TENER TRABAJO ENTRE LA SUBOCUPACIÓN Y LAS BRECHAS DE GÉNERO Y SALARIAL
Contar con un empleo actualmente, instala retos constantes en la población, pues no solamente se lucha contra el ajetreo de cada labor, sino con problemáticas de precariedad laboral, hecho que padecen cientos de personas, específicamente según datos aportados por la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENEO), publicado por el Instituto de Estadística y Geografía (INEGI), para aquellos que viven en la ciudad de Toluca, las condiciones son complejas, ya que en diciembre de 2023, la capital mexiquense se colocó como la tercera ciudad con la tasa más baja de subocupación, si a eso se le suman problemas de brechas de género o problemáticas que circundan la integridad de las mujeres trabajadoras, el escenario se vuelve aún más difícil.
De acuerdo con el Banco de México, el término subocupación hace referencia a la población ocupada que “tiene la necesidad y disponibilidad de ofertar más tiempo de trabajo de lo que su ocupación actual demanda”, por lo que las condiciones laborales conllevan a una precariedad y un desgaste físico y mental del trabajador.
Ejemplo de ello es Rosalva, quien labora en un café todos los días con un horario de las 7:00 a las 16:00 horas y quien debe de vender cada tarde postres o comida casera para mantener a su familia.
Rosalva sale todos los días de casa a las 6:15 horas, con la finalidad de llegar temprano a su lugar de trabajo e iniciar con las labores que sus jefes le dejan escritas en una hoja de papel. Para ella el trabajo, además de ser una fuente de ingreso económico, también es un refugio, pues como mujer, no solamente debe de lidiar con las asignaciones laborales, sino también con problemas que afectan su bienestar integral desde hace varios años, como lo fue vivir violencia de género.

“Fui madre divorciada porque sufrí maltrato, golpes, insultos. No aguanté más y decidí ver
por el bien mío y de mis tres hijos. Me tuve que enseñar a hacer muchas cosas de las que
solo creía capaz que el hombre podía hacer, como cambiar el tanque de gas, plomería, etcétera. Yo creo que nosotras podemos hacer la mayoría de las cosas que ellos hacen, solo tal vez no tenemos la misma fuerza, pero de ahí en fuera, nada nos hace menos.”
La mayor parte del día le entrega su talento a comensales que se regocijan con los platillos que consumen. Desde su matrimonio, el machismo ha sido una problemática recurrente, puesto que al ser ella víctima de ello, ha mantenido el pensamiento de ser resiliente para enfrentarse a cualquier adversidad que se le presente.
“Yo creo que las mujeres debemos de ser valientes, de alzar la cara y hacer valorar lo que
somos, sin importar a qué o quién. Me da mucha pena que siguen muchas mujeres
afectadas porque son golpeadas o porque las maltratan, creo que debemos de entender que no merecemos eso. Yo he tratado de hacer lo mismo con mis hijos, no me gustaría que ellos hagan lo mismo que hizo su papá conmigo.”
A pesar de sus momentos difíciles durante su vida, Rosalva se muestra alegre en lo que
hace, realiza una broma a compañeros suyos y dice “a pesar de lo difícil que es tener que pasar por momentos malos en tu vida, que te afectan y demás, debemos de considerar que somos capaces de todo, por eso aunque el trabajo sea demandante en la cocina, yo lo hago, porque me da la capacidad de sentirme fuerte y valiosa para quienes me rodean. Eso debe de valorarse actualmente, que las mujeres podemos alcanzar cualquier espacio de trabajo”.
Después del cansancio y el graznido constante de las ollas, Rosalva enfatiza en el Día del Trabajo, que las mujeres siguen avanzando como fuerza laboral y que por lo mismo, se deben de incorporar leyes que salvaguarden a las mujeres en cada aspecto, especialmente en la remuneración, dado que a pesar de compartir espacio con varones, el pago sigue sin ser equitativo.
“Yo entiendo que a veces no recibimos el mismo salario, hombres y mujeres, porque tenemos distintas capacidades pero yo creo que está mal porque eso nos obliga a buscar más de dos trabajos que nos complican más todo”.
El salario que gana Rosalva es el mínimo que equivale a 248.93 pesos por día, por lo que aún no le es suficiente ya que tiene bajo su cuidado a uno de sus hijos. “Pues no ganas mucho, por eso se debe de buscar algo más para mantenerte, pero no hay de otra, es peor no tener nada y mientras se pueda, hay que seguir adelante”.
Entre sartenes y platos, Rosalva demuestra que las condiciones laborales todavía se encuentran con deudas pendientes para alcanzar un bienestar total en la población.
