Alto volumen

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Nos pasó hace días cuando íbamos al centro. Tomamos el camión en la misma parada, nos sentamos en la segunda posición, en la siguiente detención subió una muchacha media güera con un señor mayor; se sentó frente a nosotros.

 

Íbamos entretenidas en el camino, pero me llamó la atención cuando a la bolsa de mandado que llevaban le metieron un destapado de refrescos y ese sonido peculiar de cuando abres las sodas.

 

Abrí los ojos de plato cuando vi en su bolsa de mandado la caguama familiar. No dije nada. Pero mis oídos atrapados con el sonido comenzaron a poner más atención de la debida en la conversación.

 

Entre trago y trago la plática se puso sabrosa

 

Nos enteramos que tiene 38 años, un hijo de 21 y su nieta de cinco; emigraron a la Ciudad de México cuando la niña era bebé, pues la mamá un día la dejó en la casa de la vecina mientras el papá estaba en el trabajo.

 

La señora de 38 trabajaba en un supermercado y tiene los talones malones, nos dijo que tenía permiso de recursos humanos para utilizar calzado especial, pero el zoquete del supervisor le llamó la atención por no llevar los zapatos adecuados. Entonces discutieron y discutieron y decidió dejar ese trabajo, porque la paga no era buena. Además tenía compañeras muy envidiosas y argüenderas.

 

Nos dejó muy claro que es una mujer brava, pues hubo un día que le mandó un beso al hijo de la chava que no la tragaba, se miraron feo y se esperaron a la salida como niñas de secundaria. Pero que ella es de esas que si las buscas las encuentras; pero ya estaba cansada de tanta cosa y era mejor hacerle caso a la recomendación de su novio de cambiar de trabajo, pues sus horarios eran titánicos.

 

Nos contó que su casa estaba muy desordenada, porque el fin de semana fue a ver a su hijo, entre anécdota y anécdota sorbió la cerveza.

 

Ese día iba en el camión porque quería ir por su novio para tomar café y visitar a la virgen del Carmen porque es devota y tenía mucho tiempo que no iba a la iglesia. Además quería aprovechar y caerle de sorpresa al novio; o sea, le iba a llegar de sorpresa.

 

Y estaba tan buena la plática que me imaginé su llegada al trabajo y su novio subiendo al coche de su esposa. Pero por ir escuchando cosas que no son nuestras por poco y se nos pasa la bajada del camión.