Alfonso Vírchez González un mimo de Toluca para el Mundo

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Silencio, el mimo es silencio, así se autodefinió Alfonso Vírchez González, destacado mimo mexicano, originario de Toluca, no discípulo, pero sí influido por Marcel Marceau y discípulo, en una época, de la creadora de ballet Guillermina Bravo.

La mímica es una pantomima de ilusión que se maneja a través de la manipulación de objetos invisibles. Está el silencio elocuente y a través de éste, podemos contar historias.

Y en contra de su vocación por el silencio, lo hicimos hablar para conocer más de él, un orgullo de Toluca. La vida no es actuada, como en la mímica, sino que tiene una brutal realidad.

Esto lo escribí en el año 2018, para el libro Las historias de familia continúan, este es el contenido:

¿Cuándo y dónde nace Alfonso Vírchez González?

Soy de Toluca, nací en esta ciudad el 5 de noviembre de 1949.

¿Cómo fue la infancia de Alfonso Vírchez?

Creo que en aquella época todos los niños éramos felices, no había tanta violencia que me acuerde. No había nada de esto, Toluca era una ciudad tranquila, los niños podíamos salir a jugar a la calle sin ningún peligro.

Mi infancia fue muy bonita, tuve unos padres que siempre apoyaron cualquier iniciativa que teníamos los hermanos, tanto, que desde muy  pequeños teníamos ganas de ir a Estados Unidos y mis papás, sin problemas, nos mandaban allá, aunque en aquella época no era tan fácil salir del país.

Mis compañeros, los amigos de mi familia nos criticaban porque decían, no quieres a tus hijos porque los mandas fuera, cuando realmente eso fue una de las herencias más importantes que me dieron, el gusto por salir del país, por viajar, por conocer otras culturas y otros mundos.

Puedo concluir que mi infancia fue realmente hermosa y muy bonita.

Hábleme de sus padres.

Mi padre fue Alfonso Vírchez Alanís, originario de Ciudad Hidalgo, Michoacán y mi madre de aquí, de la ciudad de Toluca, Ernestina González García.

Mi padre era un hombre muy trabajador, como todos los hombres de aquella época con una gran dignidad y una gran personalidad, él llegó a Toluca a conquistar la ciudad, en muy poco tiempo, gracias a su interés, su trabajo, su amor por su esposa, que era una muchacha muy guapa en aquel tiempo, toluqueña de hueso colorado, de la sociedad de aquel entonces.

Mi papá logró conquistarla y formó una familia, de las tradicionales, unidas, de las cuales los papás se desviven por los hijos para darles lo mejor. Mi papá estudió por sí mismo, por circunstancias de su familia, fue el primero y tuvo que sacrificar esto para dárselos a sus hermanos que venían después de él.

En la familia hay arquitectos, licenciados, abogados, pero mi papá tuvo que sacrificar su carrera para dársela a ellos, él no se conformó y se volvió autodidacta, estudiaba muchísimo, leía mucho, su biblioteca era impresionante, fue otra de las grandes herencias que nos dio.

El amor por la lectura, por el estudio y el no vencerse ante ninguna dificultad sino lograr vencer todo, incluyendo la necesidad de desarrollar un conocimiento, si no es a través de la escuela, a través de sus propios esfuerzos.

Mi madre Ernestina González García y sus hermanas, fueron conocidas como las piernudas de Obregón. En aquel tiempo eran cuatro señoritas que tenían una cinturita de avispa y unas piernas que eran la envidia de toda la ciudad, incluso está registrado en uno de los libros de Margarita García Luna, porque ellas vivían en la calle de Álvaro Obregón.

Mi mamá fue la tercera de una familia numerosa, de siete hermanos y como siempre, ellas eran educadas para el arte del manejo del hogar, como madre fue muy cuidadosa con todos sus pequeños, estudió Comercio en el Instituto Literario, aunque por haberse casado muy joven no ejerció su profesión, pero tenía un nivel cultural bastante aceptable para esa época.

¿Hábleme de usted, cómo le nace este gusto por la mímica?

Cuando llega uno a la etapa de la preparatoria, entre 16, 17, 18 años, es cuando uno encuentra sus gustos, desarrolla sus pasiones, y ve cuál es el sentido de la vida en ese tiempo.

Estudié en la Preparatoria Número Uno, orgullosamente de la Universidad Autónoma del Estado de México. Allí entré como actividades extracurriculares a la Compañía Universitaria de Teatro, dirigida por Alfredo Gómez Camacho y comandados en general, todos los teatros universitarios, por el maestro Carlos Olvera Avelar.

