en una ceremonia celebrada cada 10 de diciembre en EstocolmoSuecia. ​ El Nobel de la Paz, en cambio, es elegido por el Comité Noruego del Nobel, y se entrega en la ciudad de Oslo. ​

Siendo un fanático de las matemáticas, Nobel no especificó un reconocimiento para esta ciencia, quizá por el rumor de que su esposa le había sido infiel con un matemático (cálculo de probabilidades, sin duda). Por ello, el Rey de Noruega entrega el Premio Abel de Matemáticas, instituido en 2002, con un monto semejante a los 770 mil euros que se otorgan en los reconocimientos Nobel.

Nobel nunca fue admirador de la ciencia económica, más aún, en algunas de sus biografías se señala su aversión a los teóricos de esta disciplina. Por lo tanto, NUNCA HA EXISTIDO UN PREMIO NOBEL DE ECONOMÍA.

En 1969, casi 75 años después de la institución del galardón, un grupo de economistas inventó, mejor dicho, adquirió (todo tiene un precio) un acceso lateral a estos premios.

Es así como surge el PREMIO SVERIGES RIKSBANK EN CIENCIAS ECONÓMICAS “EN MEMORIA DE ALFRED NOBEL”, otorgado con recursos de un opulento Banco Central de Suecia, desafortunado nombre “en honor” de alguien que ni siquiera consideraba a la economía como una ciencia, y rechazado -el “homenaje- por la propia Fundación Nobel y sus descendientes.

Así como en el otorgamiento del Nobel de medicina se han cometido errores deplorables como su otorgamiento a Egas Moniz -en 1949- por su descubrimiento del valor terapéutico de la lobotomía en ciertas psicosis, acción que causó innumerables víctimas con daños cerebrales irreversibles, el Premio RIKSBANK de economía ha tenido enormes desaciertos y hasta contradicciones en sus acreditaciones.

Desde su origen, se privilegiaron modelos teóricos alrededor del dinero, del equilibrio económico de las finanzas y del bienestar en base a supuestos que funcionan en los modelos, pero nunca en la realidad, donde externalidades y eventualidades dan al traste con cualquier teoría. Se supone que, si no hubiese delitos, nos ahorraríamos un porcentaje de la iluminación y la energía eléctrica nocturna, supuesto que nunca se cumple y que dio origen a la frase de que “lo que falla es la realidad, no el modelo”. El famosísimo “si todo permanece constante”. Hay un “modelo” que optimiza las cosechas, asumiendo que no hay huracanes.

El año de 1992 da un giro al reconocimiento modelista y tecnocrático y se orienta, con el galardón a Gary Backer, al comportamiento humano REAL que es el que hace que nunca exista el equilibrio perfecto. El Físico John Nash (¿recuerdan la película “Mente Brillante”?) confirma que este equilibrio nunca se da, porque la economía se sustenta en “juegos cooperativos” en que uno de los oponentes (adversarios les dicen hoy) siempre sabe algo más que el otro. Basta con revisar a los ganadores de las grandes crisis de la historia, en economía y en política.

Por todo eso, llama la atención que este año, en plena crisis económica, en vísperas de una recesión mundial y sobre todo porque fue uno de los causantes de la estanflación del 2008-2009, se otorgue el llamado “Nobel de Economía” a Ben Bernanke, en ese entonces Presidente del Banco Central (FED) de los Estados Unidos; somos muchos los que tenemos serias observaciones a las decisiones que tomó y las consecuencias que tuvieron sobre los sistemas económicos del mundo.

Peor aún, el premio se le otorga ¡por su explicación de la crisis de 1929!, y por introducir el sistema bancario en las explicaciones de las crisis (ni modo de dejarlo afuera diría Perogrullo). Junto con él, se reconoció a Douglas Diamond y a Philip H. Dybvig, por crear un modelo que explica de manera simple y esquematizada la causa de las crisis bancarias. Dos trabajos que quizá sean la base para entender la actual alza de tasas casi universal, pero igual de inútiles ante el embate de la realidad. Un modelo nunca va a funcionar ante el embate de una guerra.

Independientemente de que los otorgantes, particulares, pueden otorgar sus premios a quien ellos quieran, en México se venden muchos “Honoris Causa”, lo que queremos hacer notar es que este galardón, el más renombrado y ambicionado del orbe, se ha orientado, una vez más, al reconocimiento de que hay que salvar al causante y no a la víctima de las crisis. Se salva al banco, aunque se lesione al cliente. Y, más grave, hay que operar un modelo, aunque la realidad (o las múltiples realidades) operen en contrario sensu.

En 2014, el mentado premio “No Nobel” fue otorgado a Jean Tirolé, precisamente por opinar lo contrario a lo que se reconoce hoy. Las crisis deben de considerar a todos los actores económicos y no solo a un segmento, como lo serían los bancos. Flaca memoria del honorable Banco Centrar de Suecia que, al menos por esta vez, olvidó la función y el alcance de la ciencia económica.

DE FORMA: El premio de Economía a Ben Bernanke por su estudio sobre la crisis 1929-1933 (que derivó en la segunda guerra mundial) equivale a dar el Nóbel de la Paz a Vladimir Putin “por su aportación a la caída del muro de Berlín en 1989”, no más, pero tampoco menos.

DE FONDO: El hecho de que la fortuna de Alfred Nobel siga generando recursos millonarios para la entrega de 5 premios, desde 1901, habla de un fideicomiso muy bien administrado; lástima que no fue ejemplo seguido para los que en México han existido, por ejemplo los Fondos para el Retiro o de apoyo a la cultura, en que sus administradores buscan la manera de desviar su objetivo, ¿verdad CONACYT?

DEFORME: Hoy no hablamos de la economía nacional, de cabeza y con un pronóstico fatalista por parte del Fondo Monetario Internacional, que echa por tierra las cifras alegres de Hacienda en cuanto a inflación y crecimiento se refiere. La recesión será mundial y ahí, precisamente, está inserto México, geografía elemental.