Anhedonia 2

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Ya debe estar muerta

la mosca que en mi oído, zumbido

insistente, presagio de lo divino

recordaba lo mucho, la juventud, 

mi íntegro raciocinio.

El ansia y la entrega de estar vivo

acabó junto a los días de mi deseo

y el socorro prestado por otros.

La soledad apresa esta barca 

mientras la embaten las altas olas 

de la desgracia y la burla.

Ya saldremos, ya sobreviviremos

me digo, muda de asombro

y oferto un mejor futuro a sabiendas 

de lo que vendrá, el lago invierno

dentro del cual tomar los venenos duros.

Perdí los amigos imaginarios, 

los amantes prohibidos, el recato,

la prudencia, la sonrisa y el vicio.

Escribo porque aún me queda 

alguna pluma por vaciar, algún anhelo 

soterrado, vergüenza en este mundo.

Ya no disfruto las siestas, el trabajo 

insepulto se ha vuelto mi dueño,

mi verdugo. Estoy sola por principio 

y me mantengo fuera de cualquier círculo. 

Oculto esta diagnosis, temo a los delirios, 

la anhedonia ha vuelto, ni yo quisiera estar conmigo.