NOE EN EL SIGLO XXI
Mi casa de tecnopor
Mi sol de lámpara en una mesa de noche
Hecha de papel periódico con cola sintética
Que soporta cualquier peso
Mi colcha cocida con mates filtrantes secos
Para que algo me abrigue
El último jarro de agua para bañarme
O para quién sabe que más
Las velas por terminarse
Y el único espejo de veinte centímetros cuadrados
Porque afeitarme y peinarme
Nunca lo dejaré de hacer
Y esta soledad mía
Donde solo tengo dos lugares para las visitas,
Dos baldes al revés para que puedan sentarse
Porque para ver televisión, donde el vecino
Que vive durmiendo y yo puedo así
Cambiar de canal a mi regalado antojo
Pero hoy no,
Hoy tengo cita con una candidata a novia
Con menos plata que yo
–Ojalá que no sea por interés, aunque me ve
como su sugar daddy–
y todos los días revisando detrás de la puerta, y nada
hoy tampoco llegó mi cheque,
el que llega es Horacio, mi gato angélico,
que me trae comida y que la frío al sol
al momento de la canícula
y así la devoro
y me voy apagando
y Horacio se desespera
y se pone sobre mi pecho
y me abriga en este invierno
donde las lunas de las ventanas
sin vidrio permiten que entren
casi todos los animales de Noé,
como si mi casa fuera un arca terrestre
y el diluvio lo dan las lágrimas
de estos risueños y locos animales
de todo el mundo
lágrimas que se vuelven como buen diluvio
y mi casa navegue rumbo algún puerto
con la esperanza,
que el mono,
lleve bien el timón.

