Valentía docente

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Hoy mas que nunca, aplaudo y agradezco a quienes deciden ser docentes; no sólo por la noble labor a la que ingresan, sino por la valentía que representa estar dispuestos a enfrentar (más bien soportar) tantas circunstancias adversas en el día a día.

Hace años, el profesor era una verdadera figura de autoridad, bastaba su dicho para que en casa se reforzara un trabajo conjunto que buscaba construir hombres y mujeres de bien. Si el profesor mandaba llamar a los padres, escuchaban atentos y en casa hablaban fuertemente con sus hijos para componer las cosas.

Hoy día, incluso ante lo evidente, con las pruebas de por medio, con todo el expediente perfectamente ordenado, el padre no sale de su mi hijo es incapaz de hacer lo que me dice y yo le creo a mi hijo.

Existe un excesivo proteccionismo, si un transformador ubicado a quinientos metros de la escuela se truena, en cuestión de segundos y gracias a los odiosos chats de WhatsApp, tenemos a 100 papas recogiendo a sus retoños para protegerlos del peligro, ¿a razón de qué consideran que están en riesgo?

Progenitores que llaman y exigen a las instituciones educativas que sus hijos no participen en la clase de educación física porque hace mucho sol, pero son capaces de andar por la calle horas sin protección alguna.

Otros que, sin importar reglamento alguno, son incapaces de aceptar que, por ejemplo, llegar tarde merma un punto en su nota de hábitos y con ¡doce retardos!, consideran injusta una calificación reprobatoria.

A la par, en casa, no tienen cuidado alguno y profieren cuanta lindura se les ocurre sobre sus profesores, misma que es repetida en las escuelas para sorpresa de todos: mi mamá dice que no le haga caso porque esta loca, mi papa dice que esta traumada, los papas de Juanito dicen que da pena.

Además, por una SEP permisiva y poco solidaria, resulta que todo está prohibido: hablarles en tono duro, reprobarles, sonreírles, regañarlos, dejarles tarea, saludarlos con mayor cortesía de la normal, y prácticamente todo. Basta que un papito acuse, aunque sea una calumnia, para que el docente quede en un estado de indefensión absoluto.

Los padres mienten, las autoridades solapan y los directivos y profesores de las escuelas con el rosario en la mano.

Ser maestro no es sencillo, sobre todo cuando los valores se trastocan desde la casa y esa inercia corrompe todo y a todos; y si a eso sumamos que hay directivos que no enfrentan, no toman decisiones o no se involucran en el trabajo diario, pues resulta peor.

Por eso, felicidades a quienes con valentía asumen su labor docente, sabiendo que todos los días hay que priorizar, teniendo que elegir las batallas, y siempre perseguidos por las cosas que sabes que deberías haber hecho y no hiciste.  Nunca hay que dejarse vencer.

Si, es un escenario poco optimista, pero mientras haya un docente, uno solo que quiera seguir luchando, algo tenemos de esperanza.

Aplauso, queridos maestros.

horroreseducativos@hotmail.com