Teoría de la arquitectura, pensar y hacer

Views: 939

La teoría de la arquitectura nos enseña a pensar, nos hace distinguir la vigencia de los conceptos, bienaventurados los que nacieron con la vocación de la profesión de la arquitectura. Están llamados a crear obras que al paso de los años o siglos, cuando dicha obra es materia que habla, a la vez, de la belleza y de la creación de un lugar de bienestar familiar, religioso, laboral, educativo, comercial o empresarial. En ese largo trajinar que es crear y recrear centros habitacionales para urbes que hoy crecen como hongos en Toluca, la entidad y el país, por no citar al mundo que, vive a diario la presencia de la arquitectura como pan cotidiano, del cual no se puede hacer a menos. La vigencia de los conceptos, en estudio necesario, enseña que no se puede crear nada a partir de la sola idea que no tiene sustento en la ciencia, de que se forma la belleza de la profesión del arquitecto como parte intrínseca de su quehacer cotidiano.

No hay soluciones polivalentes o universales, ni en la vivienda, es el sitio quien lo define. Pocas profesiones han logrado alcanzar tal grado de belleza y de eficiencia en sus construcciones. El gran dilema de los arquitectos es cómo hacer construcciones que estén de acuerdo con el sitio, y no crear, como sucede frecuentemente, poner costras espantosas por doquier a lo largo de avenidas o carreteras o calles, o simples veredas que convierten a la ciudad en una espantosa propuesta del caos. Todo está roto desde el momento que no se respeta el sitio, como lo dicta en esa memorable conferencia dada por el maestro de la profesión.

La arquitectura es una técnica que debe producir belleza. No hay otra solución para la carrera del arquitecto. Cuando en verdad lo es, su problema de respetar el sitio y dar belleza le convierte en un cautivo de lo que ejerce como profesión de vida, como vocación apasionada donde crear a partir de materiales como el adobe, la teja, el ladrillo, los metales o la madera, de esos materiales y muchos otros, el respetar el sitio y su preocupación por hacer belleza con los materiales y sus diseños de que parte la utilización de los mismos, le convierte en un artesano de finas manos y mente sagaz.

Contundente dice Somos artistas, triste es para quienes estudiando la carrera de arquitectura, sólo piensan en hacer construcciones para hacerse ricos. Han de perder su capacidad para crear belleza permanente, y sólo construirán centros habitacionales para hacer dinero. Se pierde la esencia de una profesión que llama a crear, haciendo con ello, que la belleza impere: así se fundó el edificio de la rectoría de la UAEMéx, así la capillita de los Dolores, o la Casa de las Diligencias en el siglo XIX. Cuando comienzan la carrera los alumnos se deben repetir una y otra vez Somos artistas, es decir, creadores de arte que sólo le es dado a pocos privilegiados en la vida del ser humano: así lo hace el artista visual, el músico o el poeta. A esa estirpe pertenece el arquitecto y cuando lo dice don Pedro Ramírez Vázquez pone en punto sobre la i, se crea belleza sin atender a la ganancia que se ha de recibir, pues el fin del arquitecto no es hacerse rico, pleno de fortuna en dineros, cuando su objetivo primero y último es crear belleza, ser artista por encima de todo.

Aforismos, enseñanza a través de un rayo láser, que dice en pocas palabras lo que se debe aprender desde el principio: La enseñanza debe ser la aplicación de la realidad. Otra regla invaluable para el ser humano. No hay nadie que pueda hablar o entender lo que quiere el pueblo, si no es capaz de entender a ese pueblo, convivir con él, nacer dentro de él y si no ser solidario en cuerpo y alma. No hay otra, para comprender que una sola obra realizada puede ser la necesaria para expresar el espíritu de su pueblo con amor y sabiduría. La conferencia de Pedro Ramírez Vázquez seguro quedó en la mente colectiva que le escuchaba, pues hay poca oportunidad de escuchar a genios que han hecho del estudio y el trabajo su recinto de la sabiduría.

