Búsqueda permanente
Cuando somos niños, todos tenemos aspiraciones y sueños que eventualmente esperamos lograr; en muchos hogares se hace una tarea conjunta para, con esfuerzo y trabajo, ir mostrando el camino para que todas esas ilusiones vayan encontrando rumbo en aras de la conformación de una mejor sociedad.
No es una tarea menor, pues es sabido que para llegar a la meta, la que sea que busquemos, siempre habrá algún grado de dificultad que nos obliga a sostener un compromiso inquebrantable y una actitud lo suficientemente fuerte para comprender que cada obstáculo que se presente es, queramos o no, una oportunidad para mostrar nuestras capacidades.
Desafortunadamente, muchas personas quedan en el camino y acaban deambulando por el mundo con frustraciones a cuestas, enojos permanentes y deseos de revancha a cualquier precio. Insistiré siempre, todo comienza en casa.
No puedo esperar que los hijos emprendan el vuelo si los acostumbro a estar bajo mi regazo permanentemente; en contraparte, no debo esperar respeto y disciplina si he sido incapaz de modelarlos en el día a día. La vida misma debe ser equilibrio, no se trata de exagerar o minimizar las cosas, simplemente de ponerlas en su justo sitio.
Esto significa aprender a tener prioridades con base en las necesidades que cada uno de nosotros considere pertinentes; si fuésemos lógicos, entenderíamos que lo verdaderamente valioso está en las personas, en la armonía que se debería favorecer y en mostrar una conducta congruente con nuestra supuesta condición racional. Lejos de verlo de esta manera y actuar en consecuencia, nos seguimos empeñando en vivir la vida fácil, dando más valor al estatus o a las cosas que a esos pequeños detalles que llenan el alma de manera poderosa.
Encontrar ese equilibrio necesario tampoco resulta sencillo, porque significa hacer una evaluación permanente de las cosas; por un lado, es valioso y enriquecedor tener la posibilidad de ayudar al otro, nada tan gratificante como aprender a dar porque eso va en contra de conductas nocivas como el egoísmo o la mezquindad; sin embargo, también es cierto que hay personas que se victimizan o siempre andan por ahí buscando hincarle el diente a quien se deje, abusando de la buena voluntad de ellas. Versa el adagio, la burra no era arisca.
¿Cuál es la ruta a seguir?, aquella que favorezca la corresponsabilidad; toda acción conlleva una reacción, todo derecho conlleva una obligación, todo favor conlleva un agradecimiento. Cuando alguna de las partes no cumple con su parte del pacto, es cuando los problemas surgen y anulan toda buena intención.
En síntesis, se trata de no cejar en la búsqueda permanente de mejores relaciones humanas, de mejores patrones de conducta, de mejores actitudes ante la vida, aquella frase el que busca encuentra, no siempre tiene connotación negativa.
Nada tan absurdo como vencer, lo adecuado es convencer; estamos en un mes para la reflexión, en el que los buenos deseos brotan de todas partes, utilicemos ese pretexto para reinventarnos y cambiar aquello que no resulta pertinente.
¿Queremos hacerlo?
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