Alejandro, Ramira y Rocío, con sus manos Fabrican cada año el “Domingo de Ramos”
Laurel, romero, palma blanca, olivo o sauce, son algunas de las hojas utilizadas por los artesanos y artesanas que forman parte esencial de la celebración del Domingo de Ramos en la religión católica, quienes viven año con año la tradición y sobre todo la devoción de entregar su amor por Dios a través de su trabajo marcado por generaciones.
Alejandro, Ramira y Rocío, se dedican a la venta de palmas hechas en forma de cruces y ramos, los cuales representan la llegada de Jesús a Jerusalén, pero también significa el inicio de la Semana Santa. Para muchos el símbolo de la cruz es una forma de encontrar alivio en Dios, así como un recordatorio de “que Dios siempre está con nosotros”, como mencionó Alejandro, quien desde los siete años elabora palmas para venderlas.
“Mi mamá nos enseñó desde chicos a mis hermanos y a mí, y a ella le enseñó su abuela, entonces es algo de generaciones pero lo más importante que encontramos en esto es no perder una tradición y tampoco perder el amor a Dios”, dijo.

La elaboración de las palmas puede ir desde 20 minutos a hasta casi un día completo, pues depende del tamaño, el diseño, el color y elementos que la acompañan.
La palma seca es mayormente utilizada para pintarla, con ella se pinta el cuerpo de Cristo o incluso se le hacen diseños que muestran los colores típicos de los días santos como el morado o el rojo.
Su técnica no es sencilla, pues no solamente consiste en generar tejidos, sino también en evitar cortarse, ya que si no se tiene la habilidad, las manos podrían padecer heridas que impidan seguir la producción.

“Yo creo que con el tiempo vas aprendiendo, porque al inicio sí te puede pasar (cortarse) pero ya cuando le agarras técnica, pues lo haces todo rápido y sin preocuparte, aunque también es verdad que se seca mucho la piel de las manos y eso es lo que hay que cuidar”, declaró Rocío quien es de la delegación de San Cristóbal Huichochitlán.
Los precios de venta también son variados, ya que dependen del clima para poder trabajar, “ahora que llovió mucho el año pasado y también este año que ya ha tenido varias lluvias, es más fácil que la palma se dé y que no suban tanto el precio pero sí hay años en los que es muy cara porque no llueve y eso hace que nosotros subamos los precios”, puntualizó sin perder de vista el tejido entre sus dedos y señalando que un costal de palma puede costar hasta 400 pesos.
La sorpresa es que, a pesar de los años, los fieles a la religión siguen asistiendo a misa, aunque aseguran que ya no con la misma magnitud, “la creencia sigue siendo fuerte, mientras haya familias que inculcan esto a sus hijos los más chicos, nosotros podremos seguir trabajando”, finalizó Ramira.

