¡Ahí está el detalle…!

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Llevo dos semanas con entregas para ayer.

Mi pila de pendientes se reproduce, mi escritorio se ha hecho pequeño y yo junto con él.

Estoy cansada de llegar media hora antes de mi entrada y salir media hora después, porque poner el límite de no, significa no estar disponible, no ser flexible, estar a la defensiva.

Veo poco a mi hija, hay veces que volteo y sé que me he perdido parte de su vida, eso lo comienzo a asimilar cuando veo a mis sobrinos y comienzo a hurgar en mis recuerdos y no encuentro una memoria de cambiar pañales o darle de comer.

Y es la orden del día, el trabajo diario, la necesidad de tener que salir para ser su sustento lo que me ha hecho perder ciertos detalles de la adolescente que habita en la casas.

Agradeces, tener esa oportunidad, pero de agradecimientos no se pagan las cuentas. Ni cesa esta sensación de impotencia y frustración que llenan mis días.

Por mucho que quiero convencerme que el lugar es el apropiado, que no voy a encontrar algo mejor, y me he llegado a preguntar: ¿cómo es posible que un grupo tan grande tenga tantas deficiencias?

Lo cierto, es que la gente es mágica, que el trabajo en equipo y la delegación de funciones ayudan a optimizar la operación, que no están de a gratis los estudiosos y los libros, que hay personas que se especializan en procesos y retrabajos para la optimización de funciones.

Porque en estos últimos años, se requiere a personas multitarea, que sean medidas para dar los mismos resultados, porque es importantísimo la optimización de los recursos e invertir en infraestructura. ¡Shalalá, shalalá!

¡Claro! Ahora tienes que ser más competitivo, porque la tarea encomendada la puede realizar cualquiera y te dejan en el renglón de ser desechable como los pañuelos.

Entonces, en un sistema tan engorroso, donde la orden del día tiene que pasar por mil manos y en donde la gente está acostumbrada a decir no, no, no, no y a jugar al teléfono descompuesto, se pierde tiempo, credibilidad y energía.

Aquí solicitar ayuda es pecado, es como si te pusieras como flanco ante el pelotón de fusilamiento.

Entonces, me pregunto, ¿dónde quedó eso de dos cabezas piensan más que una? y otra opinión te abre o te cierra el panorama, porque es mejor dar una solución antes que el problema se te convierta en una bola de nieve que acabará con tu pueblo.

Y el detalle está, en que solicitar ayuda es arrojar una bomba atómica, que puedes crispar las fibras más delgadas y quebrar todo; porque colocas a tu superior en una posición vulnerable, de ineficiencia o qué se yo, las arañas han tejido tanto su telaraña y resiste igual a diez elefantes corpulentos y necios que a una hormiga.

Sin embargo, hoy es uno de esos días en los que amanezco con la sensación de querer meter la cabeza en la estufa, de darme de topes contra la pared, que era más fácil pronunciar custumer experience y aprender, aprender, aprender, que estar enfrascada en un ambiente tóxico en donde él NO es el pan nuestro de cada día.

Y esta terrible sensación de impotencia me hace bajar las manos, la cabeza, olvidar los días, ir al baño o mi hora de comida y aunque usted no lo crea me aferro porque la vida sigue y no quiero ser aburrida o normal.

Porque la amenaza la sueltan como receta de cocina, Si te parece… sino la puerta está muy grande o mi preferido: te llevaremos a sensibilizar a Relaciones.

Señores, el hilo negro ya fue inventado; no vivo en Marte y tampoco solicito cosas del otro mundo.

Sólo quiero un sustento sólido para decir: –no, por qué… Sí, por qué…–. Antes de que explote la euforia el cliente.

Dice mi hermano que no me rompa la cabeza, que el sueldo es poco y la chinga nunca se acaba, que el cliente insatisfecho siempre lo estará, que es mejor navegar con bandera de pendejo a que te agarren de su pendejo. –Ustedes me disculparan el navegar y el agarrar–, pero las cosas como son.

He llegado a la conclusión de que la hoja de vida me alcanzó para el trabajo que tengo, que brincar a otro es volver a empezar, que estoy cansada de las encrucijadas y que esto definitivamente no va a cambiar, porque el mal está en la raíz y pa’donde voltees es el mismo lodo revolcado.

23 de febrero del 2022.