Arando Recuerdos
Querida Obdulia:
Mi corazón te saluda con la admiración y cariño que ha florecido en este acompañamiento escribano, que nos distingue como almas que recorren los senderos apalabrados del corazón.
Amiga mía, déjame contarte que he leído tu espíritu ancestral en Arando Recuerdos, caminé a tu lado la sublime vereda de la historia, las tradiciones y costumbres de Otzolotepec, como los viví en Villa Victoria, mi tierra natal cuando dices: Aquí enterraron mi ombligo, el de mis hijos y nietos/Aquí están mis muertos/ y algún día mis cenizas.
Natal tierra, madre tierra que mundanamente rasguea estos espíritus eternos en un infinito universo de historias entrecruzadas en el pueblo que nos vio nacer, que nos cantó, que nos vio llorar; colores y canciones musicalizadoras de bellas atmósferas de vida.
Obdulia, me hiciste pensar en Cien años de Soledad, donde Gabo escribió los personajes que acuñaron la historia de Aracataca: nombres de personas que distinguieron la existencia desde cada portal de la presencia divina: No recuerdo qué canciones escuchaba mi padre/hace más de veinticinco años que su voz es un suspiro en mi memoria.

Otzoloptepec, Villa Victoria, Aracataca, México, Colombia o cualquier rincón del mundo que nos han visto nacer, acunar una leyenda propia que se define en lugares, en momentos, en recuerdos, en añoranza, en alegría: Mi pueblo de recuerdos/ de leyendas/ la llorona que seducía a los hombres que llegaban a sus casas después de las doce de la noche.
Querida Obdulia, Obdulia amada hemos sido madres y también se han ido las nuestras: madre, tierra madre, comadrona de la presencia. Antecedí a tu pérdida, por eso, cuando coincidimos en escribirles un Duele a Fiesta y Arando Recuerdos, nuestras almas lloraron el nacimiento y la muerte de dar vida en este nombre que nos hace mujeres.
Si Obdulia, cuando dices: Mi mamá amarró mi ombligo a su alma soy la única de nueve hermanos que no he abandonado en ningún momento la querencia de su pueblo/.
Leerte me hace retomar las calles de mi pueblo, mi historia de familia, las profundas raíces que nos acuñan para siempre en este infinito universo de historias compartidas.
Mujer Otzolotepec, me despido con tus palabras, con la melancolía de saberte en mí y yo en ti: Todo es un nada/ el aroma a copal duele/ como el frío de este otoño, como el invierno crudo que se avecina/ como terminar de escribir este libro llamado Arando Recuerdos.

