APRENDER CON EL CABELLO
Hace tiempo, en una reunión, un padre de familia me dijo con mucha seguridad que su hijo no iba a cortarse el cabello porque no aprendía con éste.
Y quizás tenía razón.
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Quizás un corte de cabello no enseñe nada.
Quizá tampoco enseñe nada pedirle a un adolescente que no llegue con el cabello teñido de ciertos colores.
Quizá sólo sea cabello.
Quizá sólo sea apariencia.
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Quizá no importe si un estudiante trae el cabello largo.
Quizá no importe si llega con tinte.
Quizá no importe la presentación, la imagen o las normas escolares relacionadas con ello.
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O quizá sí.
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Quizá, en medio de algo tan cotidiano, aprenda disciplina.
Quizás aprenda responsabilidad.
Quizás aprenda que pertenecer a una comunidad implica acatar ciertas indicaciones.
Quizás aprendan que no siempre podemos hacer únicamente lo que queremos, justo cuando queremos hacerlo.
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Quizás aprenda tolerancia a la frustración.
Porque crecer también es entender que el deseo propio no siempre está por encima de todo.
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Quizás aprenda respeto por las reglas.
Y después, poco a poco, respeto por las normas.
Y más adelante, respeto por las leyes.
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Quizás aprenda que la convivencia humana se sostiene precisamente en esos pequeños límites que, vistos uno por uno, parecen absurdos… pero si se suman hacen la diferencia.
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Quizás aprenda igualdad, cuando entiende que un uniforme o ciertas reglas de presentación no pretenden borrar personalidades, sino recordarnos que dentro de una escuela todos valemos lo mismo.
Quizás aprenda pertenencia.
Quizás aprenda identidad.
Quizás aprenda cuidado personal, higiene, presencia.
Quizás aprenda respeto por sus compañeros, por sus maestros, por la institución que lo recibe cada mañana.
Quizás –incluso– aprenda respeto por sus propios padres, cuando descubre que los adultos que lo educan son capaces de sostener una misma dirección y no de desautorizarse unos a otros en su presencia.
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Porque quizá, cuando una madre o un padre se enfrenta a la escuela delante de su hijo o de su hija por una norma mínima, el adolescente no sólo escucha: No te cortes el cabello, Ven con tinte o Ven como tú quieras.
Quizás escucha algo más profundo:
Las reglas son opcionales,
La autoridad puede ignorarse,
Si algo no me gusta, basta con desafiarlo,
Puedes firmar un documento y luego ir en su contra,
Las reglas son para romperse.
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Y quizá entonces mire alrededor con esa pequeña soberbia adolescente que todos hemos visto alguna vez, pensando: Miren, yo sí pude pasar por encima del reglamento escolar.
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O quizá no.
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Quizá estamos exagerando.
Quizá nada de esto tenga sentido.
Quizá el cabello sea solamente cabello y no exista ninguna lección escondida detrás de algo tan pequeño.
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Y quién sabe…
quizá todo esto sea únicamente un capricho de los docentes, prefectura, trabajo social y los directivos de la una escuela disfrazado de formación.
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O quizá no.

