Castillos de naipes, fotos y cometas

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Ésta bien podría ser tomada por otra historia en que él la conoce a ella. En que él se enamora de ella y consigue que ella se enamore de él. Conseguir. Perseguir. Alcanzar. Conseguir-enamorar. ¿Por qué resulta tan simple meter en una sola oración esas dos palabras que deberían repelerse? Pero de eso ya se ha dicho bastante. Afortunadamente no lo es.

¿Soy al único al que le cuesta trabajo incluir las redes sociales en las narrativas de hoy? Porque bueno, decir que él la conoció a ella por una foto en Facebook, no sólo suena espantoso sino bastante común. Luego de eso, más fotos, muchos likes, adulaciones y algunas conversaciones en péndulo. ¿Qué esconde cada foto en redes? ¿inseguridades? ¿represión sexual? ¿ansiedad? ¿Cuántas princesas viven atrapadas dentro de sus propios castillos de esa forma? Y sin embargo, lo que te gusta es la chica.

Por eso cuando él se sintió genuinamente atraído por ella, aprendió a leer el castillo de naipes (en este caso de fotos) en ella. Pero el castillo de naipes no estaba construido por ella. El guardián llegaba a las ocho para cuidar la torre. Rayos, aquel castillo de naipes era lo que la santa trinidad en que en una foto son las mujeres que quieren ser, la que se espera que sean y la que las otras mujeres exigen. ¿Ya se ha hablado suficientemente sobre como el mejor detractor de una mujer, es otra mujer?

No hay parámetro más claro de que vivimos en el tercer mundo, que una mujer combatiendo contra los propios estigmas sociales de su familia, batallando todo el tiempo con arcaicos estándares de moralidad que las amordaza; en que se convierten en piezas de cerámica de difícil acceso. Como ella no podía escapar de la torre, envió una paloma. Ahora lo sabe y entonces lo intuía, que los clásicos lo son porque nunca terminan de decir lo que tienen que decir. Una paloma con alas de papel. Él caminó hasta la capilla del pueblo, un lugar que pudiera ser fácilmente referido. Desearía recordar el nombre de aquella tierna viejecilla con quien pasó la tarde hablando y en cuyas manos dejó El avaro, de Moliere, para ella, en prenda de fe.

Esa es la historia. En el cómo entre los dos, aquellas muchas preguntas se fueron resolviendo sutilmente. Una mejor inversión hubiera sido pararse de una vez por todas afuera del castillo con las puertas del auto y el modular a todo trapo a media noche, o enviado inmensos arreglos de flores a su puerta, pero para cualquiera que sepa que en este país todos los días, diez mujeres ya no lo son, se lo piensa dos veces. Además, hay que ver el índice de divorcios a nivel nacional, ¿cómo será que empiecen? Sí, ese tipo de inversión habrían ahorrado en este caso tres años, pero generalmente cobra réditos altos.

Pero, sobre todo, no fue una historia de ella conociéndolo a él y luego le echa ganitas para que ella se enamore de él, pues ella un buen día se fue. Sólo se habían visto una vez. En el centro comercial, y eran tan extraños el uno para el otro, que les costó reconocerse. Eso y que ella apenas pudo menear los ojos para no meterse en problemas.

Una mejor manera de saber que eres importante para otra persona sería ocupar sus pensamientos incluso esporádicamente, en cambio, gran parte del mundo insiste en hacerse presente todo el tiempo, olvidando que las dulces memorias de la infancia vuelven de cuando en cuando con un aroma o una canción, y que las pesadillas son terribles no por su contenido sino por la frecuencia. De alguna manera él y ella lo sabían, aunque nunca pensaran demasiado en ese detalle. Así, atravesaron dos vasos y un hilo desde Los Cabos hasta el Establo.

Una de esas veces, serían las 7 de la mañana, entre tragos y el camino al trabajo, él tuvo un delirio de demencia en que le pedía a ella ser su novia. Ella dijo que era una locura. Él le dijo que se conocían ya en todos los sentidos. Ella dijo que sí, pero su relación nada más duró lo que ella tardó en contestar al mensaje en que él le decía que todo era una broma. Ella por supuesto se enfadó con él, se sentía ofendida, dijo, porque él había jugado con ella, y aunque lo intentó, no logró hacerle entender que mucho más que una broma, aquello, era un acertijo. Ya no importaba. El hilo de la intimidad se rompió y en él, el tiempo.

Tres años más tarde, él caminaba inadvertido por el mercado de la ciudad para volver a encontrarse con ella. Como pudo la alcanzó y arquearon los labios divertidamente. Nunca se habían visto de esa manera. Decidieron caminar, ocupar una banca y ella le dijo a él, perdí tu libro. El libro era de ella y le dijo, te lo presto, con el único propósito de verla de ese modo. Ella dijo otras cosas, cosas que conmovieron el corazón de él, pues supo que, en efecto, y como dijo Ana Frank, mientras haya esperanza, habrá vida. Sus ojos nuevos, su pecho lleno de aliento, su cabello multicolor y sus labios rojos, lo denunciaban.

La estampa era un cuadro y quiso quedárselo, después de todo, ¿Cuántos logran fotografiar un cometa? Revisaban las fotos en el móvil con las cabezas encontradas en la cima de los hombros. Resultaba que ahora supervisaba las fotos que le tomaban, cosa que le dio un atis de gozo al acto. Cruzaron las piernas y por fin llegó el beso. Luego de ese algunos otros y se arrestaron los cuerpos en un abrazo.

A pesar de todo, hay cosas que no cambian del todo y de vuelta en el castillo, aunque ya sin barrotes, ella le dijo a él que era tarde y debía volver. De camino al taxi, todos podían ver con la dicha que caminaban, aunque también era muy probable que la vieran sólo a ella. Bah!, tal vez dijeron algunas cosas en que los fantasmas de la prisa lo dominaron a él o el de la culpa y el autosabotaje a ella, pero bueno, habrá que pasar las cosas por calma para no tomarse nada a pecho.

Esta es una historia en que él, literalmente, se encontró con ella en un asombroso evento que abona a torpes historias en que alguien consigue algo. No se consigue lo que es tuyo. Aquello que es tuyo, llega por cuenta propia. En astronomía, podemos hablar de un Eclipse penumbral, un maravilloso fenómeno que dota a la tierra de un espectáculo bellísimo. Un evento que puede tardar años en suceder, y ése, es siempre el problema.