Amistad, amor y libertad digital
El amor en los tiempos de Tinder es una frase sugerente de nuestra época que ilustra los cambios conductuales de las relaciones personales en nuestra sociedad a través del uso de tecnologías, que el día de hoy constituyen los paradigmas vigentes en varios sectores de la población, que pueden ser vistos con recelo por quienes debido a su perfil o sector etario no son usuarios activos de estas plataformas, hasta con cierta naturalidad por parte de quienes ocupan estas aplicaciones como parte de su estilo de vida, que no se limita a relaciones afectivas, sino a combinaciones de diversos aplicativos en los que el swipe o deslizamiento se ha convertido en una funcionalidad básica.
Mucho se ha criticado a quienes el día de hoy utilizan este modelo de relaciones sociales-virtuales debido a que la inmediatez y la propia naturaleza del mecanismos, hace que se perciba que las relaciones humanas también se han estandarizado y dispuesto de manera sencilla, haciendo perder los principales valores de la consciencia humana a través de la factibilidad de relaciones casuales en las que la practicidad supera a la moral.
Sin embargo, tampoco puede hablarse de un nuevo modelo de interacción social ya que el uso de aplicaciones de citas y relaciones sociales todavía no encuentra con un uso extendido derivado de las distancias de la brecha digital, así como del surgimiento de esquemas derivados o alternativos para la gestión de las relaciones humanas, por lo que parece lejano que el uso de dichas aplicaciones comprometa la libertad de las personas para relacionarse con los demás y ejercer sus derechos.
En ese devenir de sucesos, las relaciones humanas en entornos digitales todavía se encuentran en un proceso de descubrimiento a la par de que se exploran opciones para fortalecer la identidad digital y favorecer una interacción más efectiva a través de la adecuada gestión de derechos y obligaciones de las personas a través de mecanismos que acrediten la forma en la que éstos pueden ser exigidos en dichos medios, en los cuales, cada vez más las personas dedican su tiempo al ámbito digital y muchos de los bienes y servicios digitales disponibles en el mercado requieren mayores tiempos de conexión o vinculación.
Muestra de ello, son los videojuegos en los cuales, sea como jugador o como espectador, se requiere un mayor tiempo de convivencia y relación que a su vez fomenta la vinculación entre las personas, que al día de hoy, se ve limitada por uno de los primeros mecanismos de protección que ha brindado el internet, como lo es el anonimato, que permite limitar el contacto entre las personas, sobre todo para preservar a los menores, perfil al cual originalmente se dirigían dichas aplicaciones, y, que al día de hoy, encuentran limitaciones relacionadas con el perfil dependiendo de la plataforma de la que se trate y las funcionalidades en el juego que permitan la interacción.
No obstante, estas interacciones en los medios virtuales, cada vez más requerirán el desarrollo de principios que permitan la interacción y la libre comunicación entre personas, salvaguardando su seguridad, pero también asegurando que se encuentren en la posibilidad de ejercer su derecho de manera libre y que eventualmente ante la existencia de medidas desproporcionadas, estas libertades pueden verse limitadas si no se consideran mecanismos efectivos para la comunicación de las personas, así como las relativas a los permisos y las inherentes a alertas por abuso y violencia.
En esos escenarios, la posibilidad de segregación y discriminación se potencializa puesto que a diferencia del escenario material en el que el ámbito de la privacidad es más amplio, en el entorno digital, el espacio de privacidad se reduce, puesto que entre el acto y el pensamiento, los registros que se generan tienen una brecha menor, que implica que en el entorno digital, gran parte de actos y pensamientos sean susceptibles no solo de registrarse, sino de predecirse y evaluarse, lo que eventualmente, generaría efectos inhibidores y alentadores de ciertas conductas de las personas, a través de lo cual se determinarán los elementos de la socialización digital.
Esto es así, ya que si bien la base de la economía digital se sustenta en las relaciones dinámicas por parte de los agentes, para que éstas se den, se identifica la capa social, en la que pueden existir relaciones registradas que eventualmente de manera posterior influirán con factores económicos y por lo cual, si bien al día de hoy, la sugerencia de amistad que favorecen ciertas redes sociales o los criterios de selección de amistad / relación que favorecen los algoritmos de las aplicaciones de citas, no pueden considerarse desproporcionales ni invasivos con la privacidad y la libertad de las personas, debido a que se mantiene en la sociedad relaciones físicas ¿existirá un momento en el cual, los aplicativos de las plataformas con las que interactuemos deberán incluir algoritmos que promuevan la socialización y desalienten la segregación?
Ello, en el entendido de que la identidad digital de los usuarios no solamente permitirá facilitar la interacción con las plataformas, sino que también generará perfiles más profundos a través de los cuales, podrá determinarse la existencia de compatibilidades, que hasta cierto punto estarían atentando contra las principales libertades de las personas.
Escenarios en los cuales, las decisiones en torno a la conveniencia de las relaciones no se quedan en un swipe, sino que será necesario determinar el alcance de las decisiones automatizadas en la prospectiva de vida de las personas, a fin de garantizar una plena posibilidad de interactuar con el entorno digital, con la misma probabilidad como lo haría en el ámbito físico, sin embargo ¿quién estaría en posibilidad de determinar las alternativas en un escenario en el cual, la amistad, como el amor, representan las principales expresiones de la libertad, autodeterminación y albedrío?
Mientras tanto, para quienes les toca experimentar estas opciones que las tecnologías brindan de proponer compatibilidades frente a la libertad del romanticismo, sea que ya no nos toque su uso, o en el futuro se amplíe la oferta de servicios, frente a supuestos que nos pudieran resultar aplicables, hasta que medida la necesidad de gestionar las identidades de los usuarios en un entorno digital, requerirán múltiples capas que faciliten las diversas interacciones en función de los intereses de los titulares.
Así, ya sea en la construcción de relaciones de amor o de amistad, las plataformas virtuales puedan facilitar la sana convivencia y potencializar los gustos de las personas con intereses similares, que eventualmente pueden emular o mejorar los niveles de aleatorización que el día de hoy se presenta en las relaciones, o cuando menos, no afectar la libertad de las personas en dicho proceso, así como definir aquellos aspectos sensibles que por ninguna razón deberían ser vulnerados.
Hasta la próxima semana ¡Feliz San Valentín!

