Agudiza AMLO su Política Estatista y la Economía va en Picada

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La frase

Una de las más brillantes explicaciones sobre lo que es la Universidad, la Autonomía, a pesar del tiempo transcurrido desde que dejó el servicio público, la tradición del estudio jamás la perdió y se mantiene al tanto e lo que ocurre a su alrededor, es por lo tanto un verdadero intelectual y un producto real de la educación universitaria, su nombre:

HUMBERTO LIRA MORA

Agudiza AMLO su Política Estatista y la Economía va en Picada

Empoderado con el control de todos los hilos de las instituciones públicas, del Ejército Mexicano y de los dineros públicos, el presidente Andrés Manuel López Obradoragudiza ahora su política estatista para que sea su gobierno el que siembre, coseche y comercialice; se asigne las obras, compre los insumos, construya y opere los servicios; recaude y reparta el dinero de todos los mexicanos entre su clientela electorera, aplaudidora y levantamanos a cualquier propuesta presidencial por más absurda que ésta sea.

Lo grave del asunto es que a la misma velocidad a la que el presidente López Obrador lleva al país por ese sendero retrógrada y fracasado en todos los países de corte socialista y comunista de América Latina y del mundo, con Venezuela como el ejemplo más patético, también encamina la economía nacional al precipicio que ya padeció la nación y salió con muchos sacrificios, carencias, atraso tecnológico, escasez de productos y servicios, toda una pesadilla para ricos y pobres.

Y es que esa obsesión por controlar todo, por decidir sobre todo, por mandar a todos, el presidente que se tardó 20 años para llegar al poder con la promesa de acabar con la inseguridad, la violencia, la corrupción, la impunidad y la pobreza, no sólo no ha podido registrar avance en cualquiera de estos indicadores, sino que los va empeorando a una velocidad impresionante y muy preocupante.

Ya sabemos que quien ostenta el poder con rasgos de autoritarismo peor daño puede hacer al país, por encapricharse en imponer su visión de nación y cancelar cualquier otro enfoque que muestren los demás integrantes de la sociedad, que es lo que precisamente enriquece a los gobiernos y a las naciones democráticas.

Lo inteligente no es arrancar con todo de un plumazo, sino seleccionar entre lo que está bien y lo que se ha hecho mal, para ya no hacerlo, pero creo que ese pequeño detalle, llamado inteligencia, no se da a nivel político y eso es lo grave, porque con el poder arrastra a todos al mismo caño.

Andrés Manuel López Obrador ha cancelado, frenado o paralizado todo tipo de obras en proceso o en servicio de los gobiernos anteriores, como el proyecto del Nuevo Aeropuerto Internacional de México, el Tren México-Toluca, las guarderías, los refugios para mujeres violentadas, la promoción turística, las exportaciones, la inversión pública y privada, la licitación de obras públicas, el funcionamiento de las instituciones autónomas como el INE, la CNDH, el INAI, Conacyt, las universidades públicas, los poderes Judicial y Legislativo, la autonomía de los gobiernos estatales y municipales, entre ya una larga lista con lo que ha pisoteado el naciente proceso democrático de México.

El saldo en lo social, en lo económico y en lo político, durante lo que próximamente será el primer semestre de gobierno de Andrés Manuel López Obrador, es ya desastroso y preocupante, al grado de que las instituciones internacionales de cada uno de esos rubros, incluido el de los derechos humanos, han alzado la voz para alertar de lo que está sucediendo en México, pero más de lo que puede suceder en el corto, mediano y largo plazos con la sociedad mexicana, entrampada en las redes de la delincuencia, la impunidad, la debacle económica y ahora el creciente autoritarismo de un presidente de la república que está embriagado en su obsesión de que posee la receta para controlar, ordenar y resolver todo, así sea peleándose con todos.

El colmo de los colmos, es anunciar el proyecto de Dos Bocas como la solución al México actual. Se trata de una refinería que llega por lo menos 20 años tarde, en donde se emplearán cualquier cantidad de millones, en los umbrales de que la gasolina y otros carburantes de su género están próximos a no utilizarse a cambio de nuevas tecnología, en lo que se debió invertir.

No hay mal que dure cien años, dice el refrán, pero lo crítico es que esta película de terror apenas empieza, sin asomo de que pudieran reaccionar los partidos políticos o las instituciones públicas o sociales, por lo que tendrán que ser los ciudadanos los que alcen su voz cada vez más fuerte para rechazar todo aquello que les cause un daño irreversible, ¿no le parece a usted, estimado lector?

