Amargo Placer
Tiene unos ojos profundos, negros y tiernos
sus miradas dominan,
intimidad,
hacen que me sienta otra.
Bajo sus caricias soy un lago tranquilo,
transparente.
Soy el horizonte de sus ansias.
Mi carne tiene la forma del fuego de su cuerpo.
Yo, un libro abierto,
una página en blanco
en la que escribe su instinto
cuando la noche es cerrada.
La luz del sol, se va apagando;
mientras sus dedos se deslizan
sobre mis cabellos, inercia.
Botón por botón desnuda
cae la soberbia, el orgullo, la vanidad.
El beso salvaje atrapa, devora.
Seduce al alma, despierta la pasión.
La carne se inquieta, el calor estalla,
por mis venas corre la impaciencia,
voy a su encuentro.
La suavidad de su piel quema.
Todo el cuerpo tiembla
y el corazón palpita desesperadamente.
Voy a su boca, paso por el cuello… su pecho.
Me ahogo en su sabor a mar.
Arrodillada,
el placer explota, sacia, estremece.
Tiemblo. Pero no me detengo.
Se vuelca sobre mí como ave de rapiña
y el caos que despierta atrapa.
Con una estela de besos marco el camino.
Mientras murmura promesas
que ensalzan el alma,
inflan el ego.
Cierro los ojos, araño las sábanas.
Desliza lentamente los dedos;
de ese íntimo contacto brota mi humedad.
Estoy lista…
su aliento dulce y caliente devora.
Una oleada de calor invade…
Me somete a sus ganas.
Está alojado en mí sin reserva
El frenesí continúa,
salvaje mi cuerpo
colapsa en el vaivén del misterio.
Poco a poco todo vuelve a la normalidad.
El ruido de la calle nos traspasa.
El desprecio vuelve a su boca
y un amargo placer recorre mi cuerpo,
carcome las entrañas.

