Balances personales

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Estas fechas obligan a la reflexión; el cierre de año implica hacer recuentos y considerar todo aquello que hicimos, bien o mal, y que de algún modo ha influido en lo que somos, pero también sobre lo que queremos ser.

 

Si bien socialmente se abren espacios para la convivencia, también debemos reconocer que existe hipocresía en el ambiente; nos abrazamos y deseamos a todos infinidad de cosas, salud, bienestar, éxito, aunque en realidad no existe un vínculo sólido o un verdadero compañerismo con esos a los que juramos amor eterno, y en el fondo esperamos que les pase justo lo contrario, que caigan para disfrutar de esos fracasos.

 

Nos llenamos con cientos de amigos virtuales, y presumimos al mundo que somos algo más que populares; muchas de esas personas suelen ser candil de la calle y obscuridad de la casa.  Créalo, de nada sirve una red social llena de amigos si en lo íntimo, en lo verdaderamente importante, no se cuenta con el cariño y aprecio de los propios, de aquellos que nos acompañan en los momentos de alegría, por supuesto, pero también en los momentos de vacas flacas.

 

Presumimos lo que hacemos, los lugares que visitamos, las comidas que nos chompeamos, pero en casa no somos capaces de estar con nuestros padres, esposas e hijos en las tareas cotidianas; preferimos al amigo sobre el hijo, al cliente sobre el cónyuge, al trabajo sobre la familia, a la farra sobre la responsabilidad. Pero por supuesto, cuando las cosas no nos salen bien, culpamos a la desdichada vida por la mala suerte que tenemos.

 

Sólo recordemos que cosechamos lo que sembramos, y no podemos esperar que las cosas nos funciones de manera adecuada, si nosotros somos los primeros en romper las reglas de protocolo e interacción mínimas para sortear esta experiencia llamada vida.

 

Vaya haciendo sus cuentas y, si es que le interesa, haga los balances necesarios. La vida nos llena de bendiciones que ahí están, a la vista de todos. Se trata de sacar el mayor provecho de las cosas.

 

Tiene padres, ámelos, porque cuando estos se van, no hay lágrimas que alcancen para expiar las culpas.

 

Tiene pareja, cuídela, porque el éxito de una relación radica en el trabajo conjunto, en la construcción de metas comunes y en el compromiso permanente por no dejar de jalar para el mismo lado.  Cuando las relaciones acaban mal, es lastimoso el daño que pueden hacerse por no saber ser y estar. (Claro, hay quienes bajo ninguna circunstancia saben vivir en pareja, esos están pre condenados al egoísmo)

 

Tiene hijos, enséñeles el camino, viva con el ejemplo; de verdad, es mucho más valioso platicar con ellos, estar con ellos, acompañarlos en su trayecto, que cualquier viajecito, cualquier película o cualquier reunión de amigos. Si usted hace bien su trabajo, cuando culmine y les vea exitosos, tendrá el resto de sus días para hacer lo que quiera, con la satisfacción del deber cumplido.

 

Si tiene amigos, verdaderos amigos, no les dé la espalda, no los traicione, no los abandone; con el tiempo uno nunca sabe de quién podrá requerir.

 

En estas fechas, saquemos nuestros balances personales y hagamos lo que tengamos que hacer para ser mejores.

 

A todos ustedes, queridos lectores, lo mejor en el 20/20.

 

horroreseducativos@hotmail.com