ARENGAS REVOLUCIONARIAS

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Al revisar la Biblioteca Isidro Fabela, veo el volumen XII que trae tres temas fundamentales para comprender el pensamiento y la vida del originario de Atlacomulco. El Estudio Preliminar de la investigadora Josefina Mac Gregor dice: Los trabajos que se incluyen en este volumen tienen un carácter muy personal: Arengas revolucionarias, editado por primera vez en 1916, y las remembranzas de una parte de su vida, que se publicaron después de su muerte en dos secciones, Mis memorias de la Revolución, en 1977, y Memorias de un diplomático, en 1981. En el primer caso, se trata de una recopilación de discursos y algunos escritos del propio autor elaborados entre 1910 a 1915. Por lo que se refiere a sus recuerdos, en el primer libro relata algunos episodios de su infancia y juventud, pero fundamentalmente los relativos a la época en que se manifestó su simpatía por la Revolución y su participación en ella, de 1910 a 1914, haciendo hincapié en los sucesos del periodo en el que colaboró con el constitucionalismo, desde 1913 hasta la derrota del ejército federal. En la segunda parte de su autobiografía, Fabela aborda básicamente el periodo siguiente: desde el rompimiento del constitucionalismo con la Convención de Aguascalientes y el villismo, y el traslado del gobierno carrancista a Veracruz hasta el momento de su propia renuncia al cargo de ministro plenipotenciario de México en Alemania, en 1920, cuando se enteró del asesinato de Venustiano Carranza en Tlaxcalaltongo, Puebla. Tiempos de crisis para el país y para él: al oponerse de manera digna por el magnicidio de Carranza, eso enoja a los generales venidos de Sonora.

Documentos aparecen en este volumen y dan pistas para comprender la vida política en crisis revolucionaria primero —después—, por décadas de sucesos sangrientos por lograr el poder político en México. Entender la vida de 1910 a 1930 deja ver que esos años no son de miel y flores para don Isidro, quién al renunciar al nuevo gobierno surgido del fallecimiento de Venustiano Carranza, se distancia de los poderosos y autoritarios generales: Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles y Adolfo de la Huerta. Días que son en tiempo de revolución o posrevolución, cosa seria, por la política violenta y sangrienta que se vive. No es motivo nimio en la existencia del intelectual y hombre de cultura que es Fabela. Hace recordar en sus textos —doce como señala la investigadora—, que quizá, pero en menor grado, los artículos valientes del Poeta de la Patria, Ramón López Velarde, mucho tienen de valioso: son documentos vivos que permiten saber lo que sucedió en verdad en la crítica realidad para la patria que no logra la ansiada paz social. Josefina Mac Gregor escribe: Arengas revolucionarias se publicó por primera vez en Madrid, en 1916, seguramente como resultado de la estancia de Fabela en Europa, cuando fue enviado especial del constitucionalismo.

La mayoría de los textos que se incluyen en este libro son discursos pronunciados por su autor en ocasiones especiales entre 1910 y 1914. Años importantes para las letras mexicanas, en 1916 sabemos que Alfonso Reyes publica nada menos que Visión del Anáhuac, texto de sabiduría y complejidad que abre a las letras latinoamericanas nuevos rumbos, pues en su admirable sapiencia Reyes pone en dicho libro lo mismo la crónica, narración, poesía e historia por igual. Texto fundamental de las letras mexicanas hace reflexionar por dónde andaban el nacido en Atlacomulco en 1882 y el otro, nacido en Monterrey en el año de 1889. Textos que hablan por igual de México, el escrito por el neolonés con la maestría de un clásico, en el caso de Fabela siendo motivo estos textos de la urgencia en que vivía el país por el lado de la política y la crisis social. Por eso es que en el caso del libro Mis Memorias de la Revolución, es interesante seguirle la huella a don Isidro, pues cuenta Mac Gregor: … sobresale, a lado de la mención fugaz de muchas personalidades, la inclusión de reseñas de personajes de la Revolución, esto con el propósito de esbozar breves siluetas de los hombres más destacados que conocí personalmente “durante la lucha”. Personajes tales como Abraham González, Antonio I. Villarreal, Jesús Carranza, Pablo González, José Maytorena, Juan Sánchez Azcona, Felipe Ángeles, Manuel M. Diéguez, Lucio Blanco, Juan Carrasco, la coronela Ramona R. viuda de Flores, Rafael Balbuena, Manuel Chao, y por supuesto, Venustiano Carranza, aparecen perfilados por don Isidro.

