LOS ÁNGELES CAÍDOS

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Ellos siempre dan la talla, en todos los aspectos de su vida, sería un honor para mí ser como ellos. 

Ellos no siempre son bonitos o de linaje puro, a veces ni mezclado, pero a más feos se les quiere más, que contradicción ¿no?

Ellos son una sonrisa dibujada casi invisible, un vaivén constante de movimientos giratorios, verticales, horizontales, son cinemática, dinámica, estática pura. 

Ellos siempre tienen claro quiénes son, todo lo contrario a lo que sucede con algunas personas. 

Ellos logran que nosotros les obedezcamos, mientras que nosotros ciegamente vivimos convencidos que es totalmente al revés. 

Ellos son como los pingüinos, una vez que nos encuentran, no se despegan nunca por propia iniciativa, aun cuando muchas veces somos injustos con ellos. 

Ellos son capaces de esbozarnos una sonrisa en medio del caos, sobre todo cuando el caos es ocasionado por ellos de manera inocente, siendo auténticamente ellos. 

Ellos son nuestra constante inconsciencia llevada a la consciencia, porque con sus actos y buenos ejemplos, nos recuerdan quiénes somos y quiénes deberíamos de ser. 

Ellos saben todo y se dan cuenta de todo, pero son los eternos guardianes de nuestros secretos, hasta de los más oscuros. 

Ellos sostienen una relación con otras personas, sostienen un amor como si fuera un idilio. Cero conflictos, cero dramas, fluidez total, sin presión, sin prisa, sin juzgamientos desgarradores que terminan por acabar con uno. 

Ellos pueden lograr ser el mejor ejemplo de cómo uno quisiera ser, nuestro ideal, definitivamente imposible de alcanzar y poco merecedor casi siempre. 

Ellos siempre ven lo mejor del resto, siempre. El lado oscuro de Anakin convertido en Darth Vader, para ellos no existe, apuestan siempre por llamarse el Maestro Yoda. 

Ellos no saben convivir con el amor y el odio a la vez, o aman u odian, éste último, siempre tendrá un motivo que casi nunca será provocado por ellos mismos, sino por otras personas y casi siempre adrede, para hacerles daño, siendo ellos  inocentes en la mayoría de casos. 

Ellos nos endiosan, muchas veces sin habérnoslo ganado y otras veces ganadas a pulso. Es por esta razón que podemos amarlos tanto, porque odiarlos sería una opción injusta. 

Ellos son nuestro constante termómetro que no mide la temperatura corporal, mide la temperatura e intensidad de nuestro corazón. 

Ellos nos encuentran a nosotros siempre, siempre son los protagonistas, nosotros siempre nos quedamos en papeles secundarios. 

Ellos tienen múltiples personalidades y las usan según las necesidades de su prójimo, para satisfacerlo constantemente, cueste lo que cueste. 

Ellos no conocen de los celos, de la maldad consciente, de la envidia, del descontento, no los conocen porque no viven dentro de ellos, pero nosotros a veces somos sus mejores maestros de amor y también esos maestros oscuros y despiadados sin causa alguna. 

Ellos son los sabios, me recuerdan mucho a Buda o a los Monjes del Tíbet que viven armonizados con la naturaleza y el universo tratando de hacer el bien, nosotros somos los ignorantes que nos la queremos dar de sabios pero no les llegamos ni a la rodilla. 

Ellos son nuestro espejo, a través del cual podemos ver y confirmar la grandeza de nuestra alma o la escasez de ella misma. 

Ellos siempre actúan con el corazón, nunca con la cabeza, las razones para ellos casi nunca existen. 

Ellos son guerreros, paran y se aíslan para curarse las heridas, y una vez curados, vuelven al ruedo, sin importar si van a sobrevivir o morir en el intento. 

Ellos saben ser los mejores amigos, compañeros, cómplices de otros, sin embargo esos otros, solemos ser sus peores enemigos. 

Ellos son los más leales, su lealtad no tiene cuestionamiento y su amor no se puede medir porque es infinito. 

La vida está llena de historias sobre ellos y tengo el placer y la dicha que la mía también lo estuvo, porque sino, no hubiera sido vida. 

Ellos fueron dos, de distintos tamaños, uno alto el otro chato, fueron  de distintos colores, uno negro el otro rubio, tuvieron distintos temperamentos, uno alerta y  protector el otro relajado y totalmente distraído, pero ambos, sin duda  con el mismo corazón de oro. Fueron vikingos, gladiadores y todo por una sencilla razón, por puro amor. A pesar de ser tan distintos,  la amistad y lealtad  entre ellos fue de lujo, un ejemplo para la humanidad, un ejemplo para el mundo.

 

Siendo tan distintos me enseñaron los valores más preciados sin pedir nada más que tiempo, atención y una pizca de cariño. Fue esa amistad, que los llevó a decidir irse uno tras otro este 2023,  porque estaban seguros que ambos habían cumplido la misión de protegerme, cuidarme, amarme, esa única misión por la que vinieron al mundo, dar amor incondicional cueste lo que cueste y enseñarme que la verdadera amistad y amor no lo conocemos verdaderamente los humanos, lo conocen, ellos, los perros, mis mejores amigos, mis ángeles del ladrido eterno. 

(En memoria de Pascual y Tunche, mis ángeles caídos)