Cada frase va cayendo en la mente de su auditorio: Actuar con madurez significa responder a necesidades reales y no ceder en el diseño o caprichos en la forma. Enseñanzas de filosofía en la profesión del creador de belleza, porque es un artista. No ceder ante el cliente que sólo quienes florecitas, porque eso le parece que es lo único que se puede poner en la fachada o al interior en las habitaciones. No ceder a caprichos para que la obra sea única y disruptiva porque es nueva y sólo utiliza lo sabido para ir más allá de lo corriente, en el sentido de hacer lo común como manera de ganar dinero a manos llenas, sin atender la voz interior que llama a crear belleza y no bodrios que aparecen cuando un centro habitacional se cae al año de inaugurarse, o en el abandono que toda obra mal hecha, no merece para el cliente o el que le habita, ningún respeto para cuidarle.

Ser artista y a la vez ser práctico, pues todo lugar habitable por el hombre o la mujer, debe ser útil y no un espacio que no produzca sentido de bienestar. Dice don Pedro: Producir una obra útil es una de las aspiraciones más altas del ser humano. Belleza, utilidad, realidad, eficiencia, palabras que podrían andar por otras esferas de la cultura humana. Pero el arquitecto que en verdad lo es, debe diseñar cuando se le ha pedido un trabajo que es propia de su vocación, y comprender que el cliente espera que su sabiduría interprete lo que él desea. Es como sucede con el poeta que es en verdad, cuando escucha a quien lo oye o le ha leído: eso que dice usted en poesía y en sus versos es lo que yo siento en mi alma. De ese reto es el papel del verdadero arquitecto. De eso se trataba esa conferencia que está entre lo mejor que pasó como sabiduría que habla a través de un profesionista, tal y como sucedió en esa fecha dentro del Aula Magna de la UAEM. Toluca sólo escuchaba el rumor de la sabiduría y asentía con su ser que es un cuerpo lleno de obras arquitectónicas, mismas que la mayoría de las veces no valoramos por desgracia: somos arquitectura, así deberíamos de decir los habitantes todos los días en el Municipio y la Ciudad.

Humanista, el genio de la arquitectura junto a otros nombres como Adamo Boari, A. Zohn, Enrique de la Mora, Félix Candela, Mario Pani, J. De la Peña, E. Yánez, S. de Alba, Carlos Lazo, Teodoro González de León, Ricardo Legorreta y Abraham Zabludovsky, entre otros, como Luis Barragán, Mathías Goeritz y Juan O’Gorman. Artistas y no sólo arquitectos. Concluye en esa primera parte don Pedro diciendo: La creatividad sólo tendrá valor de utilidad si da lugar a mejores y más justas formas de vida para la población. Con lo cual se concluye que el arte claro que sirve; la literatura, música o pintura y escultura, claro que sirven para algo: dar bienestar espiritual y grandeza de alma para ciudadanos de todas edades.

Una cosa es hablar de la guerra que ocasiona las peores formas de comportamiento del ser humano, que en este caso viene a resultar en seres despreciables; mientras que el artista cuando lo es, aporta a la humanidad sus más bellas y mejores formas y comportamientos de vida. Por eso el artista reencarna en sus obras y sobrevive a su muerte física. Mientras que los dictadores y feroces asesinos de su hermano el hombre, sólo son recordados y despreciados al paso de los siglos: Atila, Hitler, Mussolini, Stalin y Putin, materiales hechas por artistas y arquitectos, embelleciendo las ciudades por aquí y por allá es la única manera de representar lo mexicano como país de genios, arquitectos, ingenieros, matemáticos, literatos, músicos y pintores de altas metas y sensibilidad. Tal y como dice el Coliseo Cuadrado que en la parte moderna de la ciudad de Toluca, señala lo que los italianos son en el mundo.