La arquitectura como disciplina Interdisciplinaria
Así lo cuenta Erik Carranza: De sus obras que más aprecio son las que tienen que ver con diferentes etapas por las que uno pasa en la “arquitectura”: Como estudiante de arquitectura, la Facultad de Medicina de la UNAM, en colaboración con Roberto Álvarez Espinoza, Ramón Torres Martínez y Héctor Velázquez; como practicante de arquitectura, las aulas prefabricadas para el CAPFCE, y como aficionado a la arquitectura, el Estadio Azteca, en colaboración con Rafael Mijares, opina.
Profundizar en su obra para saber que sí es posible realizarse en una profesión cuando la vocación nació para ello: Como arquitecto, su mejor obra fue la realizada como presidente del Comité Organizador de los Juegos Olímpicos, junto con Eduardo Terrazas, Lance Wyman, Peter Murdoch y Beatrice Trueblood, en el 68’, en ese momento estuvo 40 años adelantado a lo que la arquitectura como disciplina interdisciplinaria hoy discursa.
Para la periodista y escritora Guadalupe Loeza quien titula: A ojo de pájaro. Museo Nacional de Antropología, recordar a quien ha fallecido representa una sola cosa admirable: Ahora que la Ciudad de México ha perdido a quien fuera uno de los responsables de su apariencia, no podemos menos que recordarlo en esta columna que mira desde el cielo sus edificios y monumentos. Casi no hay construcciones tan significativas como la nueva Basílica de Guadalupe, el Estadio Azteca o el Palacio Legislativo. En la UNAM, también edificó la Facultad de Medicina. Y eso nada más por hablar de la capital, pues el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez también hizo importantes obras en el interior del País, y hasta en otros continentes.
Nuestro lugar favorito es el Museo de Antropología, uno de los sitios más visitados por mexicanos y extranjeros. No hay persona que lo visite que no quede fascinada con sus enormes corredores, jardines y salas de exposiciones, pero, sobre todo, con esa maravillosa fuente central en forma de paraguas. Aunque Ramírez Vázquez decía con mucha modestia que no era “un artista”, podemos decir que no nada más era un gran artista, sino que se trata de uno de los más notables del mundo, y que este museo inaugurado en 1964 es admirado en todas partes.
Sobre la fuente, en la cual el agua cae sobre una espectacular columna de bronce, podemos decir que tiene motivos hechos por los hermanos Tomás y José Chávez Morado, basados en un guion de la historia de México escrito por Jaime Torres Bodet. Por cierto, a la entrada del museo pueden leerse las palabras de este gran escritor: Valor y confianza ante el porvenir hallan los pueblos en la grandeza de su pasado. Mexicano, contémplate en el espejo de esa grandeza. Comprueba aquí, extranjero, la unidad del destino humano. Pasan las civilizaciones, pero en los hombres quedará siempre la gloria de que otros hombres hayan luchado para erigirlas.
¿Cómo se hizo posible este museo? Desde hace muchos años, ya se pensaba que el Museo Nacional que se encontraba a un costado de Palacio Nacional era insuficiente para custodiar piezas tan importantes de nuestra historia. Incluso, durante las Fiestas del Centenario, Justo Sierra había prometido la construcción de un museo para albergar el arte precolombino. En muchas reuniones, el presidente López Mateos hablaba de un nuevo museo. Mas quien tuvo la idea fue Ramírez Vázquez. Tal como lo relata Eduardo Matos Moctezuma, en su texto El proyecto Teotihuacán y el Museo Nacional de Antropología” (incluido en el libro Adolfo López Mateos, la cultura como política de Estado, Universidad del Estado Mexicano, 2010), en una ocasión López Mateos preguntó a Ramírez Vázquez que cuál sería su gran deseo, y éste le respondió: Hacer el Museo Nacional.
De inmediato se pensó en construir este gran museo en Chapultepec, sobre Reforma, en un gran terreno en el que pudieran hacerse grandes salas y grandes sótanos para albergar enormes bodegas. Aunque parece que el arquitecto trabajó años y años, este museo se construyó en sólo dos. Claro, fue inspirado por la arquitectura de los antiguos mexicanos, especialmente los mayas. Los conocedores de la arquitectura dicen que don Pedro tenía un gran conocimiento de las formas antiguas, sus espacios, su manera de hacer muros y esa belleza tan particular el mundo prehispánico. No por nada, invitó a Rufino Tamayo, Jorge González Camarena, Carlos Mérida, Pablo O’Higgins, Raúl Anguiano¸ Mathias Goeritz, Rafael Coronel y Leonora Carrington a participar en los murales del museo. Hasta el famosísimo padre Garibay estuvo en el equipo; él se encargó de traducir textos antiguos al español. Salvador Novo realizó las audioguías para los visitantes. Quizá lo más espectacular fue el traslado de Tláloc, el dios de la lluvia, el rayo y los terremotos.
El 16 de abril de 1964, los trabajadores de Antropología llegaron al pueblo de Coatlinchan. cerca del DF, a buscar a Tláloc. Ramírez Vázquez tenía todo planeado para llevar al dios a su hogar definitivo. Quién sabe si Tláloc esté contento en Chapultepec. Suponemos que se siente cómodo siendo el centro de atención. Pero los que no se sienten para nada felices son los habitantes del lugar en donde siempre había estado. Dicen que desde hace medio siglo, no perdonan que les hayan quitado a Tláloc. No hay que olvidar que el día en que el dios entró al DF, una gran tormenta lo acompañó hasta su llegada al Museo.
El día de la inauguración, Carlos Chávez estrenó con la Orquesta Sinfónica Nacional su obra Resonancias. Luego, hablaron el presidente Adolfo López Mateos y Pedro Ramírez Vázquez. Y, finalmente, hubo una cena para 700 invitados. Esa noche estuvo Novo, por quien sabemos la impresión que causó este museo: Vimos iluminarse una selva, al fondo de la cual se erguían las ruinas de un palacio. Caminamos sobre piedras difíciles hasta contemplarlo de cerca. Volvimos al salón, bajamos las escaleras y fuimos a dar, de pronto, frente a la tumba de Palenque, con su personaje en el sarcófago, con su máscara de jade y sus joyas a un lado de sus restos. Tal como entonces, el Museo que le debemos a Ramírez Vázquez impresiona a los visitantes y, con toda seguridad, lo va a seguir haciendo por muchos años. Como se ve, se cita a nombres de la más alta envergadura de nuestra historia independiente que dejaron huella en el siglo XX en muchas ciencias y áreas de la cultura. Difícilmente se puede reunir en torno a un proyecto una serie de hombres y mujeres tan talentosos.