Para mí fue de vital importancia, conocí la belleza que es estar dentro de un escenario, sentir la sensación de desarrollar un personaje que no soy yo, sino que es otra persona, de estar mi cuerpo, mi talento para dar vida a ése.

Con el tiempo, alguna vez pasé por enfrente del teatro del Seguro Social donde había una actividad, entré y era un mimo, nunca en Toluca había venido ningún mimo, estoy hablando de finales de los 68, 67, vino a la ciudad de Toluca un mimo francés que fue traído por la Alianza Francesa, su nombre André Pradel.

Me impresionó de una forma determinada y cuando lo vi, me di cuenta que esa era mi carrera, que ese era mi camino. Me gustó cómo podía contar historias sin utilizar la palabra, entonces el arte que él desarrollaba, sin tener necesidad de escenografía, ni de utilería, sino a partir de su propio cuerpo, podía contar historias de una manera clara.

Ahí supe, entonces, que tenía que ser mimo.

¿Cómo se prepara para ser mimo?

En aquel entonces no había forma de estudiar algo más, había teatro, pero no había pantomima en México. Estaba Alejandro Jodorowsky, el chileno, quien vino a revolucionar el teatro en México, él daba clases en la escuela de Arte Teatral, pero para estudiar algo de pantomima, tenía uno que hacer toda la carrera de teatro. Yo no quería estudiar teatro, quería pantomima.

Entonces me fui a la ciudad de México a la Universidad, la carrera de Ciencias de la Comunicación y paralelamente buscando dónde podía entrenarme encontré al Ballet Nacional de Guillermina Bravo, estuve trabajando un año con ella, con el objetivo no de bailar, sino de entrenar mi cuerpo para estar capacitado para hacerlo expresivo.

En ese tiempo al final más o menos de ese año, surge el laboratorio de Artes Escénicas de Juan Gabriel Moreno, en la Universidad Nacional Autónoma de México, obviamente me inscribí, estuve trabajando con ese laboratorio alrededor año y medio.

Paralelamente con mi carrera, empecé a dar mis primeros espectáculos, semi profesional al principio, pero después me empezaron a llamar y al hacerlo es cuando sentí que ya era profesional, estamos hablando del 72, 73 más o menos.

Fue así el inicio de mi carrera como actor de pantomima.

Depués trabajé durante un tiempo, terminé mi carrera, trabajé dos, tres años laboré en relación a ella. Fui director de cine, editor de un periódico Brecha, era un periódico de la Subsecretaría de Radiodifusión del Sindicato de Comunicaciones y Transportes de la Secretaría de este ramo.

Al mismo tiempo era el jefe de producción de cine de esa misma subsecretaría de Radiodifusión, ya no existe, pero en aquellos tiempos, prácticamente todos los egresados íbamos a trabajar en ese lugar.

Al empezar con mis actividades de actor de pantomima, en alguna ocasión en el Foro Gandhi, fue un agregado cultural de la Embajada de Francia, vio mi trabajo, le gustó y me comentó que su Embajada ofrecía muchas becas para estudiantes mexicanos que quisieran estudiar arte en Europa.

De tal manera que hice mi solicitud y finalmente recibí una beca del Gobierno Francés para estudiar en Francia.

¿Cuándo se va a Francia, cuáles fueron los resultados de esta experiencia?

Maravilloso. Más o menos estudié en el 77, las fechas no las tengo muy claras, no pude estudiar de manera directa con el maestro Marcel Marceau, porque no existía su escuela en esa época.

Otra de las escuelas importantes de pantomima en Europa, era la de Jack Lecock, tuve la oportunidad de estudiar en esa magnífica escuela, es internacional, de vanguardia, en la cual no le enseñan a uno hacer teatro, sino lo provocan para que uno descubra su propio teatro, eso fue lo que me atrajo.

Estuve ahí, terminó mi beca y decidí quedarme a vivir en Europa, no quise regresar a México, tenía mi carrera de mimo, ahí es la cuna del mimo en toda Europa, desde el bloque socialista, como los mismos checos, que son importantísimos para la pantomima, como la francesa, los alemanes, suizos que estaban haciendo un tipo interesante.

Decidí permanecer allá, formé una compañía que se llamó la Compañía Internacional de Mimos, con la cual pudimos recorrer prácticamente toda Europa varias veces.

¿Esta compañía de mimos cuánto tiempo estuvo funcionando y cuál era el principal objetivo?

