PARA LOS ANTIGUOS MEXICANOS VIDA Y MUERTE FORMAN UN CICLO, DICE RAYMUNDO MARTÍNEZ, EL BUENO
corazón, la más importante de las cuales es la última.
Los antiguos mexicanos tomaban en cuenta además el sexo, la edad y la enfermedad para distinguir las peculiaridades de cada ser humano, consideraban que los niños recién nacidos vienen del inframundo y son joyas, creían que todo en el mundo está animado y poseían una visión integradora y holística de la vida.
El coordinador de Investigación de El Colegio Mexiquense detalló los dos momentos del año que consideraban los nahuas, el del verdor (la época de lluvias), que de manera congruente con las otras creencias era el tiempo de la muerte, y el Tonalco o tiempo de la sequedad y el calor, que era el de la vida.
Habló del cultivo del maíz y de algunos de los rituales que se hacían para la siembra y la cosecha, con la idea central de que la semilla tiene vida, idea que se corresponde con que el ser humano tiene su origen en una semilla-corazón que viene del inframundo.
Para contrastar con los ritos cristianos, también se refirió a los entierros y a la manera de disponer a los muertos, a los que se les acompañaba a veces de un perro, cuya alma iba con la del muerto, y concluyó con la creencia antigua de que cada ser humano es único y el alma se va limpiando conforme pasa los nueve niveles, llega sin memoria histórica y entonces puede ser utilizada para otro ser humano, en un nuevo ciclo de vida.
Guerreros y mujeres que morían en el parto iban a acompañar al sol, quienes morían de otras maneras no hacían el viaje por las nueve estaciones, y en el Libro de los Cantares, del cual leyó un poema, se afirma que estamos huérfanos en la tierra.
