Salmón Contracorriente

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Acaba de culminar un periodo vacacional mas y lejos quedaron aquellos días en los que los niños retornaban platicando sus vivencias en playas, bosques, riachuelos o montañas; vamos, ni siquiera son capaces de hablar de una convivencia familiar, lo que hoy comparten son sus increíbles aventuras con sus dispositivos electrónicos.

Cada vez es más común observar que los nuevos padres de familia, en aras de tener a sus pequeños tranquilos, no tienen empacho en darles un teléfono celular o una tableta para que se entretengan, aunque en dicha acción se anulen situaciones torales en el desarrollo de un ser humano: la comunicación cara a cara o el desarrollo lúdico a través del juego.

No avanzamos, por el contrario, pareciera que estamos decididos a ir en reversa en muchos temas, sin importar que eso se convierta en un contrasentido preocupante que ha dado como consecuencia una nueva generación de niños y jóvenes, cada vez más intolerantes y convencidos de que lo merecen todo.

Tampoco se fomenta la lectura, hay quienes aseguran que comprar un libro es una mala inversión, cuando en realidad es una de las formas más genuinas para enriquecer nuestro capital cultural. Ana Frank, Edmundo de Amicis, Michael Ende y Hans Christian Andersen han sido sustituidos por Mario Bros, Sonic, Crash Bandicoot y Nathan Drake.

Incluso, pese a la gran variedad de opciones que se tienen en las diversas plataformas de streaming, tampoco hay un gran esmero por mirar el trabajo de otras culturas, otros puntos de vista, otras interpretaciones del mundo. Un grueso de la gente sigue optando por programas de chismes en televisión abierta, como si el conocer la vida de los famosos nos nutriera de alguna bondad particular.

Mas datos de espanto, sorprende que siendo la Ciudad de México la segunda metrópoli en el mundo con el mayor número de museos no abarrote estos espacios de cultura; podemos encontrar verdaderas joyas que ilustran, educan y comparten referentes de diversas áreas del conocimiento: arquitectura, pintura, historia, economía, escultura y ciencia, por citas sólo algunas de ellas.

Y en este proceso una brecha que poco a poco favorece la priorización de lo material por encima de lo moral, de lo fácil por encima de lo que implique retos, de lo cómodo por encima de la cultura del esfuerzo

Por todo ello, los educadores tenemos la responsabilidad de buscar alternativas para interesar a las nuevas generaciones; es urgente diseñar las estrategias para hacer saber todas esas cosas positivas que existen y que no tomamos en cuenta.

En efecto, debemos ir como salmón contracorriente, pero de no hacerlo, tácitamente seremos cómplices de una degradación cognitiva y cultural que ya está mostrando sus desatinos.

Si en sus manos está, vaya a ver exposiciones; integre en sus planes la visita a espacios para el enriquecimiento personal y del alma.

No todo son espectáculos grotescos mañaneros; basta con tomar acción y aventurarse a ser un poco diferentes del resto.

¿Quién se apunta?

horroreseducativos@hotmail.com