El objetivo era reunir los talentos de diferentes escuelas de pantomima, trabajamos un mimo de Israel, Eli Levi, con una técnica clásica del estilo de Marcel Marceau, también Emile Jack Dalcroze de Suiza y yo, Alfonso Vírchez.

Nuestro objetivo era dar a conocer el trabajo de la pantomima, hicimos un espectáculo que se llamó Pierrot y Colombina en el Jardín del Paraíso y nos permitió recorrer toda Europa y parte de la América Latina.

¿Marcel Marceau influyó de manera directa en usted?

Sí. Con Marcel Marceau no estudié en su escuela, pero tuvimos la oportunidad de encontrarnos en varias ocasiones, cuando vino a México, en alguna de ellas nos conocimos y en ese tiempo estaba escribiendo mi libro de Pantomima, que concluí en Bruselas, Bélgica, ese libro ahora ya está en la segunda edición.

Hay un capítulo completo dedicado al maestro Marceau, en varias ocasiones nos vimos, lo considero mi maestro, porque en esas ocasiones que nos pudimos encontrar, me proporcionó muchos de los secretos de lo que es este arte.

¿Cómo define a un mimo?

La pantomima está abriéndose mucho más de lo que conocemos de la llamada clásica, al estilo Marcel Marceau es una pantomima de ilusión, que manejan a través de la manipulación de objetos invisibles, se opera con el cuerpo para hacer que esos objetos se vuelvan visibles en la mente del espectador.

Digamos que eso es la pantomima de ilusión, la pantomima clásica.

Actualmente las tendencias son más bien con cero palabras, no la utilizan, para ir más allá, empieza a tener variaciones, mimo, danza, que es mimo con danza; mimo-teatro, teatro gestual, teatro del silencio, pantomima, pero no clásica, puede haber pantomima burlesca, en fin el arte de ésta. La gramática de la pantomima se combina en este momento actual con otras artes para dar nacimiento a propuestas novedosas, que rompen un poco con la idea de que la pantomima es un sólo camino, hay una gama, un abanico enorme de posibilidades, dentro del mundo, del cuerpo y del silencio.

¿Con una sola palabra, cómo define al mimo?

Silencio, el mimo es silencio.

¿Cuáles son las características para ser un mimo, características y disciplinas en las cuales se debe acatar?

Aquí en México creemos que simplemente con el hecho de maquillarse, ponerse la cara de blanco ya nos hace mimos y no, la pantomima es un proceso profundo que puede llegar a lugares muy intensos.

El adentrarse al mundo del silencio, éste tiene dos vertientes: una, es ausencia de palabra, entonces puedo como tal usar música, efectos sonoros, todo tipo de recursos auditivos, pero no la palabra.

La otra acepción, silencio, quiere decir ausencia de ruido, es un poco lo que practico en algunos de mis espectáculos, realmente el silencio total, cero palabra y cero ruido.

Muchos de los mimos utilizan la música como apoyo, porque el silencio llega a ser incómodo, no estamos acostumbrados a éste, nos da miedo el silencio, a mí me encanta y siento que intento llegar a lo que llamamos los mimos, el silencio elocuente, es decir, el silencio que habla.

Hay muchos silencios, como el silencio del enojo, no te hablo porque estoy enojado contigo, a veces hay parejas que llevan 20, 30 años sin dirigirse la palabra y está el silencio meditativo, el silencio de la oración, el silencio que nos permite entrar en nosotros mismos a través de una contemplación interna.

Está el silencio elocuente que, a través del silencio podemos contar historias.

¿Si yo quisiera ser mimo, qué disciplinas debo tener o habilidades?

Un mimo debe tener varias habilidades. Una, que es la principal, un cuerpo flexible, adecuado, sano, ágil, de tal manera que esos son características que se logran a través de una disciplina corporal.

Por otro lado el mimo tiene la necesidad de ser su propio autor, se convierte en el creador de sus propias rutinas, mucha creatividad. Es raro encontrar textos de pantomima de cuadros de pantomima, hice la traducción de uno de los escasísimos libros de pantomima que encontré en París, más o menos data de los años 30, se llama 8 Pantomimas de Charles Antonetti.

Lo encontré en una librería y me gustó tanto que hice la traducción, se publicó aquí en México por el Centro Toluqueño de Escritores, no hay textos de pantomima, son rarísimos, entonces el propio mimo se convierte en el creador de sus ideas, debe tener suficiente autocrítica, tiene que ser, también, su propio director escénico, verse a sí mismo para utilizar los recursos de la dirección escénica, debe ser director de escena.

