Alcoholerías Toluqueñas (Capitulo uno)
Bien. Comenzamos.

… Y en el principio fue el vino que de agua, Cristo transformó en elixir y luego, en el contexto que nos ocupa el cuadrito pegado en las cantinas que en el tiempo que –cuento todavía por ventura no agringados bares– que jugaba con homófonos:

Y vino y se fue. Perdón: vino y pulque y cervezas y charanda y mosquito y mezcal y cien brebajes más, hasta en las últimas consecuencias: alcohol puro de 96º.
Así, metido en este mundo, en este otro alucinante, dramático, bohemio mundo del alcohol y sucedáneos, diré que la vida en las cantinas y demás lugares de infle toluqueños tiene material para decenas de películas que no le pedirían nada a las gringas Días sin huella genialmente interpretada por Ray Milland y Días de vino y rosas con Jack Lemmon y cálmense porque en la vida real, mexicana y de provincia, además de ser de otro rollo de peculiar y exquisita riqueza.
Paradójicamente, entraré al mundo etílico por el goce que el alcohol produce, por el chispeo cerebral que te efectúan los primeros tragos. Bien: En 2023 ya no existen los teatros etílicos: tal vez cuatro, cinco cantinas y dos, tres pulquerías, pero en los años cincuenta no te acababas los lugares que eran reunión social, comida, bohemia y teatro de golpizas y hasta homicidios.
En la rosa de los vientos de Toluca podías empezar por el Norte con la cantina La Pasadita o la pulquería La Vía. En el sur tenías al Bar Latino y en el oriente junto a la estación del tren cuenta con la cantinita Hay Órdenes y al occidente rumbo a Zitácuaro la zona rosa.
Y en el mero centro de la ciudad, en la calle 5 de Febrero, montón de cantinas, sin descontar que en el Carmen, en el Mercado 16 de septiembre y a los lados de la nave, era lugar y sede del tianguis, seis cantinas y 8 pulquerías ornaban el lugar.
Y saldrán más escenarios. Ahora vayamos al guion que la vida improvisadamente da y saldrá la vivencia –yo mero– en real actuación y sin premeditada acción será la vida misma. Pon atención en las actrices y actores secundarios, pues personificarán la costumbre, la clase social y el prejuicio. Estimado lector(a) te contare el primer drama tragicómico: un sábado en la noche, cuando la TV del Bar Colonial transmitió una pelea de campeonato mundial y dos parroquianos por quítame estas pajas llegaron a las manos.
Don Juan el dueño del lugar, le apagó a la tele.
– ¿Y ora?
– Esta pelea de aquí, está más emocionante.
Junto a la estación del tren había una cantina llamada Hay Órdenes. Pregunté el porqué del nombre:
– Mire, el despachador, mientras venía uno y otro tren, aquí se la pasaba. Dejaba a un chavito por si el telégrafo sonaba que algo decía que se necesitaba y venía:
– ¡Jefe, hay órdenes!
Y echo la mocha este iba a atender el requerimiento y regresaba a seguir con el dominó y cubita.
Cuando murió, en su honor así le pusimos.
Comencé lúdicamente, pero condenado alcohol. Ya se sabe –La OMS lo dice– que en una enfermedad progresiva, insidiosa y mortal.
Dubitativo y alegrón estas con los primeros fogonazos dentro escuchando Solamente una vez de Agustín Lara y de pronto las puertecillas acanaladas se abren violentamente y entra un cuate, cayéndose, morado, con una cruda de locos pidiendo un mezcal, ¡pero ya!… y de veras ¡Ya!, si no se puede morir. Le dan su mezcal y de un golpe el albañil ¡pum se lo echa y se compone. Y a esa hora en el centro en un bar de lujo otro bebedor, el Lic. pide su copa.
Los puntos antípodas se tocan: el gentleman Toluco, llega al San Carlos, en el mero portal y pide su Cinzanito, para hacer hambre pincha dos aceitunas del platito, paga y se va.
Si quieres poner luz roja pagas y te vas. Pero te la sigues y te metes al infierno y pa’ que salgas. Le dicen al que cayó: Levántate; vamos hacia adelante. Como decía un ex presidente: vamos arriba y adelante… como si fuera tan fácil. A veces ni yendo a Alcohólicos Anónimos.
Sucede que quienes gozan sus copitas y saben cuando parar nunca entenderán al tepo a quienes un trago bebido desencadena una cascadita de alcohol y si se cree que con pura voluntad le ganas al vino que te poseyó, pues observen que no. Las y los supervalientes que salieron del fango y ahí van, son desconocidos entes que se dan solos. Es sabido que AA no funciona para todos, ojalá sirviera para el 100% que transitamos en ese universo, por eso el que comenta: ya llevo 5 meses de abstinencia, ¿sabes?, Ahí la llevas, síguele y cuando te venga el vehemente deseo ya sabes: AA.
¿El divino arte de saber tomar? No. según una teoría manejada en AA, así como en el mundo hay ricos y pobres, neoliberales y liberales, etc, aquí algunos nacemos –como tener un lunar– con probabilidad de ser rehenes del alcohol. Todo es cuestionable, lo que no, es el sutil encanto de los templos de Baco. Dejemos en su cama despanzurrada de la casa de 24 horas, casi manicomio, de los alcohólicos rudísimos. Dejemos al que se vuelve loco, sufriendo y viajemos a la sin igual delicia de estar en la cantina del Señor Larita El Nuevo Continente, oyendo a Luis Méndez Espíritu manejar la guitarra con sumo placer, con un sentimiento que trascendía a la canción.
Te zampabas tu Ron Castillo con Sidral y chorrito de Tehuacán y venía saliendo su voz así su, así como abrir el grifo de agua tibia que se va calentando: Dicen, que soy borracho, que voy por el mundo…


