BITÁCORA DE EN LOS RIELES DE UN TREN UN VIAJE ANSIADO

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Dedicado al Colectivo La Otra Feria

y Susy Argueta

 

Desperté con la inquietud de viajar en tren, en México sólo quedaba el Chepe el tren Mexicano del Pacífico. El que se tardó sesenta años en funcionar y lo hizo en 1961, persistiendo su existencia hasta el día de hoy. Se le llama Chepe por la pronunciación Chihuahua y Pacífico. Por lo abrupto de la Sierra Madre Occidental, la única forma de llegar a muchos poblados de la etnia de los tarahumaras, es significativo seguir contando con este servicio. Es como el rezago de la modernización, recorre  casi 700 kilómetros desde la ciudad de Chihuahua a los Mochis, Sinaloa. Con más de 15 horas de viaje. Pasaron cinco años y días para realizarlo hoy se hace realidad mi viaje ansiado.

 

Dijo Marlí a Lucia:

¿Por qué nunca viajamos en el tren?

si estamos a unos pasos de abordarlo.

 

Sábado 30 de abril del 2019

Chihuahua, Ch.

 

El tren no silba al salir, el día llega como ráfaga que inunda todo el espacio donde habito la noche, los cerros a lo lejos recobran su color en tonos amarillos, cenizos por el sol. El tren lentamente sale y me puedo despedir de cada roca del camino, por la poca velocidad en que va. Le pido al creador que me guíe y ponga esos ángeles que me lleven por buen camino.

 

El inspector pide boletos en mano, dejamos atrás a la solitaria Chihuahua, llena de ángeles ante la expectativa de un fin de semana. Sobre la llanura se extiende ante garrafas de viento arbustos cortos y arroyos secos que tienen sed ante la búsqueda de esa humedad que no existe. Antenas gigantes con líneas de luz que los hombres producen son los únicos que me despiden, testigos mudos que quieren decirme adiós.

 

Entonces la montaña  vigilante se acerca al tren como para hacerle una caricia  pues es su hermano que le debe madrugadas de sueño, mientras cierro los ojos para hacer realidad el sol nace en las montañas.

 

Tiempo y espacio

A Carmina Kendra Sáenz de Flor de Elota, Sinaloa.

 

Todo se alinea Tiempo y espacio, filas de asientos cuarenta y cinco o cuarenta y siete da igual nos iremos a ocupar otros números que nos amplíen el horizonte, que nos regalen destino que nos den el alma del camino, la brisa del aire el perfil de fantasmas petrificados. Montañas rasgadas por tiempo espíritus de los árboles cada uno de los troncos en el espacio encontrado la altura de sus copas, las piedras que ya no son enormes rocas donde caminar para dejar la huella de que fuimos y estuvimos donde aún nadie dejo su ser.

Todo se alinea una mirada, un perfil, una sonrisa la pregunta callada y la compañía surge para no irme sola por el camino de miles de segundos entre los rieles del tren despacio va por ese sendero que construyeron los hombres.

Todo se alinea el puente, el río que se desliza en silencio, las casa separadas, los poblados lejos unos de otros el silbido del tren, el humo de la locomotora. la ventana, el letrero de emergencia, el boletero que nos pregunta si pagamos antes los viajeros que suben, que hablan que ríen que son huraños y nos tapan sus ventanas  aunque el sol no haya salido y nos roban el paisaje.

Todo se alinea, el mismo sitio, la misma fecha, puentes que son del mismo caminar, túneles oscuros, las rocas que salieron de paredes prominentes corazón de las montañas.

Todo se alinea el mismo vagón, día y hora no hay caducidad podrá volver a suceder.

 

Cuauhtémoc:

El tren silba al entrar a la cuidad de Cuauhtémoc cuan largo lentamente Cruza calles con letreros de alto una camioneta roja le hace caso y se detiene cuidado con el tren es una ciudad grande, le llaman de las Tres Culturas por la convergencia de tarahumaras, menonitas (de origen germano, holandés, provenientes de Canadá) y mestizos. De gran actividad, por la producción de la manzana, famosa por el queso, negocios abiertos y personas que suben al tren.

Será ahí que encuentre a una mujer vigilante silenciosa, subió y se alineó en el tiempo en la fecha precisa. Guía del camino, el que conoce desde niña. Es su espacio, su tierra, su presente y pasado. Quien diga en voz alto que viene después del puente y El divisadero.

 

La Junta:

Plantíos de manzanas, tiempo de floración protegidos por las mallas. Cuantas cosas gritan las casas. El suelo cenizo y los llorones que sonríen a las ausencias verdes, del agua que lloran los árboles de cabello largo, algún pino sin follaje sabe que vendrá el tiempo de aguas de cielo. Los basaltos descubren horizontes acantilados repiten nombres, cantos de aves que esconden sus nidos en árboles tristes. Regadores que dan a los plantíos, agua bendita que harán brotar manzanas.