El mimo tiene una serie de características que lo diferencian de muchos, de las otras artes.

¿Cómo se viste un mimo?

No hay regla fundamental. Marcel Marceau nos dio un tipo de vestuario que viene de antes, los primeros mimos que utilizaron ese tipo como de chistera, con botones grandes, era un personaje que existió en el siglo XIX, Jean Gaspard Deburau, quien es considerado uno de los más grandes mimos de la historia de la humanidad.

Llevó hasta el máximo a un personaje, Pierrot, era un personaje secundario que viene de la Comedia del Arte y fue evolucionando y a través de Jean Gaspard Deburau, hizo que fuera adorado por todo París.

Se convirtió en el símbolo de esa gran ciudad, al  igual que la Torre Eiffel, cuando uno está enamorado y quiere quedar bien con su novia, le regala algo que tenga que ver con el Pierrot enamorado.

¿Qué opina de los mimos en México?

No hay escuelas de pantomima aún. Muchos de los mimos son improvisados, pueden ser muy buenos, la calle ha dado muchos, importantes, pero su esencia de alguna manera está dispersa, creo que la pantomima debe ser dentro de un espacio, el teatro, es muy minuciosa, cada detalle, cada gesto, cada actitud cuenta en el desarrollo de la historia.

La calle, la plaza pública, hay demasiadas distracciones, entonces el mimo tiene que adaptar su arte a la velocidad y al ritmo de ésta y eso hace que no sea tan sutil, como el de un recinto teatral.

¿Qué opina de los mimos que hay en París?, puede hacer un comparativo de ambos.

Obviamente en París existen mimos. En Europa desde la época griega que es donde el teatro, como las artes escénicas, lograron desarrollarse en su máxima expresión, pero después de mucha historia, finalmente, los mimos logran consolidarse en diferentes escuelas, desde las clásicas, como la de Marcel Marceau, hasta las de vanguardia como Jacques Lecock, o la influencia de los mimos checos, como Thomas Chepski, a diferencia de los mimos mexicanos que no tenemos aún, una escuela.

Ellos están tomando algunos talleres, en el Festival Cervantino, en la Quimera cuando vienen mimos, tratan de aprender un poco con pequeños cursos de una semana, de tres días, pero no es suficiente.

La pantomima, para lograr la profundidad requiere mínimo, de dos años de estudio profundo.

Alguna vivencia o experiencia en su arduo camino como mimo.

Muchas. Quizá hay tres que me han impresionado de manera particular. La primera fue alguna vez que estuve en el pueblito de una provincia francesa, en la cual estaba dando la función a una escuela primaria. Al terminar llegó una persona a felicitarme, pero demasiado intensa, no entendía por qué me había felicitado tanto, hasta después que me platicaron que su hija estudiaba en esa escuela, tenía alrededor de un año que había dejado de hablar, por algún problema psicológico, pero al estar viendo el trabajo de la pantomima, se soltó hablando, explicando lo que estaba haciendo a su vecino de al lado.

Fue una curación espontánea, algo que uno no sabe, el resultado que puede tener o que puede influir en el público, fue algo bellísimo.

En la Sierra de Oaxaca tuve la oportunidad de dar una función, no había reacción en el público, al final nos dimos cuenta que era la actitud de ese público, era un público serio, aparentemente frío, al final cuando llegaron a felicitarme me di cuenta que sí les había gustado el trabajo, pero no eran expresivos, eso me impresionó de una manera esencial.

La tercera, el poder decir que gracias a este trabajo de pantomima he logrado estar en muchos países del mundo. Este arte me ha llevado hasta Japón, donde los japoneses tienen una tradición ancestral de sus artes corporales, lo tradicional como el Teatro Kabuki, hasta lo más moderno, la Danza Butoh.

Ellos tienen sus disciplinas de artes marciales, tienen un control absoluto de su cuerpo, el llevar pantomima de tipo europeo a Japón fue una experiencia maravillosa, iba por tres días y me quede alrededor de un poco más de seis meses.

En la pantomima he encontrado el máximo grado de expresión, es contradictorio lo que estoy diciendo, aparentemente, pero no, en la medida en que uno descubre, tuve la oportunidad de estudiar con Jerzy Grotowsky en Polonia, fue un teórico teatral importante, cuyas aportaciones era el Teatro pobre.

El Teatro pobre consistía en eliminar al máximo todo lo que está alrededor del arte escénico, el vestuario, iluminación, utilería, para quedarse solamente con la esencia del teatro, un espectador y un actor.

