AÑOS DE SEQUÍA

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El precio del liderazgo es la responsabilidad ante la historia. Winston Churchill

 

 

En ese verano, la sequía había tratado a las moscas a cuerpo de rey. Así inicia Jane Harper su novela AÑOS DE SEQUÍA, cuyo título tomé prestado para esta entrega. Yo agregaría, que no solo a las moscas y a otros insectos les viene bien la sequía, también a los políticos oportunistas que buscan en tiempos de elecciones ganarse la voluntad de los votantes, amedrentándoles para que no les interese salir a  votar y en todo caso, lo hagan convencidos con pipas de agua y otras medidas carentes de ética.

Siempre es bueno y razonable acudir a la madre naturaleza que nos enseña que la sequía y la escasez de agua pueden favorecer a ciertos depredadores adaptados a condiciones más secas. Por ejemplo, algunos animales depredadores como los coyotes, zorros y algunas aves rapaces pueden beneficiarse, ya que la disminución de recursos hídricos propician concentrar a sus presas en áreas más accesibles. Además, animales adaptados a climas áridos, como serpientes venenosas y escorpiones, también pueden encontrar condiciones más propicias durante periodos de sequía.

Pero si de sequías se trata, hablemos de tres tipos: La meteorológica derivada de una escasez persistente de precipitaciones; la socioeconómica, mejor denominada escasez, que se refiere al déficit de agua para cubrir todas las demandas de los núcleos de población durante un período.

Y la tercera, la que me parece más importante ya que es la que tenemos a nuestro alcance para influir, cuyos efectos hemos visto que son devastadores: la sequía política, la más grave de las tres que nos aquejan, porque lleva a un populismo que, lejos de solucionar los problemas, los agrava.

La relación entre la sequía y su impacto en la política es variable. En algunos casos, la escasez de recursos puede generar tensiones y descontento, lo que  da lugar a la aparición de líderes populistas que prometen soluciones rápidas y sencillas. En otros, la gestión adecuada de la crisis por parte de líderes democráticos fortalece la confianza en las instituciones democráticas. La clave está en cómo se aborda la situación y cómo los líderes responden eficazmente a las necesidades de la sociedad durante la sequía.

Como lo refería al principio, los depredadores se multiplican en tierras áridas. Por ello, démosle el golpe a las circunstancias que nos llevan a transitar por un ambiente político árido como un desierto, donde la falta de líderes íntegros es como la ausencia de lluvia que podría revitalizar la sociedad. Esta sequía política afecta a la ciudadanía, dejándola sedienta de liderazgo transparente y valores éticos.

Imagina la sequía de políticos como un desierto  donde la falta de integridad y liderazgo ético crea un paisaje árido y estéril. Mientras tanto, la escasez de líderes sociales podría ser comparada con un río que se ha agotado, dejando a la sociedad sedienta de figuras inspiradoras y comprometidas. Esta metáfora podría ilustrar cómo la ausencia de líderes éticos en el ámbito político impacta directamente en la capacidad de la sociedad para florecer y prosperar.

La sequía, tanto en términos climáticos como metafóricos, suele tener profundos efectos psicológicos en una sociedad. La escasez de recursos básicos, ya sea agua o liderazgo ético, genera ansiedad, desconfianza y frustración en la población. La ciudadanía tiene sed de verdades y certezas en la búsqueda constante de soluciones para mitigar la desesperación ante la falta de respuestas.

Esta sequía psicológica afecta la cohesión social y la salud mental de la sociedad en general. Por ello es que cada día es más evidente la necesidad de cultivar un entorno político más fértil para el bienestar de la sociedad.

La escasez de líderes políticos íntegros es como un eclipse que oscurece el horizonte de la democracia, dejando a la sociedad en la penumbra de la desconfianza y la desesperanza.