5) Revancha

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Habían pasado más de seis años desde el primer enfrentamiento entre Pamela e Iker. Ambos a lo largo de ese periodo de tiempo mejoraron mucho y antes de que empezara el ciclo escolar 2010-2011 pasó un nuevo enfrentamiento. El futbol es un deporte que nos deja hermosos recuerdos sea como jugador o como aficionado y esa foto que tanto cuidó aquel niño de pelo castaño era, sin duda alguna, el mejor de ellos. El enfrentamiento tuvo cita el 14 de agosto del 2011, en la muy conocida Masía, en el campo número cinco, para ser exactos. Las indicaciones hacia el dorsal número 98 fueron casi las mismas, solo que era otro entrenador, más joven y más experimentado:

—No la dejes respirar ni un segundo, que tu altura sirva para intimidarle, limpio Iker, limpio, no queremos faltas absurdas —indicó el entrenador González.

—Claro míster, así será —respondió Iker, que deseaba la revancha.

—Literalmente respírale en la nuca y hazle sentir miedo. Entra fuerte, para que se aplaque y entienda que hoy simplemente no podrá hacer nada —agregó el nuevo entrenador.

Una vez más dio el pitido inicial, la filial blaugrana retenían el balón tal y como su filosofía de juego plateaba, pero no pasaban de media cancha. La presión de los pericos estaba haciendo efecto, su juego al contragolpe podía ser letal. Llegó el primer balón a Pamela, estaba de espaldas, pronto se dio la vuelta y se quitó a dos jugadores del Español. Fue allí donde se plantó Iker. El dorsal número 98 la obligó a usar su perfil zurdo, por lo que su conducción no fue tan buena, pronto le punteó la pelota e inició el contragolpe. Lanzó un pase filtrado a espalda de los defensas, mismo que aprovechó su compañero Arturo Ríos, quien ocupaba el dorsal 11 y la posición de punta, para marcar el primer gol del encuentro.

Apenas pasaba el cuarto de partido, nuevamente buscaban a su jugadora comodín y esta vez pasó a Iker. Rápidamente esta se metió entre los centrales, observó a sus compañeros, en ese segundo en que alzó la cabeza, el número 98 de los pericos que ocupaba ese día la posición de medio de contención, barrió fuerte y le quitó el balón. Los once jugadores del Barcelona no encontraban variables sin Pamela, al parecer su estilo dependía en demasía de ella. Pronto se dio el pitido del medio tiempo y el Espanyol se estaba llevando el clásico de la ciudad, después de varios años sin lograrlo.

En el segundo tiempo fue exactamente lo mismo. La niña con pecas siempre estuvo de espaldas, no alcanzaba de pasar de las tres cuartas partes del campo, intentó de todo: fintas, disparos de media distancia, pases filtrados; cada uno de ellos fueron frustrados por Iker. Para el minuto 77, el dorsal 98 recuperó el balón en medio campo, pasó hacia una banda, recorrió cerca del área rival y pidió nuevamente el esférico, nadie le cubría; se atrevió a hacer un disparo de media distancia, su disparo acabó en un golazo y fue así como se sentenció aquel juego. Ese día había sido la revancha del chico de once años y no podía estar más que contento. Iker soñaba con platicar con Pamela e invitarla por un helado. De hecho, al finalizar el encuentro, él esperó a que salieran sus rivales y se acercó hacia donde estaba ella:

—Hola, buen partido el de hoy —mencionó Iker intentando acercarse.

—¡Hubiera sido mejor si tú me hubieras dejado hacer algo! —exclamó ella un poco molesta.

—Lo siento, pero una vez te dejé y fui yo el regañado —respondió el ahora mediocampista.

—En serio, pues no me acuerdo de ti —contestó la chica de las pecas.

—Eso ya me lo esperaba, ¿te gustaría ir por un helado? —preguntó él un poco nervioso.

—Lo siento, tengo que ir a entrenar —mintió Pamela, quien estaba aún enfadada por la derrota.

La dorsal 10 de las inferiores blaugranas se fue a donde se encontraba su madre y así evitó por primera vez a aquel niño que siempre le guardó tanta admiración. Ambos siguieron entrenando y no fue hasta el 1 de septiembre que entraron a clases Los dos estaban en el mismo colegio, una increíble coincidencia.