Si hay un espectador y un actor, el teatro empieza a existir, por eso le llamaba Teatro pobre, porque le quitaba todo el oropel, todo lo que fuera falso y lo dejaba en su esencia.

Más adelante Jerzy Grotowsky, fue todavía más hacia el Teatro ritual, hacia el teatro en sus fuentes.

¿Qué pasó con la compañía que hizo usted?

Cerró cuando venimos a América Latina, ha de haber sido en los años 80.

Lo que pasó con la compañía, teníamos la idea de que el grupo, viajamos por todos lados, dijimos viajamos por América Latina, pero por circunstancias de compromisos, la mitad del grupo se quedó en Europa y la mitad nos venimos.

Ya un poco más adelante tuvieron problemas la otra mitad de la compañía y la que quedó se fue a Israel, entonces decidimos seguir el viaje a América Latina, hicimos alrededor de unos siete, ocho meses, que estuvimos recorriendo los países importantes de América Central y la parte norte de América del Sur.

Ahí nos dividimos, la compañía volvió a quedar a la mitad, regresamos a México, estuvimos trabajando aquí la mitad y después nos regresamos a Europa otro tiempo, hasta que por circunstancias, calculo que es el clima, soy una gente que me encanta el sol, el último año que viví en Europa lo viví en Bélgica, es una ciudad gris, muy bella, pero Bruselas es una ciudad gris, lluviosa, dije ¡qué diablos estoy haciendo aquí!

Dejé todo, dejé a mi compañera de aquella época, dejé prácticamente todo para venirme a México, me fui a la playa a sentir ese sol hermoso y me quedé a vivir aquí, estuve un tiempo en la ciudad de México, pero tampoco me gustó por eso decidí vivir en Toluca definitivamente.

¿A qué se ha dedicado?

He escrito algunos libros, me he dedicado totalmente a la pantomima. El primero es el Premio Tollotzin del Centro Toluqueño de Escritores, en poesía y el libro se llama Extrapolaciones en un negro intenso.

En esa época, estamos hablando del 84, se publicó ese pequeño libro, que se le llamó de antipoesía, porque se intentaba romper con todas las reglas fundamentales de la poesía, para ser una antipoesía erótica. Ese fue mi primer premio y el primer texto publicado.

Cuando estuve en Europa, hice una investigación sobre el arte de la pantomima, gracias a que en París existe una de las bibliotecas más importantes de Teatro del Mundo, ahí tuve oportunidad de estudiar, en sus fuentes, todo lo que tenía relación con esta especialidad, de ahí surgió este libro que ahora cumple ya la segunda edición.

¿Es fácil ser mimo?

Creo que todo depende del interés que uno tenga. Es fácil si uno tiene las características físicas, necesarias para convertirse en mimo, además un amor absoluto, porque en esta profesión no hay nada seguro, puede haber altas, bajas, a veces hay exceso de trabajo, a veces no hay nada.

Si uno está acostumbrado a la rutina, no puede dedicarse a esto, todos los días es algo nuevo, todos los días hay algo que proponer, algo que investigar, ya estoy haciendo la segunda parte de Pantomima, en la cual son ejercicios, técnicas para llegar al dominio del arte de esta especialidad.

Es caro ser mimo.

¡No! Afortunada y desafortunadamente el mimo trabaja con aire, con cosas que no existen, no hay escenografía, quizá algo de vestuario, la escena está sin nada, por un lado.

Por otro, decía que era lástima, porque al mismo tiempo es muy difícil que dejemos, el mimo no puede dejar nada, Marcel Marceau en menos de cinco años de su muerte, ya no existe, los jóvenes ya no se acuerdan. Marcel Marceau dedicó toda su vida en llevar ese arte a todos los rincones del mundo, porque no se deja nada, como un cuadro, un libro, una partitura, en pantomima no hay nada, no se deja más que la presencia y lo que quedó grabado de sus espectáculos.

¿La vida es actuada?

Estamos sumergidos en la brutal realidad, la vida es real, el teatro es la representación de esa realidad, la pantomima va más allá, cualquier sueño puede ser posible en virtud de que no tenemos nada que nos detenga, muy esporádico ver espectáculos de pantomima.

Por eso el público cuando tenga la oportunidad, sobre todo con mimos teatrales, mimos de calle, sí hay muchos, pero lo importante es ver pantomima en el teatro, dentro de los espacios de escena, es ahí donde la pantomima logra brillar y estimular algo que llamamos el mimetismo, la identificación del público con el actor de pantomima.

Es necesario que el espectador vea, busque y asista a los espectáculos de pantomima.