+ Sentimos Que Nos Mandan a Robar: Agentes de Vialidad Toluca
La frase:
Acéiteme la mano; lo dejo a su criterio; ¿Cómo nos arreglamos?; no quiero que me den sino que me pongan donde hay. Frases en peligro de extinción ante las nuevas órdenes a las…
AGENTES DE TRÁNSITO
Sentimos Que Nos Mandan a Robar: Agentes de Vialidad Toluca
Notoriamente molestas, las agentes de vialidad de Toluca, capital del Estado de México, expresan que prácticamente las mandan a asaltar a los ciudadanos en las principales vialidades de la capital mexiquense, con multas de casi dos mil pesos, que pagándose en el momento mismo de la infracción se podrían reducir a unos 900 pesos, dado que los conductores descargan en nosotras toda su furia.
Impecablemente vestidas con sus uniformes y sus acreditaciones oficiales que les otorga la atribución exclusiva de levantar infracciones de tránsito, son acompañadas invariablemente por elementos masculinos de la corporación para protegerlas de los reclamos, las ofensas y hasta las agresiones físicas de los iracundos ciudadanos que se ven infraccionados en la vía pública.
Sin embargo, los agentes masculinos muestran su total respaldo a las expresiones de sus compañeras en el sentido de que las multas de tránsito son excesivas y que quienes terminan recibiendo todos los insultos y agresiones son ellas.
Las agentes de vialidad piden no ser fotografiadas ni que se les identifique para evitarse problemas laborales o disciplinarios, pero insisten en que no están de acuerdo ni con los montos de las multas ni con las estrategias de los operativos.
En primer lugar, el reglamento vigente debe ser aplicado permanentemente y de manera generalizada, pero en cambio se nos pide no aplicarlo en cuanto se acercan algunos procesos electorales y se intensifican cuando la ciudadanía dispone de algún dinero adicional, como es el caso de esta temporada de aguinaldos, bonos de productividad, reparto de utilidades, o el Buen Fin.
Del mismo modo no están de acuerdo en que se evite levantar infracciones en zonas de oficinas públicas o zonas residenciales o comerciales de gente influyente, tanto del sector público como privado, o de mandos policiales.
Ponen como ejemplo la zona del perímetro entre paseo Colón, Venustiano Carranza, Felipe Villanueva y Paseo Tollocan, en donde se mapea cuidadosamente las zonas donde viven los mandos policiales para no molestarlos, lo mismo que las residencias convertidas ahora en oficinas públicas y negocios de gente influyente. Pero en cambio se recalca la instrucción de infraccionar en las zonas comerciales y bancarias, a donde acuden ciudadanos comunes a realizar sus trámites y estacionan brevemente sus vehículos en la vía pública.
Reconocen que tales vialidades son espacios prohibidos para estacionarse y así lo muestran los señalamientos de vialidad, pero en lo que no están de acuerdo con sus superiores es utilizarlas a ellas y a sus compañeros como anzuelos para que los infractores caigan en la ratonera, dado que los mandos primero instruyen para alejarlos de esas zonas, y en cuanto están saturadas de vehículos, de inmediato nos mandan a infraccionar con toda rapidez, lo cual provoca la ira de la gente.
En cuanto los infractores se enteran de los elevados montos de la multa, reaccionan violentamente contra las agentes de vialidad, a quienes acusan de ser peores que los integrantes de las bandas criminales, porque atracan en la vía pública, a plena luz del día, delante de todo el mundo y escudándose en el uniforme.
Saben que es su trabajo y que están cumpliendo con las órdenes de sus superiores, pero aclaran, que ellas fueron capacitadas en la academia de policía para desempeñar su función de manera preventiva y no tramposamente punitiva, porque a final de cuentas todos somos ciudadanos que tratamos de cuidar el ingreso familiar, pero también queremos colaborar a una convivencia armónica.

Aseguran que sus propuestas a los mandos van encaminadas al cumplimiento puntual del reglamento, pero sobre todo a su espíritu preventivo y de seguridad colectiva, para que en primer término se haga una amplia difusión del reglamento de vialidad, de las zonas y horarios prohibidos para estacionarse en la vía pública, de los montos de las multas, que la presencia de los elementos de la corporación sea permanente y visible para inhibir la comisión de infracciones, de tal suerte que lo último tendría que ser la sanción, para realmente incidir en la educación vial.
La diferencia entre actuar de una u otra forma, explican, está en la respuesta de la población y de los propios conductores vehiculares, cuando los mandos instruyen operativos apegados al espíritu de la ley y de la educación vial, la gente felicita y colabora con las agentes de vialidad, pero cuando actúan de manera tramposa para propiciar la comisión de la falta para de inmediato sorprenderlos con la infracción, la sociedad nos recrimina con los peores calificativos sin considerar que simplemente estamos cumpliendo con las órdenes que recibimos de los mandos.
Tan es así, dicen dibujando una maliciosa sonrisa, que los propios mandos, políticos o influyentes que han sido infraccionados responde de la misma manera agresiva y grosera que la generalidad de población infraccionada, por lo que nos insisten en el cuidado de mapear a detalle las zonas en las que no se debe infraccionar, así como se recalca en las que tienden la trampa para mandarnos a infraccionar sorpresivamente, valiéndose del uso de las cámaras de vigilancia.
Cuestionadas sobre las alternativas de la ciudadanía para evitar estos abusos, señalan: recurrir a la Prensa, los integrantes del Cabildo, a Derechos Humanos, a quienes ocupan cargos legislativos, estales o federales representando al Valle de Toluca; al gobernador del Estado o hasta al presidente de la República, sobre todo ahora que es posible hacerles llegar las inconformidades a través de las redes.
Al final, los mandos de la corporación y los gobernantes están por un periodo determinado y se van, pero el personal de la corporación vial permanece al servicio de la población, dicen las agentes viales al seguir su camino, en tanto la ciudadanía sigue con su rabia de que, con o sin uniforme, le sorprenden a cada paso, de día o de noche, en la vía pública o en la propiedad privada: alto ahí, esto es un asalto, a la espera de otra tregua en un nuevo proceso electoral, con un nuevo rosario de promesas, no le parece a usted, estimado lector?