El puente se lleva lejos las historias contadas, en el silencio se guardan, en bancos de arena están secretos que alguien dijo, antes de partir. Un árbol solitario esconde en su alma sus raíces y a nadie le ha de platicar lo que trajo el viento de otros lugares. La maleza los acompaña testigos del silencio que duerme en el horizonte.

Quiero dejar atrás el paisaje gris que se lleve ese sentir fuera de aquí, con el paso de esas imágenes difusas. ¿Porque los pastos ya no crecen? Es suelo pedregoso que levanta la sierra.

 

San Juanito:

Sierra Madre Occidental, entra el tren al poblado, la iglesia pintada de azul claro espera la voz del tren, la calle está a un lado del camino del tren, casa con techos de láminas, otra iglesia nos despide de color ladrillo en sus muros. A lo lejos un vigilante del tiempo detenido se levanta donde el bosque y la roca que aflora de los adentros de la tierra, macizos que son el camino de los andantes tarahumaras. Surgen casas de dos aguas, esos techos que se riegan en el pequeño valle custodiado por monolitos que se fosilizaron el silencio impregnado, madererías. El bosque llora, sus espíritus callan y se enlazan.

 

Los testigos de cambios, han mirado todo, estatuas que tienen guardado bajo sus lenguas. El lenguaje de su tierra cobriza del espíritu de cada árbol y cada roca que se ha roto y se vuelto romper ya se les borraron sus ojos y sin ojos aun lo ven todo. Con esos portes erguidos ante el sol y la lluvia ante nombres en lengua rarámuri. Son esas siluetas que adornan al sol son sombras milenarias  no renuncian a estar eternamente en el mismo sitio.

 

Creel:

Entre valles y estatuas gigantes testigos de voces legendarias, bordado de bosque y sus habitantes, milpas y ganado, casas espaciadas, caminos y vallas. Comienzan los caseríos el poblado, la actividad en caminos de polvo. Y las calles surgen, autos y personas caminando y la actividad de un día normal el kiosko nos saluda, el hospital para crudos. Creel con el título de pueblo mágico, el tren arriba a la estación donde muchos ya esperan para abordarlo. Los niños juegan, las personas serias, sube ella con su cabello rosa, en la línea de atrás de sienta. Aún quedan muchos asientos vacíos. El viaje se reanuda, en ese bello paisaje donde se esconden voces bajo sus formas, prensadas en siluetas que tallo el viento los tarahumaras con sus manos no esculpieron a los vigilantes, que de nombre los llaman monjes, surgen del tiempo callado, rocas hablan el lenguaje, ellos dieron sonido.

 

 

El Divisadero:

Lugar donde se detiene el tren y los viajeros bajan a admirar la belleza de la sierra que se ha callado mil veces en horizonte. Nos notifican que tenemos quince minutos y el tren silbara anunciando su salida. Ahí hay tarahumaras venden artesanía hechas por sus propias manos, otros exportados de otros lugares de México. Niñas con sus trajes tradicionales juegan y llevan en sus manos mercancías que con sus sonrisas logran vender. Ahí se compra comida, gorditas rellenas de carne y hongos con queso. Alguna artesanía de recuerdo para alguien que no se olvida. Carmina compra una cinta que se pone en la frente.

Mis ojos se maravillan al mirar esas montañas con siluetas únicas, recortadas por volcanes que se detienen hacer señas; el horizonte es tan amplio que todo puede abrazarlo. Una a otra barrancas en su tono brillan en el color cobre, un experto las diseño para deleite de esas almas que saben volar en sus formas y saben mirar más allá de la inmensidad. Adiós a los caseríos, bienvenido, bosque del camino.

En ese espacio donde el eco escondido habita, se formaron miles de gigantes, se esculpieron a sol y viento a cada segundo, en esa forma que dio el tiempo con cada gota de agua, se quedaron ahí como fantasmas plagadas de fracturas en esas arrugas que se hacen eternas.

Con el viento en el rostro y la sonrisa de un ángel, veo cómo se va el camino de las vías del tren. Que a su paso deja atrás árboles de poco ramaje, deja rocas esparcidas por todas partes en esta tierra de los rarámuris, por laderas y montes. El lugar donde los pies ligeros hacen caminos, tarahumaras con su sabiduría sabrán donde dar pasos descalzos, para dejar su huella que se va de prisa en el silencio, veloces para llegar al otro lado donde el umbral detiene el sol y la luz vive en… dentro de sus almas.

Dentro de esas almas que me dan esta visión, es real y se agita como colibrí en flor, con la prisa que deberá imágenes que se quedan en mi memoria. Entonces se junta mi espíritu con cada espíritu de los árboles altos que en sus sombras alargan el destino, volteo, sólo para ver los vagones del tren que siguen en los rieles.

