Beso

Views: 1158

Él la mira llegar, la ve saludar, observa cómo se presenta con sus maestras, presta atención cuando se pasea por la escuela; en estos últimos meses, es la segunda vez que visita su escuelita. 

Sus ojos achispados, se percatan de sus movimientos, de lo que hace. Ese niño pequeño, de piel blanca como su alma, hermoso como un muñeco diseñado por el amor de mamá, la tiene cerca, se sentó en su misma banca, junto a él, la tiene muy cerca, la mira frente a él. 

Ante la indicación de la maestra, su sensible espíritu se apresura a despedirse de ella, con su mano derecha le dice adiós, sin dudarlo, le besa la frente del lado derecho y le da un ramillete de arbolitos.

La maestra se sorprende ante el inusitado beso, lo mira azorada, no alcanza a reaccionar; dos minutos después, le dice – ¿Cómo te llamas? El niño contesta con el color de la inocencia – Tadeus.

Milésimas de segundo pasan frente a ellos, la maeta, lo mira a los ojos suplicando al pensamiento cómo indagar lo que movió su interior, entonces resuelve preguntarle desde la niña interior que despertó el beso de Tadeus.

Los ojos de ella buscan la respuesta. Sin apartar la mirada de los ojos del niño, le pregunta –Tadeus, ¿por qué me diste el beso y el arbolito?

Tadeus, sin quitarle sus luminosos ojos reflejados en los de él, le contesta con la trasparencia de la infancia: – ¡Es que eres tan bonita!

La maeta, que es creyente, queda atónita ante la respuesta divina. Sus oraciones de la mañana cobran vida con el gesto de Tadeus… – Señor, dame tu belleza, dame tu gracia y tu luz para iniciar el día.