Queso de puerco

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A mi padre

El viernes pasado fui a un toquín con unos cuates y el tripas, que andaba agüitado porque lo trono su chava, bueno, con la que andaba. Tsss… también es re pendejo, la chava ya le había dado varias oportunidades, pero nomás no quería cambiar, y según decía que la amaba.  Quien sabe, al rato le gusta otra, psss ya te la sabes. La cosa es que nos quedamos de ver en la entrada. Llegamos y ya estaba nuestra bandita ahí, el terco, el sopas, la greñas, el chato, en total éramos seis junto con el tripitas y yo merengues (ay  mi cuate, me cai que ahora si lo vi peor que otras veces). 

Nos formamos en la fila para entrar, ya cada quien traía su boleto, y la greñas se había guardado dos anforitas de un wiskylucan bien chido que compramos entre todos, una entre sus bubis (ya se imaginaran como las tenía) y otra botellita quien sabe dónde; a las chavas no les revisaban tanto como a nosotros. Ya entrados en el ambiente, nos fuimos pasando el trago y luego luego que el tripas se abalanza con una de las botellitas, que se la arrebata al terco y que se la toma casi toda. ¡Aguanta! Le dijo el terco, y todos los demás se quedaron como de a seis, a mí no me sorprendió, y trate de calmar el asunto porque el chato ya le iba a meter un madrazo. Empezó el slam y de pronto ya andábamos todos regados. En una de esas que me cae encima una chava, en lo que me pare del piso y todo, ya estaba enfrente de mí pidiéndome disculpas. 

No manches, en cuanto la vi me quede todo estúpido; cabello negro y lacio, piel morena brillante, ojos color miel, como siempre lo había soñado, era como una princesa azteca así su silueta bien bonita. No era el efecto del alcohol porque ya ven que el tripas se zampo el whisky. Nomás alcance a oír que me decía que si estaba bien y que si se podía quedar conmigo porque había perdido a sus amigas. Nos alejamos un poco del escenario y compartimos nuestros nombres, se llama Celeste y yo me llamo Esteban, le dije.  Estuvo bien chido hasta que me vieron mis cuates y me jalaron que porque el tripas ya andaba todo jodido de que se había peleado con alguien. Nos fuimos todos en chinga a buscarlo y la chava nos siguió. En eso, que nos lo encontramos tirado todo moqueteado y pisoteado, el chato y yo nos lo llevamos cargando sobre los hombros. 

Salimos del toquín y cuando reaccione ya no estaba Celeste. Chale, ni le pregunte donde vivía, ni nada, pinche tripas por tu culpa wey- pensé.  Me toco llevarlo a su casa porque somos vecinos. Cuando llegué su mamá me regaño y pa’ acabarla de amolar mi jefa también, porque no recogí un mandado que me había pedido. ¡Bien que te fuiste a tus loqueras cabrón! Ni me das nada para el gasto- me grito. Al otro día yo también andaba tristeando, no podía creer que por fin había encontrado a la mismísima diosa dueña de mi corazón y se me fue. Al poco rato de estarme lamentando, que llega Javier (el tripas) bien contento que ya había regresado con su chava y que la manga del muerto y yo como pendejo. Me cayó gordo y lo mande a la chingada. Dos días después regresé de hacer unos bisnes y que me dice el Javier, ven te invito unas tortas. Nel, le dije, ándale que están re buenas, me insistió. Ya para que no estuviera chingando y porque también tenía hambre le dije que sí. 

En el camino comenzamos a platicar y ya se me pasó el coraje. Me abrazo de cuates y dijo: no te azotes carnal. De pronto, al llegar a las tortas, una luz se ilumino en el camino. Celeste, la mismísima princesa Azteca estaba ahí, atendiendo la torteria. La encontré para ti, me dijo el tripitas. Dijo también, que la greñas la conocía y que le había costado trabajo sacarle la sopa porque entre ella y yo hubo algo hace tiempo y que sentía celos y que por eso no le quería decir, termino diciéndole porque a cambió Javier le dio uno de sus discos de vinil de Three souls in my mind. Espero que valga la pena el trueque, me dijo mi amigo. 

Hola Esteban, ¿cómo estás?- me pregunto Celeste. Y mi panza se me hizo un nudo y la mire como lelo, vi su sonrisa y le pedí una de queso de puerco que son mis favoritas. Preguntó: ¿para llevar o para comer aquí? Para comer aquí y en donde quieras, le respondí. Soltó una risita chida.