¿Es posible llegar a odiar a un hij@?

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Hay hijos que no quieren a sus padres, padres que tratan con desprecio a sus niños y hay también madres que no quieren a sus hijos. Parece imposible ¿no es así? Es como un atentado a esa ley natural que nos hace creer que no hay amor más puro y desinteresado como el de los progenitores, como el de esas personas que nos dieron una vez la vida. Y, sin embargo, ocurre; es una realidad.

Ahora bien, dentro de esta esfera de desafectos, hay una curiosa evidencia: siempre suele llamarnos más la atención la figura de la madre emocionalmente fría, de la madre ausente que se aleja de su esperable guion. De algún modo, asociamos la maternidad a esa ternura exquisita que arropa y acoge, a ese amor incondicional que valida en afectos y que lo da todo por sus hijos. El hecho de que esto último no ocurra, rompe esos guiones tan arraigados en nuestra sociedad.

Sin embargo, las evidencias están ahí. Son muchas las personas que navegan por su vida con el vacío de esa herida. En sus mentes se acumulan los por qués (¿por qué se comportó así? ¿hice yo algo malo para que no me quisiera?). En sus corazones arrastran también desde sentimientos de culpa hasta cierta rabia hacia la figura materna.

¿Por qué hay madres que no quieren a sus hijos?

Hay quien señala que las madres que no quieren a sus hijos presentan una falta de instinto maternal. Sin embargo… ¿Qué es realmente el instinto maternal? ¿Existe de verdad ese impulso natural e inconsciente, capaz de provocar una respuesta tan determinada como la de amar y cuidar a un hijo solo porque la naturaleza así lo orquesta? La verdad es que la ciencia aún no ha encontrado pruebas sobre esto último.

En realidad, hay elementos con mayor trascendencia que van más allá de la controvertida hipótesis genética. Para empezar, hay madres que sí quieren a sus hijos, pero los quieren mal o más aún los aman a su manera. Porque cada quien entiende el querer de un modo y existen personas que practican un afecto frío, que priorizan el que sus niños vayan siempre aseados, sean obedientes, vayan a buenas escuelas y aprendan de manera temprana a obedecer y a decir gracias y por favor.

Sin embargo, por el camino se queda el consolar, el aliviar miedos, el mirar con cariño, el escuchar, responder preguntas, alentar sueños y nutrir seguridades. Si esto falta, falla todo. Y no, no importa que una madre nos quiera a su manera

1. Arrepentidas de su maternidad: Hay parejas que tienen hijos sólo porque toca, porque según ellos, es el momento de dar un paso más en su relación. Sin plantearse si quiera si quieren y desean verdaderamente ser padres. Otras veces, surge el embarazo inesperado, ese que no se espera, pero con el que se sigue adelante. En ocasiones, sucede también algo quizá más complejo: una desea tener hijos, pero una vez son conscientes de lo que ello supone, surge la angustia, el estrés y hasta la infelicidad.

2. La madre deprimida, la mujer que no ha resuelto sus propios traumas: Una de las razones por las que las madres no quieren a sus hijos puede ser algún problema psicológico no atendido. El estrés postraumático como causa de un hecho vivido en la infancia o juventud, las depresiones no detectadas, los trastornos de ansiedad y también, las enfermedades mentales que no se tratan, interfieren por completo en la crianza de los hijos.

3. ¿Por qué hay madres que no quieren a sus hijos? La sombra alargada del narcisismo; Hay padres y madres narcisistas. Hay quien tiene solo unos rasgos de este tipo de personalidad y hay quien evidencia un trastorno narcisista de la personalidad, esa condición clínica con serias implicaciones y consecuencias. Son madres que infravaloran y que se ceban en sus hijos e hijas para intentar cubrir sus necesidades, para proyectar en ellos sus anhelos y tenerlos siempre bajo sus hilos de dominación absoluta.

4. El hijo preferencial y el amor por uno solo: Una de las razones por las que hay madres que no aman a sus hijos está en el amor preferencial. Nos referimos a esas situaciones en que su afecto tiene una cuota limitada y nominal, centrada solo en uno de los hijos y no en los otros. Es el niño dorado, esa figura que, por las razones que sean, acumulará todo el reconocimiento y los refuerzos sin dejar nada para el restante o los restantes. Estas situaciones triangulan a los hermanos en un escenario en el cual, acabar compitiendo por ese amor selecto capaz de generar conflictos y heridas de por vida en esos niños. 

5. Muchas madres tienen una imagen negativa de sí mismos que transmiten a sus hijos; Si no pueden amarse a sí mismos o han desarrollado una concepción negativa de sí mismos y de sus cuerpos, y extienden esta vergüenza y negatividad a sus producciones, no pueden transmitir amor y ternura a esta notable creación suya.

6. Emociones no trabajadas: Brindar cariño o establecer un vínculo es resultado de tiempos, pero sobre todo implica mucho trabajo a nivel conductual y emocional, es decir, de energía. Esto quiere decir que cuando una mujer no se encuentran muy bien en otros ámbitos, resulta difícil estar en contacto con otros o bien a cargo de un pequeño ser.

7. Tener hijos les recuerda a los padres que el tiempo pasa: Esto puede causar tensión e incluso resentimiento en las madres y un retiro defensivo y autoprotector ante la angustia de la muerte. Esto resulta en algo directa o indirectamente dañino para sus hijos.

8. Los padres tienden a usar a sus hijos como proyectos de inmortalidad: Como un mecanismo para defenderse de la angustia ante la muerte las madres buscan continuar viviendo a través de su descendencia. Para cumplir este propósito, los niños deben replicar las actitudes y elecciones que hecha hace. Si difieren, sus acciones se malinterpretan como desafiantes. Los hijos en esa situación no son amados, sino usados como un simple proyecto existencial.