ANNA AJMÁTOVA Y MARGARET MEAD

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Contra el estalinismo. Venida del mundo de la poesía, Anna Ajmátova es un símbolo de como los versos se escapan de las manos de los dictadores, y como avecillas libertarias llevan la voz de su creador para hacer oír las mejores palabras de una lengua reconocida. Nacida en 1889 y fallecida en 1966, es este siglo en el que vivimos y le hace aparecer como una de las grandes poetas rusas del siglo XX. Poeta ajena al decreto estalinista del “realismo socialista”, camisa de fuerza que le fuera impuesta a toda la comunidad artística e intelectual de la Unión Soviética por lo menos tres décadas de tan triste recuerdo para el Arte. Mónica Berenstein escribe: “Entre 1880 y 180 nacieron cuatro poetas que tendrían mucho en común en los años venideros. En 1880, Alexander Block, en San Petersburgo, en un hogar refinado; su padre era profesor de derecho y su madre traductora y escritora. En 1886, Nikolai Gumiliev, en la fortaleza de Kronstadt (muchos años después será el primer marido de Ajmátova y padre de su único hijo). En 1889, Anna Ajmátova, en Odessa. Y en 1891, Osip Mandelstam, en Varsovia, en el seno de una familia judía”. La historia de la humanidad se vuelve una lección bella cuando se revisa que sucede con el individuo, pero en ese contexto en el que nace, qué sucede fuera de su hogar, quiénes más nacen sin preocuparse por el territorio, pues el nacimiento de esos genios ha de dar luz y comprensión a los sucesos de una patria o del mundo. Los nombres que se dan han de estar sometidos a las circunstancias de su tiempo. Es decir, tienen que enfrentar sí o sí lo que les depara el destino de la Rusia que se libera de los zares, pero que trae en ese tiempo una nueva expresión de la dictadura a la vida de cientos de millones de habitantes al nacer el siglo XX.

Dice Mónica: “Anna murió a los setenta y siete años en Moscú y fue contemporánea activa de dos siglos, dos guerras, dos revoluciones y dos culturas literarias y políticas”. Se dice fácil, pero es como si la mujer admirable que es se hubiera encontrado en los tiempos que definen el siglo XX, pero dentro de la tormenta perfecta que se sucede en el mar. Ella es un personaje de los grandes hechos de la historia de Europa y no sólo de la Rusia que vivió como imperio y le ve terminar siendo una dictadura burocrática y totalitaria. El contexto dice Mónica: “En el transcurso de los últimos años del siglo XIX, San Petersburgo y Moscú experimentaron la emergencia de una nueva clase social formada por profesionales de la cultura, artistas, intelectuales y creadores. Fueron años de agitación social y cultural, en los que surgieron numerosas revistas, editoriales, libros, periódicos, el ballet. Rusia latía con la vanguardia europea”. Cuando esto sucede es que se está gestando el nuevo régimen, que por las buenas o por la violencia, descubre que el viejo régimen no sirva para más y, así es como se llevan a cabo las revoluciones en el mundo.

En el texto referido se lee: “En Odesa, la gran ciudad rusa “donde se puede oler Europa, se puede hablar francés y encontrar prensa europea”, como afirmaba Alexander Pushkin, nació efectivamente Ana Gorenko, después tomará de su abuela materna el apellido Ajmátova”. Ella por sí sola, es la expresión de un personaje que es capaz de enfrentar la dictadura: en sus mejores amores familiares, en sus dos esposos y su hijo amado. En su persona que jamás aceptó exiliarse con tal de morir por su patria, el pueblo amado que era a través de ella la voz más pura de algún poeta haya dado por su lugar donde nación. Dice Mónica: “Anna Ajmátova fue una sobreviviente. Efectivamente, sobrevivió a las humillaciones, el acoso, la calumnia, la prohibición de escribir. Anna supo resistir intrépida y serena a los abusos de poder de las autoridades soviéticas, sin renunciar nunca a su profundo amor por Rusia y su pueblo. En 1936 había escrito, preanunciando lo que iba a suceder: “Y vino una noche que no conoció la aurora”. El poeta es un profeta. El poeta es un taumaturgo. El poeta es un vidente que sabe bien lo que ha de suceder en José Stalin, el dictador que no le quitó la vista nunca de encima. Sobre su familia, sobre sus relaciones personales, sobre sus escritos. Las muestras de estos hechos históricos denotan lo que la poeta Ajmátova representa para la literatura mundial: tal muestra de ética humanista pocas veces las vemos.

