¿Autoridad moral?

Views: 1560

El liderazgo es uno de esos temas en los que todo el mundo tiene una opinión y en los que pareciera que una leve noción resulta suficiente para dictar cátedras o normas sobre el deber ser de una figura de autoridad.

Nada más alejado de la realidad, pues quienes tienen el privilegio de dirigir un espacio, sin importar el tamaño de éste, deben estar ciertos de que lo primero que tienen que hacer es ganar ese intangible llamado autoridad moral, que no se encuentra en boticas ni supermercados; se construye con el ejemplo y con un mucho de congruencia.

En principio, un líder debe buscar que su equipo de trabajo crezca, y para ello él debe ser el primero en crecer; si exigimos que nuestros colaboradores, por ejemplo, tomen cursos, es porque nosotros mismos estamos haciendo lo mismo. En el ámbito educativo, por citar un caso, encontramos a muchos jefes que desde la zona de confort quieren controlar los movimientos de su grupo de apoyo, sin ser los primeros en ejecutar eso, que están solicitando.

Además, debe ser el primero en encabezar esas batallas en tiempos de crisis; siempre dando la cara y asumiendo lo bueno y lo malo de su gestión; esconderse en los momentos álgidos no sólo es cobardía, sino una traición al equipo de trabajo que marca de por vida.

Por eso, el caso del primer mandatario es tan peculiar, una persona que no concluye sus estudios en tiempo y forma deja entrever que no es comprometida, ¿14 años para concluir una carrera profesional?, ¿con que autoridad moral puede siquiera sugerir que sus grupos de apoyos respondan a sus peticiones? Lo peligroso del tema es que las personas han seguido los pasos de una persona que ha sido inconsistente y anodina, quizás eso explique el por qué del rumbo del país.

El sentido común nos dice que alguien que no fue capaz de cumplir con un compromiso personal en los plazos establecidos, difícilmente logrará ejercer una directriz sólida, porque ha evidenciado que deja las cosas a medias y no tiene los argumentos para ejemplificar con hechos una ruta hacia el éxito.

Este ejemplo, es de nuestra idiosincrasia, muchas personas estudian licenciaturas y posgrados, lo cual me parece extraordinario, pero a la hora de culminarlos sencillamente deciden que no es necesario y con tres mil pretextos de por medio, permiten que pasen los años sin concluir esta meta, mostrando su mediocridad y poco compromiso. ¿Pueden ser buenos líderes?, ¿tienen la calidad moral para cuestionar a quienes si han concluido sus metas?, se predica con el ejemplo, me parece.

Aquí no hay recetas mágicas, un líder debe dejar de teorizar y tiene que ser irreprochable, no hacerlo resulta tan incongruente como esperar que un dentista con una dentadura de espanto esté a cargo de mi salud bucal cuando ha sido incapaz de aplicar su conocimiento en él.

Además, esa autoridad moral debe ser integral; en lo profesional, en lo filosófico y en lo personal.  Idealmente el líder debe ser el más habilitado profesionalmente, el más congruente en su vida personal y el más consistente en la defensa de las creencias propias y de la institución en la que trabaja; quien ha fracasado en cualquiera de estos ámbitos, probablemente fracasará en su gestión como cabeza de un grupo, aunque se suponga que eso no sucede. La verdad acaba por imponerse.

Al final, lo dicho por Plutarco acaba teniendo razón: un ejército de ciervos dirigidos por un león es mucho más temible que un ejército de leones dirigidos por un ciervo. 

horroreseducativos@hotmail.com