Bien se puede decir que dime con quién andas y te diré quién eres. Hombre de palabra, que no cambiaba de bando como lo relata en sus artículos el poeta López Velarde que desde San Luis Potosí o el estado de Zacatecas, escribe molesto de aquellos ‘chapulines’, que con facilidad cambian de bando como si fuera su camisa en cada día. De esos, no fue Isidro Fabela, por lo que entender estos años de vida nos lleva a comprender el porqué se fue a servir en el estado de Sonora o al de Chihuahua, debiendo estar siempre en su tierra, que el destino le tiene reservada al venir el asesinato del gobernador Alfredo Zárate Albarrán en marzo de 1942. Se notan diferencias entre las memorias de Fabela, con respecto a textos escritos por el poeta e internacionalista: Jaime Torres Bodet. Debemos meditar cuáles son los tiempos en que Fabela escribía: al saber que la vida pasa el intelectual no puede pedir permiso al tiempo para escribir lo que desea, en soledad del cubículo o del hogar: en el espacio donde tiene costumbre escribir en silencio y concentración. En todo caso, estos volúmenes que reúnen gran parte de la vida del prócer mexiquense, lleva a entender que todo es oro en su conjunto: lo bueno y lo malo, la mies y la yerba. Ello forma la vida en su hiel y su gozo. Hombre de palabra y lealtad. La investigadora señala en su título Peregrinando con Carranza / De revolucionario a diplomático / Isidro Fabela se incorporó en julio de 1913 al constitucionalismo —a las fuerzas al mando de Pablo González— en Hermanas, Coahuila, a donde llegó junto con Antonio I. Villareal. En este primer momento, González lo nombró abogado consultor del Ejército del Noroeste, en atención a su formación de abogado. Fabela había estudiado en la ciudad de México, primero en la Escuela Nacional Preparatoria y después en la Escuela Nacional de Jurisprudencia. En 1908 obtuvo el título. En estas dos instituciones fue compañero de José Vasconcelos y Antonio Caso; con ellos y otros compañeros más fundó el Ateneo de la Juventud en 1909. Fabela fue el primer secretario de actas del grupo. Fue un hombre de espada y pluma tal y como sucedió con los hombres distinguidos del siglo XIX, en el caso de Ignacio Ramírez El Nigromante, Ignacio Manuel Altamirano, Francisco Zarco, Guillermo Prieto y Vicente Riva Palacio. La vida no le dio oportunidad de irse a la soledad del escritor o del pintor, mucho menos del músico en su estudio donde con sus diversos instrumentos puede crear un vals o una sinfonía. Vivió la violencia y vio, seguramente, correr la sangre en esa gesta que fue la revolución de 1910 y que no se detuvo ni con el magnicidio de Venustiano Carranza, pues todavía habría de faltar el asesinato de los militares encabezado por Francisco Serrano en Huitzilac, Morelos en el año de 1928 y después, en julio de ese año con el asesinato del presidente electo general Álvaro Obregón en julio de ese año, por lo que México estuvo a punto de entrar de nueva cuenta en una guerra interminable, pues las facciones y caudillajes regionales no daban tregua ni paz social a la nación. Esos fueron los tiempos que vivió don Isidro Fabela, por eso es que no debemos olvidar sus escenarios tan complejos y críticos en momentos de su existencia tan agitada. Al revisar sus textos escritos, nos permite ello, reflexionar en el que ha de llegar a gobernador, sabiendo que sólo por la paz social y política es posible llevar los senderos del progreso social. Sus experiencias le permitieron —en tres años y medio de gobierno— transformar la manera de pensar y de hacer, de su patria chica, que en la década de los cuarenta seguía imponiendo la ley de la pistola, por encima de las normas constitucionales. Con la llegada de Isidro Fabela al gobierno los tiempos de civilización entre los mexiquenses llegaron. Tan difícil que es escribir una biografía —si la propia no se puede hacer—, como diría Jorge Luis Borges.