Carmen Mola

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Querido y aguzado lector, esta semana estuvo resonando el nombre de Carmen Mola en los tabloides y en las redes sociales, pues se descubrió que Carmen Mola, se trataba de un pseudónimo y no de una autora.

El nombre de Carmen Mola se posicionó pronto en los bestseller de novela negra desde 2018, hasta convertirse en un referente de este género literario. Poco se conocía de la identidad de Mola, la información que había de ella era muy escasa y se limitaban a decir que se trataba de una escritora que desea mantener a salvo su verdadera identidad para poder seguir viviendo tranquila. Me llama la atención que todos lo queráis saber; os aseguro que os decepcionaría la respuesta. Fue su respuesta a un blog de novela negra en 2019.

Algo ya advertía a su verdadera identidad, además en esa entrevista se atrevió a dar un punto de vista desde la perspectiva de género, al decir que El papel de la mujer ha cambiado, afortunadamente, en todos los ámbitos, la literatura no podía ser ajena a esa evolución. Digo que se atrevió porque hoy sabemos que Carmen Mola es en realidad, los guionistas y escritores, Jorge Díaz, Agustín Martínez y Antonio Mercero.

Así es querido y aguzado lector, estos hombres decidieron escribir las obras a tres cabezas y seis manos bajo el pseudónimo de una mujer, argumentando que la creación colectiva no es tan valorada en la literatura, como en otras artes.

Las reacciones no se hicieron esperar entre propios y extraños de la literatura. Digo que entre propios y extraños porque no faltaron los comentarios en torno a las ideologías de género.

Hubo quienes arremetieron contra estos hombres alegando que era un abuso, o incluso me atrevería decir que una burla o probablemente estemos ante un revés frente al reacio predominio del pensamiento feminista y el constante empoderamiento de las mujeres, al punto en que los hombres busquen la forma de recuperar los espacios que un día acapararon.

Comencemos por desmenuzar el asunto, Antonio Mercero, uno de los tres implicados, señaló en una entrevista que: No sé si el pseudónimo femenino vende más que el masculino, no tengo ni la más remota idea, pero no me lo parece. Aparentemente no pensaron en que el poner su trabajo bajo el nombre de una mujer les pudiese garantizar el éxito, entonces quiero pensar que apostaron todo al texto, sin importar quien lo escribiera. Pero recordemos que siempre es de resaltar, como lector y para los dictaminadores, el manejo de los personajes desde el género, frente al del autor, es decir, que tan bien una mujer puede desarrollar un personaje masculino o viceversa. Y creo que eso siempre le da peso al trabajo del escritor, que tan bien logre construir sus personajes.

Además hay que mencionar que en el género negro en el que tan bien se ha instalado Carmen Mola, durante décadas un mundo masculino dominado por hombres… Esto se mencionaba en el medio editorial, dando a entender, que sí, como mujer había tenido cierto reconocimiento por introducirse a ese género literario dominado por hombres, lo que nos lleva a esa incógnita, ¿tenía preferencia entre los lectores por ser mujer?

Pero como decía antes, lo importante era cómo lograr el texto y para ello rectifican los autores: No nos hemos escondido tres detrás de una mujer; sino detrás de un nombre. Un nombre que siempre, por más insignificante, rimbombante o llamativo, siempre habla de la persona, siempre será el principio para conocer a alguien para introducirnos a su persona, es  a partir del nombre también que sabemos si alguien le hace honor a su nombre o no. Pero hoy también sabemos que muchas veces el nombre carece de sentido y significado para cada individuo, como en este caso, como decía uno de los implicados, sólo utilizamos un nombre. ¿En qué momento un nombre dejó de tener tal valor, en qué momento inventar una persona es tan simple?

Así es querido lector, cuántas historias no hemos escuchado a cerca de la usurpación de identidad, del uso del nombre para realizar estafas, para engañar sentimentalmente o para cometer algún delito. Bueno, pues hoy vemos que inventarse un nombre, un personaje, una escritora, les hizo ganar nada más y nada menos que un millón de euros a tres amigos que un día decidieron comenzar a escribir una historia que, como dicen ellos, ni  siquiera sabían si la terminarían y acabaron convirtiéndose en bestseller. Si lo pensamos desde este punto de vista, querido lector, pues bien ganado el premio, no cree, doble ficción: escribir el texto y por inventarse a la autora.

Pero no para todos es así de claro, hay quienes se indignaron, y es que como lo comentaba con un compañero escritor, siempre ha existido la competencia entre quien escribe mejor, hombres o mujeres, aunque hoy se busca que haya las mismas oportunidades de éxito tanto para hombres y mujeres también es cierto que no han desaparecido las competiciones entre ambos sexos por quién es mejor y no solo en literatura.

Usted tiene la última palabra, aguzado lector, respecto a qué pretendían los autores con usar el nombre de una mujer y también nos pone  a reflexionar hasta dónde ha llegado el empoderamiento de las mujeres, al punto en que los hombres ahora tengan que tomar una identidad femenina para reincorporarse a la esfera social o simplemente se trató de un juego entre escritores que resultó en un premio.

Hay un dicho popular que dice que detrás de un gran hombre hay una gran mujer, durante mucho tiempo esta frase devolvía cierto reconocimiento a aquellas mujeres que daban no solo su vida por su amado sino hasta sacrificaban su nombre de solteras para pertenecer al de su compañero de vida. Una mujer devota y entregada hasta el punto de quedar como dice el dicho detrás del hombre, apoyando, sosteniendo, impulsando, como hoy lo podemos ver con Carmen Mola, queda detrás de estos tres hombres, para que con su figura, su nombre, tuvieran el suficiente coraje para publicar.

Queda para la reflexión querido lector, cuídese mucho y no bajemos la guardia en esta pandemia.