Humberto Lira Mora, algo de su historia

Hace veintisiete años en 1992, como Secretario General de Gobierno del Estado, me dice el que fue mi maestro de Derecho Administrativo, Humberto Lira Moratuve el honor de refrendar la actual Ley de la Universidad. Un poco antes, en 1980 como Diputado Federal a la XLIX Legislatura del Congreso de la Unión, participé en los trabajos legislativos para la incorporación de la autonomía universitaria al Artículo 3º. de la Constitución Federal.

Me enorgullecen profundamente ambos hechos. Los viví como servidor público y como representante popular, pero sobre todo los viví como universitario.

Pertenezco a una generación que nació el mismo año en que el Instituto vio la luz de la autonomía.

Muchos en esa generación fuimos institutenses y universitarios, pues vivimos parte del último año del Instituto y los primeros de la Universidad.

Algunos de nosotros llegamos al ICLA desde el primer año de secundaria. Estos muros nos cobijaron a lo largo de diez años a cuyo final testimoniaron la entrega que nos hizo la UAEM de los títulos necesarios para luchar en la vida.

Esos años marcaron nuestras vidas.

Aquí hicimos las mejores y más largas amistades. Algunos hasta iniciamos nuestras familias.

Cuando el 3 de marzo de 1956, accedí por primera vez al ICLA a través de sus amplias puertas llegué a las siete de la mañana a un salón en el ala poniente del actual Patio del Centenario. La primera clase a la que asistí fue la de matemáticas que impartía el venerable  maestro Fernando Aguilar Vilchis. Había llegado  cuatro años antes desde Texcoco, con una beca de sesenta pesos al mes.  En el ICLA veintiuno de esos pesos cubrían la inscripción y las colegiaturas.

Salí de la UAEM en 1966. Los muy estimables abogados Guillermo Molina Reyes, Carlos Moreno Díaz entre otros maestros, me habilitaron para ejercer mi profesión en un examen recepcional en la Facultad de Derecho en el cerro de Coatepec.

Esos diez años fueron todos para bien, pues ciertamente formados en las humanidades o en las ciencias, quienes por aquí hemos transcurrido parte fundamental de nuestra vida, hemos tenido el privilegio de hacerlo en la libertad y para la libertad, es decir nos formamos para nuestra propia autonomía, para ejercer las capacidades para conducirnos y para ejercer nuestro albedrío.

Aquí aprendidos a ser libres.

Aprendimos también a pensar y a decidir y sobre todo aprendimos y entendimos la importancia de la armonía y de la concordia como valores superiores de la convivencia, que eso son las virtuosas enseñanzas que ofrecen las aulas libres a la juventud.

Aprendimos asimismo sobre México. Aprendimos a conocer, vivir y amar las dos patrias. La grande, y la chica, ésta que es la más entrañable y cercana. Esta que nos acoge con generosidad y nos permite realizar o fallar en nuestros sueños. Los cumplidos nos tienen aquí; los no cumplidos, habrá quienes sin la vulgaridad de la usurpación, ni la trampa, los alcancen.

Eso es lo que nos transmitieron nuestros mentores en el ICLA y en la UAEM. En mi caso y en el de muchos más, en eso fue en lo que nos formaron nuestros maestros.

Finalmente permíteme mencionar a los que ya no están entre nosotros, pero cuyas enseñanzas y ejemplo siguen imborrables en nuestra memoria y recuerdo, como si estuvieran frente a nosotros en uno de los salones de nuestra entrañable universidad:

Juan Josafat Pichardo Cruz, Enrique González Vargas, Jesús García Luna, José Yurrieta Valdez, Rodolfo Uribe Ruiz, Guillermo Molina Reyes, Rafael Arias Nuvillo, Adrián Ortega Monroy, Fernando Aguilar Vilchis, Luis Gutiérrez, Rosa María Sánchez, Antonio Huitrón Huitrón, Manuel Esquivel, Noé Saldívar, Daisy Castro, Irma Barkow, Leopoldo García Crotte, Juan Rosas Talavera, Guillermo Ménez Servín, Martha Brunet,  Ernesto Ordóñez, Joaquín Murrieta Cabrera, Gustavo G. Velázquez, Julio Ortiz Alvarez, Alfredo Olguín, Esteban Nava, Guillermo Ortega, Francisco Alamo, Santiago Aguilar Rodríguez, Pedro Romero Quiroz, César Fuentes, el prefecto; Susana Rábago, la prefecta, María Elena Ortega, la bibliotecaria, Ramón Pérez, Ignacio Medina Ramos, Víctor Valdez, Fernando Suárez  Ramón Arana Urbina, Jesús Barrera Legorreta, Ricardo Guzmán, Miguel Galindo Camacho, Jaime Almazán Delgado, Germán García Sánchez, Fernando Arilla Bas, Doménico Marcheti, Pierre Piqué, Orlando Silva y tantos otros a quienes rindo homenaje.