 

Temoris:

Surges de la profundidad del bosque, la sierra es el refugio de las almas que corren aprisa donde esperan los que te habitan, río que se desliza con su canto, puentes altos que se unen con las montañas, que casi puedo tocar con mis dedos y mis ojos acarician, se avanza en los rieles del tren. Te quedas a lo largo de las vías, donde descansa tu esqueleto.

A veces la oscuridad del túnel regresa para decirme al oído que existe. Cautivada por el ruido que deja ecos en los rieles del tren, el humo de la locomotora regresa de su lugar con su aroma, ahora se que el tren no nada más es de las altas montañas y la Sierra Madre Occidental, que también es de los que viven después. Ya quedó atrás la sierra, vamos y bajamos entre ríos caudalosos que llegan al mar.

 

Loreto- El fuerte- Los Mochis

El atardecer nos encontró después de muchas horas de viaje, para ir a la cafetería pasaríamos dos vagones, las personas en sus asientos nos miran. Y en las ventanas abiertas entre un vagón y otro podemos ver el sol que va dejando la oscuridad en nuestros rostros, ahora tengo más compañeras de viaje Carmina, de Sinaloa; Katia, de Los Mochis y Burbuja, de Colombia. Con el sabor del café en mi boca y la oscuridad escuché sus historias de vida. Cada una con diferente acento al hablar, todo se vuelve alinear para seguir el camino hacia el mar.

No hay silencios en túneles oscuros, hay risas de niños, madres tarahumaras con bebés en brazos con sus labios cerrados sin muecas para repartir. El tren en sus vagones, lleva a lugareños los que no pasean, es el tren el que los lleva, el que existe para ir de un lugar a otro. Todo transcurre de igual manera en la rotación de las horas: bajan, bajan!!! con la prisa se cargan bultos, bolsas, niños en las espaldas Unos saltaran porque no hubo el banco para pisar.

Loreto, El fuerte, el mar nos espera para darnos la bienvenida es tarde no veremos las olas.

 

Burbuja de color rosa

A Isabel Burbuja de Colombia

 

Ella era una burbuja de color rosa volaba con el permiso del viento. Con las aguas del mundo en sus manos llamó a sus guías en silencio, a los vigilantes del camino, a espíritus de los montes y a todos los pasos para llegar al mar del Pacífico

Ella era ardiente en su sonrisa con la misión de llamar al equilibrio el ánima y anime de la persona. La paz se haya en la mirada y todo se abre para concluir ese rito de elocuencia.

El agua preservada, lava, limpia almas, sana y da magia. A los brazos que se vuelven alas para seguir más allá de las fronteras.

Con aguas dulces, de temporal, de lluvia, de estanques, ríos y lagos, de bordos, de presas para seguir con el aplazamiento de vidas. Con aguas saladas que quiten virus, que sequen el mal, que vuelvan sal todo mal, que curtan, que preserven, que hagan morir toda violencia y que la muerte sea esa puerta de la eternidad.

Ella era esa burbuja que ciñe espacios que une a mujeres de habla distinta, de lugares distantes, de esquinas del mundo en un país que en su nombre ya vuelve el conjuro, su nombre es México, México, México.

 

Ya después fuera de los rieles

Topolobampo:

 

Llegamos a Topolobampo el monumento a un hombre silencioso ballenas azules  nos dan la bienvenida. Humberto, el taxista triste, nos lleva. El vigilante a oscuras con el mar negro, inmenso sabemos que está ahí.

En su silueta custodia el mar envuelto en magia, vigila no duermen y está ahí callado, nos hacen señas entre chispa con polvo de luna. Burbuja llama a los vientos y alza sus brazos frente a testigos que no fueron invitados.

Las rocas se sujetaron más a su lugar las olas van y vienen sin descanso, vienen esas palabra que purifican el alma, huesos, en la mirada, bálsamo de las heridas que sanan esos dolores acumulados en espaldas, en hombros, en vientres, en úteros, en las entrañas.

Se vierte en el horizonte lleno de oscuridad, las aguas del mundo que vienen del sur, de las montañas más altas donde reposan Lagos que guardan los secretos de pueblos que viven en el equilibrio del cosmos, la comunión con su medio natural y el compañerismo con sus antepasados.

Se mezclan instantes de gotas retratadas, gemelas de lluvias lejanas, lo dulce con lo salado, lo amargo, lo agrio, lo húmedo, lo eterno. Se funden momentos que se repiten en la sanación de todos los espíritus perdidos, risas de niños que vuelven a la felicidad, ancianos que corren al lugar que les pertenece, mujeres que llevan  en sus rebozos, en sus vestidos tan largos como novias y se vuelven nubes.

Lo pasajero de ese tiempo se vuelve permanente en la memoria de quien lo vive, el intercambio se volvió una realidad en espacio y tiempo. Queda aún la noche para llegar a Culiacán y encontrar a Luisa Sáenz otro ángel de mi camino.

Arriba en el cielo, se despierta de ese sueño que cabe en mi mente ha sido real y se extravía en las nubes, se guarda en la memoria del siempre. De este viaje en tren que es inolvidable.