A través de ella pasan varios escritores, por ejemplo, duele saber que A. Maiakovski estuviese en su contra de manera grosera; o que Máximo Gorki no le hubiese ayudado a salvar a su amante; o el mismo León Tolstoi para ella un cobarde. De Boris Pasternak al que tanto respetó. Escritores, como el caso del mediocre, Andrei Zhdánov, quien le hace expulsar de la Unión de Escritores Soviéticos. Cuenta Mónica: “…en su intervención la describió como una rémora de la vieja cultura aristocrática, encarnada en “una semimonja, semiprostituta o mejor dicho una monja prostituta cuyos pecados se mezclan con sus plegarias”. Siempre el mal juicio del macho, al hablar del comportamiento de una mujer, manchado por asuntos sexuales. Los ‘hombres’ de poca inteligencia, no pueden indagar en grandes personalidades que expresan su alta calidad de la mujer en su tiempo. Nadie recuerda a ese ‘Andrei’ de tercera, pero de la poeta queda toda su obra y, su comportamiento admirable: quedarse a vivir en la dictadura, expresa valentía de la mujer. Al morir en 1966, se va con ella la imagen milagrosa de la Poeta.

Margaret Mead (1901-1978) una mujer norteamericana, nacida el 16 de diciembre de 1901, es ejemplo de las exitosas académicas e investigadoras que ha de generar este país lleno en el siglo XX de tantos personajes para admirar. Ya en el pasado, recuerdo, que llegó a tener diferencias nada menos que con Erick Fromm, el psicólogo que llegó a radicar a Cuernavaca, y que fuera catedrático de la Universidad Nacional Autónoma de México. Bien se puede decir de él que es el creador de la especialidad en la UNAM. Cito este caso, porque la especialidad de Margaret Mead ha de ser el estudio de la antropología, materia nada fácil pues sus investigaciones se hacen en el campo, y de ninguna manera en el escritorio de alguna prestigiosa universidad. Mónica Berenstein cita: “Algunos de los biógrafos de Margaret y varios amigos coinciden que la formación de la pequeña se vio muy estimulada por el contexto familiar. Incursionó tempranamente en la poesía y el dibujo, exhibiendo además cierta inclinación por la actuación teatral. Más tarde llegarían los primeros intentos de hallar una carrera profesional dentro de las ciencias sociales, hasta que la Antropología concitó toda su curiosidad y entusiasmo”. El siglo XX viene acompañado de serios estudios e investigaciones del hombre y la mujer: por igual la psicología, la arqueología, la sociología, la antropología y todas aquellas que dentro de las ciencias sociales dan los senderos para comprender que sucede con el ser humano en este planeta. Mónica cuenta: “Margaret era una adelantada, y una mujer consecuente y decidida a experimentar en sí mismo todo aquello que sus investigaciones de campo le dictaban como necesario e ineludible. Ya por entonces su vida privada y su vida profesional constituían una unidad monolítica”.

Sus estudios antropológicos son material fundamental. Su biógrafa dice que todo lo puso en tela de juicio: lo masculino y lo femenino; lo joven y lo viejo; la naturaleza y la cultura. El mundo de la antropología se ha convertido en un instrumento para terminar con aquellas falacias, por decir lo menos, al permitir que ideologías políticas como el fascismo o el nazismo planteen pensamiento de superioridad de una raza sobre otra. O del desarrollo social, que por venir de fuertes recursos económicos llegan a plantear que son mejores que los demás pobladores de la tierra. Judíos ricos en el siglo XXI por ser grandes empresarios o comerciantes, por ser los banqueros del mundo, se sienten por encima de las demás razas o naciones, que no cuentan con dichos ciudadanos o sectas religiosas. Ella desveló muchos mitos con su obra y planteó en el mundo académico de su país, que la mujer es con mucho igual que el hombre en los terrenos de la ciencia que fue su investigación humana.