Alucinación

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Siempre camino distraída, como si me acompañara un ángel guardián de tamaño extragrande para protegerme de cuando cruzo la avenida en luz roja, pero, no falta el chofer que lleve prisa y pise el acelerador a todo lo que da para cruzar.

Y estoy segura que siempre me acompaña ya que camino varios metros por calles sin gente y oscuras; además no mido el peligro en esta ciudad violenta en donde puedes encontrar la muerte a la vuelta de la esquina.

Me gusta caminar cerca de esa fábrica grandísima donde elaboran café cuando el sol está ocultándose y dar bocanadas grandes para llenarte los pulmones de esa fragancia para los dioses.

Sin embargo, estos últimos días me he percatado que el tufo me persigue cada vez que llegó a la plaza, ese olor nauseabundo, a drenaje, a cosas que se están echando a perder.

Parezco perro, buscando el olor a café, a pino, a algo agradable que le ponga chispas a mi día.

Al principio, pensé que era una alucinación mía, que todo era producto del estrés, que el aromatizante de mi ropa era malo; es más, entre mis divagaciones llegué a la conclusión de que había algún cuerpo fresco, porque el panteón es cercano o que cada día me estoy acercando a la muerte.

Pero, hoy fue peculiar, mientras esperaba mi entrada a laborar, me llegó esa mezcla de hombre y fragancia y me acordé de esas veces que te decía que olías a hombre y suspiré, porque desde hace algunos meses, para mí, eres sólo un hombre cualquiera.

2022