Aventuras de un niño irlandés (1893)
Permanente, la obra de Julio Verne
Nuestro autor escribió para adolescentes; H.G. Wells, para todas las edades del hombre, dijo Borges. Sin embargo, es nuestro autor, aseguran, permanecerá más allá de todos los autores conocidos.
Aventuras de un niño irlandés (1893)
Un muchacho huérfano supera, poco a poco, la adversidad y empieza su propio negocio con la ayuda de otro huérfano.
Una oda a la vida y a la superación. Hormiguita, el protagonista de esta historia, nos muestra cómo nada está escrito, pues, aunque nace en las más profunda de las miserias, en una Irlanda, además empobrecida, detalle que describe con maestría la pluma de Verne, llega a convertirse en un hombre exitoso a la edad de 15 años.
Tiene similitudes con Un capitán… o Dos años…, pues una vez más utiliza a los infantes para mostrarnos que en cada uno de nosotros radica la fuerza y el potencial necesarios para ser la mayor gloria de la humanidad, pero también, en sentido inverso, la misma fuerza y potencial, para ser la peor escoria de la misma. Todo depende de las decisiones que cada uno llevemos a cabo en nuestro interior.
Hormiguita se niega rotundamente a robar o a pedir limosna, en un claro ejemplo de que nosotros también debemos tener bien definida nuestra escala de valores para poder perseguir y, por ende, alcanzar nuestros sueños y metas.
En la ocasión anterior, les había comentado que ésta es una de las obras homenaje que nuestro escritor realizó a otros autores, en este caso le corresponde al inglés Charles Dickens y su inmortal Oliver Twist
En algunos países encontrarán la obra con el nombre de Hombrecillo o Pequeño Personaje.
¡Que la disfruten!
